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Cuba

11J: Un año sin libertad ni justicia 

El perfil del 11J es el de un estallido de base popular con el que el régimen no contaba y que rompió un silencio de seis décadas 
Por DARCY BORRERO BATISTA

MIAMI.-Es el primer martes de julio de 2022 y desde la mañana María Luisa Fleita recibe una llamada de su hijo recluido en el Combinado del Este, una de las prisiones de máxima seguridad que opera el Ministerio del Interior en Cuba. Su hijo Rolando, un manifestante condenado a 12 años de privación de libertad, le dice que el jueves, es decir, en dos días, habrá visita en el penal.

—¡A correr! —piensa enseguida la madre, que cuenta con solo 48 horas para llenar el saco de provisiones que llevará a su hijo.

La misma operación se repite en una casa cercana, la de Migdalia Padrón, cuando su hijo Brusnelvis Cabrera, condenado a una década de privación de libertad, apenas el doble de lo que ha vivido, la llama para avisarle que tiene visita el jueves.

Esa es la realidad que se vive en cientos de hogares cubanos a un año del estallido que llevó a miles a tomar las calles de sus localidades para exigir, desde posturas reformistas o radicales, cambios sustanciales en el país.

Con el más reciente expediente judicial recibido por Justicia 11J, grupo de trabajo integrado por mujeres investigadoras y periodistas, llega a 1.500 nombres el listado de personas detenidas en Cuba por haber participado en las protestas de julio de 2021.

Se trata, en muchos de los casos, de personas sin historial delictivo ni renombre en la oposición. En muchos de los casos son gente como Rolando, a quien se le mojaba la casa y tenía que trabajar duro para proveer a su familia; como Brusnelvis, un joven de 20 años al que todavía hoy su novia le dedica mensajes de amor en redes sociales. Esta es la gente que configura el perfil del 11J, un estallido de base popular con el que el régimen no contaba y que rompió un silencio de seis décadas.

La anatomía del 11J la definieron las transmisiones en vivo mediante redes sociales, el grito de Patria y Vida, pero también los disparos de la policía, las detenciones violentas y otros patrones represivos que sofocaron el fuego popular y sirvieron de muro de contención a las piedras lanzadas por civiles tan desarmados como hartos.

A un año de las protestas, todavía algunos hacen el ejercicio de imaginar una Cuba sin 11J o una Cuba en transición después de un 11J que hubiera abierto las puertas a la democracia. El ejercicio de imaginación se quiebra cuando a 12 meses de las manifestaciones otro policía mata de un disparo a un civil. El 12 de julio de 2021 fue Diubis Laurencio Tejeda, de 36 años, en La Habana; el 1 de julio de 2022 fue Zidan Batista, de 17 años, en Santa Clara. En ambos casos la Policía justifica que los disparos de sus efectivos fueron “en defensa propia”.

El ejercicio de imaginación se frustra cuando la realidad apabullante de 790 personas —procesadas penalmente por el 11J— emerge tras las rejas. La sistematización de la información relativa a detenciones y procesos penales y administrativos que han sucedido desde julio hasta la fecha en relación con protestas públicas ha permitido a Justicia 11J llevar adelante un registro único de información sobre los manifestantes, con datos desagregados por provincia, género, color de la piel, edad, entre otros elementos de seguimiento judicial.

Asimismo, Justicia 11J ha aplicado una mirada interseccional y de género a los datos recogidos y procesados durante los últimos doce meses, para resaltar los patrones de abuso que las mujeres cubanas, afrodescendientes y personas de la comunidad LGBTQIA+ han enfrentado como parte de la respuesta estatal.

Privación de libertad y de maternidad

En el caso de las mujeres, las detenciones en relación con las protestas de julio ascendieron a la cifra de 218, según documenta Justicia 11J. Durante las semanas siguientes al estallido, 144 fueron excarceladas, mientras que, de acuerdo con los registros independientes disponibles, 68 siguen detenidas. Muchas de ellas son madres.

Algunas de ellas son Yaquelín Castillo, Katia Beirut, Odet Hernández, Yurema Ramos, Mackyani Román, Yunaiki Rodríguez quienes siguen presas en La Habana. También, hay casos de mujeres emparentadas por el lazo materno. Karen Vázquez y su hija embarazada Leoalys Valera; Mayra Taquechel y su hija Marian, ya condenadas a años de prisión. Aunque Marian primero fue liberada bajo fianza, luego fue procesada por varios delitos como instigación a delinquir y condenada a tres años de privación de libertad.

Desde la Prisión de Mujeres de Occidente, Mailene Noguera Santiesteban envió una carta en la que relata cómo fue violentada y golpeada por tres guardias dentro del penal. La tiraron de los cabellos y la golpearon en el suelo mientras la llevaban para su celda. También relata episodios de tortura física y psicológica en las que presenció cómo a chicas menores de edad les ponían pistolas en la cabeza para amenazarlas.

En Santa Clara, Mercy Daniela y Amanda Dalai vivieron presas y ahora, ambas, están condenadas a cuatro años de privación de libertad. En la cárcel de Guamajal, en el centro del país, las mellizas Lisdany y Lisdiany Rodríguez Isaac, permanecen desde hace meses. Desde lo que llaman “este tenebroso lugar” donde conviven con las activistas Arianna López Roque, Donaida Pérez Paseiro y Nidia Bienes Paseiro, firmaron una carta, pidiendo ayuda a organizaciones de derechos humanos después de que las cinco fueran condenadas a ocho años de privación de libertad.

Reyna Yacnara Barreto Batista, una de las manifestantes del 11J en Camagüey, vivió episodios de violencia cuando la detenían y también mientras estuvo en detención: fue golpeada por un oficial y luego tres policías intentaron inmovilizarla durante la marcha. Con sólo 22 años de edad, fue condenada a cuatro años de “trabajo correccional con internamiento”.

En los días de su detención Reyna contrajo el coronavirus en la Unidad Técnica de Investigaciones Criminales y Operaciones, por lo que la aislaron. Denuncia que no le daban ni agua para beber y la sacaron a interrogatorios siete veces en los tres días que estuvo ahí. “Me sacaban a toda hora, lo mismo a las 6 de la mañana que a las 4 de la mañana. Creo que fue el segundo día que me sacaron como a las 4 de la mañana. Y me dejaban horas y horas y horas, sentada en un lugar sin nadie interrogándome ni nada, simplemente me dejaban ahí”, relató a Cubalex.

Chica trans en celda de hombres

Por su parte, Brenda Díaz, alias La Pichu es una de las personas transfemeninas que salieron a marchar el 11J. La manifestante de Güira de Melena, zona occidental de Cuba, es VIH positivo y según dijo su mamá a Tremenda Nota (TN) padece de gastritis crónica y de cálculos en los riñones. La han violentado de muchas maneras en prisión. A pesar de su identidad de género fue trasladada a una cárcel de hombres, donde un recluta quiso cortarle la cara con una cuchilla y Brenda fue trasladada a una celda de castigo. En la prisión, la raparon y, cuenta su madre, con ello, “le quitaron su mayor sueño, que era su pelo”.

Las prisiones por dentro

Las últimas veces que el régimen abrió las puertas a las requisas de organizaciones foráneas, las cuales pudieron hablar con personas en reclusión, detectaron hacinamiento, malnutrición, falta de higiene, abuso de poder llegando al maltrato físico y sexual, que derivan en el padecimiento de enfermedades, incluidas las afecciones de salud mental.

Un informe de Cubalex, organización que trabaja para el restablecimiento de la democracia y las garantías constitucionales en la isla, concluyó a partir de numerosos testimonios que las condiciones mismas de los penales exponen a las personas en reclusión a tratos inhumanos y degradantes.

Las denuncias para sacar de prisión a todas estas personas presas por motivos políticos no solo pasan por la creencia de que salieron a las calles a hacer un uso efectivo del espacio público para manifestarse legítimamente, sino también por las condiciones de las cárceles cubanas y las huellas que dejan en quienes pasan por ellas. Máxime cuando lo que los lleva allí es la politización de sus acciones y la interpretación de estas en clave de “contrarrevolución”. De ahí que se hayan lanzado campañas para que organismos internacionales atiendan a la situación de las prisiones en Cuba, así como para exponer públicamente a quienes tienen, en medio del sistema penal, responsabilidades individuales por ser partícipes de condenas ejemplarizantes. Son los casos de jueces y fiscales que han suscrito sentencias de hasta 15 años de privación de libertad a personas que ni siquiera participaron en los enfrentamientos desiguales con la Policía armada.

Movimiento mundial 11J

A un año del estallido, cubanos residentes en distintas partes del mundo han organizado marchas de apoyo a los presos políticos del 11J. Hasta el momento han confirmado su participación desde Roma, Italia; París, Francia, Kolin y Helvetiaplatz-Zürich en Alemania; Santiago de Chile; Montevideo, Uruguay, Toronto, Canadá y varias ciudades de Estados Unidos y España, donde las manifestaciones pacíficas han sido anunciadas para la víspera del aniversario del 11J en Plaza Sant Jaume, Barcelona; La Montañeta, Alicante y frente al Ayuntamiento, Bilbao en Plaza del Espolón, Logroño; Plaza del Ayuntamiento, Santander; Almuñécar, Andalucía; a las 8:00 pm en la Plaza España, Zaragoza; y a las 11:00 am en el Paseo del Prado, Madrid.

Para quienes han venido acompañando a los presos del 11J y a sus familiares desde hace meses, lo más importante es que estos sepan que, pese a la distancia de miles de kilómetros y a que se han llevado la peor parte, no están solos.

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