MIAMI.– Colombia entra en la recta final hacia las elecciones presidenciales del 31 de mayo en medio de una nueva ola de violencia que deja al menos 31 ataques guerrilleros en apenas tres días. El episodio más grave ocurrió recientemente en el departamento del Cauca, donde la explosión de un artefacto en una carretera dejó 21 muertos y 56 heridos, escenas que devuelven al país a imágenes que muchos creían superadas.
Colombia enfrenta ola de ataques en plena recta final electoral
Un reciente atentado en Cauca y otros 30 ataques guerrilleros reflejan el deterioro del orden público en medio de la campaña presidencial
El ministro de Defensa colombiano, Pedro Sánchez, confirmó el balance y atribuyó los ataques a disidencias de las FARC lideradas por alias Iván Mordisco, estructuras que operan en territorios vinculados al narcotráfico. Desde el Ejecutivo, el presidente izquierdista, Gustavo Petro, calificó a los responsables como “terroristas” y ordenó intensificar las operaciones militares, en medio de cuestionamientos sobre la efectividad de su política de seguridad.
En una entrevista exclusiva a DIARIO LAS AMÉRICAS, la columnista y periodista de Revista Semana, Sofy Casas, describió un panorama inquietante sobre el acontecimiento de estos hechos violentos previo a un proceso electoral: “El clima político y de seguridad en Colombia llega profundamente deteriorado a pocas semanas de las elecciones presidenciales, indicó.
"El país enfrenta una combinación peligrosa: debilitamiento institucional, expansión territorial de grupos armados y una creciente percepción de ausencia de autoridad en varias regiones. A eso se suma una polarización extrema desde el poder. El ambiente no es el de una democracia sólida entrando a elecciones tranquilas, sino el de un país tensionado, donde cada episodio de violencia termina teniendo lectura política”, alerta la comunicadora.
Clima de miedo
En esa misma línea, advirtió que: “Los 31 ataques guerrilleros no solo golpean la percepción de estabilidad institucional; también alimentan un clima de miedo e incertidumbre que termina contaminando el ambiente electoral. Y ahí aparece una preocupación política de fondo: que desde el poder se termine utilizando este deterioro del orden público para instalar la narrativa de que no existen garantías suficientes para las elecciones de 2026.
Asimismo, manifiesta que el riesgo actualmente en Colombia es que se construya un escenario de desconfianza anticipada sobre el proceso democrático, especialmente si el candidato cercano al oficialismo muestra señales de desgaste o estancamiento electoral. También señala, que en un país polarizado, sembrar dudas sobre la legitimidad electoral puede convertirse en una herramienta de presión política extremadamente peligrosa. "Para mí eso es muy peligroso porque muestra la unión Estado con el narcoterrorista; es decir, todas las formas de lucha”.
"Movilidad armada"
Al referirse al atentado en Cauca, explicó: “Sobre el atentado en Cauca, es claro que estos atentados fueron organizados y ejecutados por los narcoterroristas de las FARC en cabeza de alias Mordisco. Lo preocupante no es solo el ataque en sí, sino la capacidad operativa que demuestran: coordinación, inteligencia territorial, movilidad armada y capacidad de desafiar abiertamente al Estado. Estamos viendo grupos ilegales que ya no actúan como estructuras marginales, sino como organizaciones con control estratégico en corredores completos del país”.
A su juicio, el fortalecimiento de estos grupos no ocurre por casualidad: “Las disidencias lideradas por alias Iván Mordisco se han fortalecido en medio de una política de seguridad errática y de mensajes ambiguos frente a los grupos armados. Hoy buscan consolidar control territorial, economías ilegales y poder político regional. Pero también entienden el valor del caos en momentos electorales: un Estado debilitado y una democracia bajo presión terminan favoreciendo a actores que viven precisamente de la fragmentación institucional”.
Mientras tanto, en el Cauca y otras regiones golpeadas por la violencia, el miedo se instala en la vida cotidiana. Comunidades enteras limitan sus desplazamientos, los comercios reducen horarios y las familias viven con la incertidumbre de un nuevo ataque.
En el plano político, la tensión se traslada a la campaña. Figuras como Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella advierten sobre el deterioro del orden público, mientras el senador Iván Cepeda reconoce un “clima de miedo” que podría incidir en la participación.
En ese contexto, Casas introduce otra alerta: “Es imposible ignorar que esta escalada ocurre en medio de una campaña presidencial. La violencia genera miedo, incertidumbre y desgaste institucional. Y cuando desde sectores del poder comienza a instalarse el discurso de que ‘no hay garantías’, surge una preocupación legítima: que el deterioro del orden público termine siendo utilizado políticamente para cuestionar o condicionar el proceso electoral si los resultados no favorecen al oficialismo. Más aún cuando el candidato cercano al gobierno parece haber encontrado un techo político”.
Debilidad estatal
Sobre la estrategia oficial, agrega: “La política de seguridad del gobierno de Gustavo Petro ha mostrado enormes debilidades. La llamada ‘paz total’ terminó enviando señales de permisividad mientras muchos grupos armados aprovecharon para fortalecerse militar y territorialmente. Hoy hay más control criminal en varias zonas, más ataques y más sensación de impunidad. El Estado parece haber cedido capacidad de disuasión”.
También pone el foco en los riesgos para los aspirantes: “Los candidatos presidenciales de la oposición enfrentan riesgos reales… hay un riesgo concreto de intimidación, atentados o presión armada sobre campañas y liderazgos regionales”.
Seguridad y transparencia
Finalmente, destaca el rol internacional: “La presencia de Estados Unidos como observador internacional adquiere enorme relevancia en este contexto. Envía un mensaje claro: la comunidad internacional está mirando con atención las condiciones democráticas, de seguridad y transparencia electoral en Colombia”.
Con el recuerdo del conflicto aún latente, Colombia se enfrenta a unas elecciones donde no solo está en juego el poder político, sino la capacidad del país de votar en medio del miedo.
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