La Habana.- Antes del amanecer, Abel, 47 años, labra la tierra rojiza con una pareja de bueyes enclenques. De un bolso gastado, el campesino vierte en el surco semillas de frijoles, mientras vocea para que los animales no se detengan. Pasada las once y media de la mañana, su esposa le lleva en un cacharro plástico el almuerzo: unas cucharadas de arroz blanco, potaje de chícharos y trozos de boniato hervido.
Cómo se sobrevive en la isla con cero combustible
A esas forzadas alternativas de los cubanos, el gobernante designado Díaz-Canel, con un dejo de orgullo, lo llama ‘resistencia creativa’
Abel se sienta a comer debajo de una mata de mangos. El agricultor vive desde hace ocho años en un rancho improvisado en el municipio Alquizar, provincia Mayabeque, a 50 kilómetros al oeste de La Habana. Viste una vieja camisa verde olivo de mangas largas para evitar las picadas de mosquitos y jejenes. A veces trabaja descalzo. Otras, se pone unas botas altas de goma, zurcidas las rajaduras con alambre.
“No voy a coger los dos pares de zapatos que tengo de andar pa’ trabajar la tierra. Nací en el Segundo Frente, uno de los nueves municipios de la provincia de Santiago de Cuba. Dejé la escuela en octavo grado y comencé de jornalero agrícola porque necesitaba ayudar a mi familia. Estuve un tiempo en un negocio maderero que tiene el comandante Guillermo García -exguerrillero castrista reconvertido en un rico terrateniente- pero la paga era muy poca. Entonces alguien me habló que los finqueros privados de Artemisa y Mayabeque pagaban mucho mejor. Una tarde cogí el tren con mi mujer y el muchacho y aquí estamos”.
Unos pesos más
El dueño de la finca le paga 1.200 pesos diarios. Y después de recoger la cosecha le permite abastecerse de plátanos machos, viandas, frutas y frijoles negros o colorados. En un descampado, con pedazos de chapas de aluminios y tejas acanaladas, montó una choza con piso de tierra. Si usted le pregunta cuánto le ha afectado la escasez de combustible en la producción agrícola, Abel encoge sus hombros y responde:
“Desde que trabajo la tierra siempre falta algo. Si no es el fertilizante, son las posturas, los regadíos están rotos o falta el combustible. Hace tiempo que el Estado dejó de atender al campo. Venden los aperos de labranza en elevadas sumas de dinero. Y los tractores hay que pagarlos en dólares. Eso encarece el costo de las cosechas. A los cubanos los están alimentando los finqueros privados que producen el 80 por ciento de las viandas, frutas, granos y hortalizas. Ante la llegada de la opción cero, con mayores recortes de combustible y recursos, disminuirán las cosechas y subirán los precios de los productos agrícolas. Debido a la prolongada crisis, los dueños de fincas conseguían combustible y abono por la izquierda, pero ahora ni con dólares se consigue. Si el gobierno no encuentra solución, la libra de boniato se pondrá a 400 pesos. Y el hambre aumentará”, afirma Abel.
Más restricciones
Después de que el 5 de febrero Miguel Díaz-Canel informara de nuevas restricciones provocadas por la escasez de combustible, el dólar alcanzó la barrera de 500 pesos en el mercado informal. Y sigue subiendo.
“Es una calamidad”, señala el dueño de un auto Lada de la era soviética en la fila de una gasolinera. “Cuando el sin casa (Díaz-Canel) habla, sube el costo de la vida en Cuba. Las rutas de taxi han duplicado y hasta triplicado sus precios, debido a la escasez de combustible. Todas las ramas de la economía se han visto afectadas. Han parado fábricas, centros de elaboración, hoteles... Si los americanos no obligan a esta gente a negociar, en el país ocurrirá una tragedia. La opción de Canel y su camarilla es llorar miseria. Viven de las donaciones de sus aliados. Todo es propaganda política y pedirle a la población más sacrificios. En estos momentos, un litro de gasolina ronda los 1.200 pesos”.
No combustible
El gobierno ha decretado una prohibición en la venta de combustible a la ciudadanía, tanto en pesos como en dólares, lo que ha provocado que las avenidas y carreteras de la isla estén desiertas. “Fui a ver a mis padres a Ciego de Ávila -provincia a 500 kilómetros al este de la capital- y en el viaje de ida y vuelta, en la autopista solo vi cuatro o cinco vehículos. Es como si hubiera comenzado una guerra”, comenta un cubano residente en la Florida, quien a su llegada a Cuba rentó un auto de turismo en el Aeropuerto Internacional José Martí.
En La Habana, un viaje en taxi colectivo de La Víbora al Vedado, de poco más de veinte minutos, subió de 200 a 500 pesos. Si es por la noche, pueden cobrarte 600 o 700 pesos. En los tramos más largos, del Parque de la Fraternidad a Guanabo, te cobran 1.400 pesos. “Y te metes horas intentando coger un taxi. Hasta los que se alquilan a domicilio (una especie de Uber local) que cobran de cuatro a cinco mil pesos por una carrera, están desaparecidos”, dice Joel, técnico en un taller privado de reparación de teléfonos móviles.
Calles desiertas
Olga Lidia, empleada de correos, cuenta que, desde hace una semana, "vivo un calvario para poder llegar desde mi casa en Cojimar, al este de la ciudad, hasta mi centro laboral, en la barriada del Cerro. Un tramo lo hago caminando y otro, cuando me dan una botella, en un camión o un carretón tirado por un caballo”. Aclara que no deja el trabajo porque “con las propinas de 500 y mil pesos que me dan las personas que reciben paquetes del exterior, puedo alimentar a mi madre enferma y a mi hija de ocho años. Pero ya tengo espolones en los pies de tanto caminar”.
Daniel, empleado en un hotel habanero, considera que “esta Opción Cero es una versión 2.0 del Período Especial. Salgo de mi casa a trabajar sin luz y regreso sin luz. Rezo para no enfermarme, pues el precio de los medicamentos es una locura. Mi madre es hipertensa y mantener controlada su presión arterial me cuesta 1.800 pesos mensuales. Si antes de fin año las cosas no cambian, van a recoger los muertos con palas”.
La severa crisis energética ha provocado prolongados apagones y recortes de puestos de trabajo. Decenas de hoteles han cerrado por déficit de combustible y baja tasa de ocupación. “Estamos cerrando temporalmente algunos hoteles para reagruparlos en otras instalaciones turísticas y así ahorrar combustible y recursos. Los que no se puedan reinsertar en otros empleos, se quedan interruptos (desempleados). El primer mes cobran el cien por ciento de su salario, después el 60 por ciento”, explica un funcionario de turismo en La Habana.
Cocinar con carbón
Magda, 66 años, jubilada, por los apagones y déficit de gas licuado, se ha visto obligada, "a cocinar con carbón o leña. Tengo la pared de la cocina toda tiznada. Ese humo me provoca falta de aire. Como un saco de carbón está costando entre dos mil y tres mil pesos, según su calidad, varios vecinos hicimos una colecta. Luego preparamos una olla colectiva. Tal parece que vivimos en un campamento de refugiados”.
A esas forzadas alternativas de los cubanos, quienes intentan sobrevivir en las difíciles condiciones implementadas por la dictadura militar, el gobernante designado Díaz-Canel, con un dejo de orgullo, lo llama ‘resistencia creativa’.
Especial
@DesdeLaHabana
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