MIAMI.- El 8 de diciembre de 2021 la prensa independiente publicó cinco denuncias de abuso sexual (contra el trovador Fernando Bécquer) que revitalizaron en Cuba el Yo Sí Te Creo, mantra feminista de acompañamiento a víctimas y sobrevivientes de la violencia de género.
Cuba: casa por cárcel para Bécquer, depredador sexual
Al abrirse esa especie de Caja de Pandora, la repercusión de las primeras denuncias fue tal que comenzaron a visibilizarse decenas de testimonios que confirmaban a Bécquer públicamente como un abusador de mujeres, algunas de ellas niñas en el momento de los hechos.
Del plano virtual y mediático el caso se trasladó también a los tribunales hasta que casi un año después, este 19 de octubre, el trovador, quien ha intentado escudarse en su apoyo a la Revolución, fue juzgado y sancionado en el Tribunal Municipal de Centro Habana frente a una treintena de mujeres agredidas por él.
12 horas de juicio
Sin embargo, después de 12 horas de vista oral en la que las víctimas testificaron, la sentencia que emite la Justicia cubana, además de llegar tarde, llega con marcada debilidad. Cinco años de trabajo correccional sin internamiento para un hombre al que, efectivamente, hallaron culpable de abuso sexual.
Este agresor pasará los próximos cinco años en la privacidad de su casa, el mismo espacio que escogía para perpetrar sus abusos a adolescentes y mujeres adultas. Pasará los próximos cinco años en un cautiverio formal porque en el fondo tendrá acceso a cama, techo, redes sociales, películas, música y a la cercanía de su familia. Tendrá acceso a cervezas, buena comida, medicamentos. Tendrá acceso a todo lo que se les niega a los y las manifestantes del 11J, incluso a los adolescentes sancionados con internamiento. Y… quién sabe, tendrá acceso también a mujeres. Este hombre, en realidad, nunca ha sido despojado de tales accesos.
¿Ciudadano común?
Por si fuera poco, este agresor al que la Federación de Mujeres Cubanas trata como “ciudadano” común, tuvo la oportunidad de esperar el juicio en casa, mientras que verdaderos ciudadanos comunes cuyo presunto delito sería oponerse al régimen, se ven obligados a esperar en prisión, bajo medida cautelar de prisión provisional.
Desde la publicación de la denuncia, a lo largo de este año, Becquer se ha presentado en espacios culturales como invitado a conciertos y penas de trovadores, donde siguió cantando canciones misóginas y machistas que rezan “todas las pepillas me caen bien”; “Chao, Lulú”; “Me gustas tú”.
Hasta el cierre de esta nota, la Fiscalía cubana no se había pronunciado sobre el caso en ninguno de sus espacios. Ni en su web oficial ni en sus páginas en redes sociales. Por su parte la FMC anunció un pronunciamiento —sobre la sanción— que realizó varias horas después de emitida la sentencia. Dijo que ambas partes podrían apelar.
La información relevante que ha sido desentrañada hasta ahora proviene de las propias denunciantes y del reportero independiente Jorge Enrique Rodríguez, quien presenció el juicio y mediante una directa transmitida vía Facebook declaró detalles como la duración (12 horas) y la participación de 30 mujeres que testificaron contra Bécquer. A todas ellas las calificó como “súper valientes, con tremendo nivel de resiliencia”.
Solo sentencia oral
Trascendió que el agresor fue juzgado por la vía del atestado directo y se emite, en consecuencia, una sentencia oral. Para obtener una sentencia por escrito, describió a DIARIO LAS AMÉRICAS la jurista Gisselle Morfi, habría que recurrir a la apelación de la sentencia emitida.
De otro lado, si bien el juicio se realizó a las puertas de un nuevo código penal que entra en vigor en diciembre, sigue rigiendo la sanción el código de 1989, en el que se establecen delitos contra el normal desarrollo de las relaciones sexuales.
En cuanto a los abusos lascivos, según el Art. 300.1. del código, incurre en sanción de privación de libertad de seis meses a dos años o multa de doscientas a quinientas cuotas quien, “sin ánimo de acceso carnal, abuse lascivamente de una persona de uno u otro sexo”. Esto se amplía a tres años y cinco años si concurren agravantes.
Modus operandi
Cada uno de los testimonios sobre agresiones llevadas a cabo en un periodo de veinte años apuntan a que el perpetrador desarrolló un modus operandi con mujeres en situaciones emocionales vulnerables que solían frecuentar espacios de trova. Se les acercaba el buen samaritano y creyente con el pretexto religioso de una consulta que empezaba con recomendaciones de los Orishas y proseguía con agresiones sexuales, asegurándoles a sus víctimas que se trataba de mandatos de los santos. Con ello justificaba el hecho inaudito de que solo a través de su eyaculación ellas, tan desafortunadas, podrían librarse de los malos caminos que transitaban.
“Fernando se me acerca, me dice que yo tenía algo muy malo. Me hablaba de una forma como si pudiera ver a través de mí. Me dijo que me iba a hacer un trabajo, que me iba a ayudar para que pudiera avanzar en la vida (...) Luego empezó a hablar consigo mismo como con su santo, y decía cosas como: No, no, padre, eso no. Volvía a tirar los caracoles y salía el supuesto sí y volvía a negar una y otra vez, como que no le pidieran eso, que “eso” él no lo podía hacer (...) Cuando noté que era inevitable, le pedí que se protegiera, que se pusiera un condón. Él decía que eso no era lo que pedía el santo. Se lo pedí con una voz que casi no me salió. Eso lo recuerdo como si fuera hoy (...) Me penetró sin protegerse”, contó la agredida Ilena Brooks.
Massiel Carrasquero, otra de las violentadas por Bécquer, escribió en sus redes sociales su valoración sobre el juicio. “Resulta curioso cómo a casi 3 meses de la implementación del nuevo Código Penal, sabido por todos que es mucho más agresivo, ahora deciden realizar este juicio”, indicó y detalló que no fueron 12 horas fáciles, todo lo contrario. “Fueron 12 horas de ver al abusador, prácticamente reírse en nuestras caras. 12 horas de espera terrible, con los nervios destruidos. 12 horas de total incertidumbre, a la espera de un poquito de justicia, aunque abiertamente dijéramos que con que se llevara a juicio ya nos sentíamos conformes”.
El perdón revolucionario
Cuando la denuncia se hizo pública, Bécquer se apresuró a ratificar su adhesión a la Revolución cubana. Al día siguiente, le dieron luz verde en un espacio de trova en La Habana donde un par de periodistas lo confrontaron. El agresor les dijo “Yo no creo nada, yo creo en la Revolución”. Tanto él como sus amigos se encargaron de politizar la denuncia con el argumento de que “está siendo atacado por enemigos de la Revolución”. Enseguida salieron a defenderlo, con el mismo argumento, muchachitas que se dicen revolucionarias y corearon sus canciones sexistas. Bécquer entendió a la perfección que su única salida era vender su alma a la “Revolución” para obtener el perdón del dios partido. Este es el tipo de personajes que le quedan al castrismo.
“Fernando Bécquer es un delincuente reincidente, con múltiples víctimas, algunas, como me consta, menores de edad. Sin embargo, no ha pasado un día en prisión, ni siquiera en un calabozo de estación. Curioso, también, como este tipo de delito sexual, casi siempre tiene como medida preventiva, la prisión provisional, para evitar que el ofensor vuelva a delinquir. No fue así en este caso. Bécquer seguía suelto, con acceso a sus lugares de "cacería", con su estatus social sostenido por sus privilegios y libertades y haciendo lo que le daba la gana, incluso acosar a sus víctimas en redes sociales”, escribió Carrasquero.
No obstante, para las mujeres que impulsaron la denuncia ante los órganos judiciales, se trata de una “batalla importante” que ganaron. “Logramos que por primera vez se llevara a juicio a un abusador reincidente. La sentencia y el proceso investigativo no fueron lo que esperábamos, pero fueron. No me conformo, no lo hago, pero reconozco que ha sido una victoria”, consideró.
En otra directa la periodista Mónica Baró, quien acompañó el proceso de investigación realizado por Mario Luis Reyes para el reportaje que canalizó las primeras denuncias contra Bécquer, dijo que a pesar de los débiles pronunciamientos de la FMC (Federación de Mujeres Cubanas) y de la levedad de la condena al agresor, esta debería leerse como victoria de la prensa independiente por hacer un periodismo transformador de la sociedad aun cuando el oficialismo lo intente deslegitimar.
@cabezamestiza
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