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Crisis

Cuba: Emprendedores privados hacen "milagros" para subsistir

"La carne de puerco en Cuba es como el índice Dow Jones de la Bolsa de Wall Street", dice Heberto, un emprendedor en La Habana
Por IVÁN GARCÍA

LA HABANA, CUBA— Un trillo enyerbado delimita el antiguo garaje adaptado a un restaurante particular. Dos mecánicos de refrigeración con overoles azules despliegan una escalera portátil para desmontar los aires acondicionados que climatizan el salón. En la cocina del negocio gastronómico todo es prisa. Heberto, dueño de la paladar, mira varias veces el reloj. Son las diez de la mañana y parece imposible que el restaurante pueda abrir a las doce del mediodía.

La noche anterior se le acabó la carne de cerdo. Tuvo que recorrer prácticamente toda La Habana para poder comprar al precio más bajo. “La carne de puerco en Cuba es como el índice Dow Jones de la Bolsa de Wall Street. Hace una semana costaba 160 pesos la libra, ahora está a 190 y 200 pesos. Con el brutal desabastecimiento de alimentos existente, la carne de cerdo es esencial en el menú gastronómico”, dice Heberto mientras apura a los mecánicos para que reparen los splits.

"Esto es pa’ hoy señores", le dice a los operarios. Después empuja la mampara de la cocina y agita a sus empleados. Prende un cigarrillo y comenta:

"Compramos la carne de puerco a las nueve de la mañana. La opción más barata fue de 170 pesos la libra. Pero la carne tiene muchísima grasa. Nadie está vendiendo carne deshuesada. Tuve que poner un cartel en la puerta avisando que me veía obligado a subir los precios. De lo contrario la cuenta no da. Cada vez que subes los precios de un plato, pierdes clientes. Pero no hay otra. De una libra de puerco sacó dos raciones bien servidas. Pero al costo de la carne debes sumar el gasto de electricidad, salarios de los empleados y separar el dinero de los impuestos. Abrí hace dos semanas y no he tenido ganancias. Abastecerse de alimentos es muy complicado. El mercado negro está seco. La inflación ha disparado los precios. Hace un mes comprabas la caja de pollo por la izquierda a 2,300 pesos, en estos momentos la venden a 3,000 y 3,200. Con la carne de res y el pescado, sucede igual. Si compras los alimentos en las tiendas en divisas, te sale más caro. En la última semana las transferencias de divisas a la tarjeta MLC están a 76 y 77 pesos por cada dólar y el euro a 87 y 88. Cuando usted multiplica el costo de compra de la divisa más un 20 por ciento que son los gastos de salarios, electricidad, el precio final al cliente se dispara”.

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Decenas de personas hacen fila en las afueras de una tienda que vende comida por dólares en La Habana, Cuba, el 15 de septiembre de 2020.

Heberto no para de quejarse. “Para más desgracia, debía darle mantenimiento a los aires acondicionados. Goteaban agua y apenas enfriaban. Tengo cuatro aparatos y por cada uno me cobran dos mil pesos. Si tengo que echarle gas, 500 pesos más. Si hay que sustituir una pieza, la factura se pone por las nubes. Durante el año y medio de pandemia el gobierno no ha otorgado créditos a los trabajadores privados. Todo es a puro pulmón”.

Incluso en zonas privilegiadas como Miramar, Vedado y Habana Vieja, donde antaño por la afluencia de turistas los negocios de hostelería y gastronomía alcanzaban buenas ganancias, en la post pandemia el panorama ha cambiado.

En la paladar San Cristóbal, donde cenó la familia Obama en 2016, un cantinero comenta que apenas hay turistas en La Habana. "Y los pocos que nos visitan, son de clase baja. Suelen pagar paquetes de todo incluido y no gastan dinero comiendo en la calle. Habría que ver si después del 15 de noviembre, cuando se abra el turismo, mejora la cosa. Para un extranjero pagar 60 o 100 dólares en una comida es normal. Pero en el caso de los cubanos, que ahora mismo son la mayoría de los clientes, cuando tienen que pagar esa cantidad en pesos (de 7 mil a 8 mil pesos), prefiere comer en casa”.

En los barrios alejados del centro de la ciudad la situación es mucho peor. Alex, abrió su cafetería de comida y entrepanes, pero una semana después volvió a cerrar. “No da la cuenta. En las barriadas periféricas vender una cerveza a 120 pesos o una malta a 90 es un escándalo. La gente no la compra. Si hace cuatro años tenía cuarenta ofertas en el menú, ahora apenas tengo diez u once. Los clientes no pueden pagar 300 pesos por un almuerzo. Prefieren comerse un pan con tortilla y un jugo de guayaba. Las ventas están en mínimo. El consumo de electricidad y los precios altísimos de los alimentos están a punto de quebrarme el negocio. Prefiero ir a Rusia a comprar pacotillas y piezas de autos para revender que mantener abierta la cafetería”.

Los dueños de hostales han sufrido un largo viaje por el desierto tras 19 meses de coronavirus. En 2015, Sandra remozó y amplió su casona de puntal alto y rentaba cuatro habitaciones a los turistas. “Hace varios meses preferí entregar la licencia que alquilar a cubanos. Antes del Covid, a un extranjero le cobrabas 30 dólares diarios. Ahora con la inflación y el alza de precios, es probable que la tarifa ronde los 50 o 60 dólares. Pero si un turista tiene que pagar el doble por una habitación, entonces opta por la opción todo incluido en los hoteles del gobierno. La competencia con los hoteles del Estado es desleal. GAESA tiene oficinas de turismo en Europa y América Latina y pueden hacer mejores ofertas que los particulares. Y la comida la compran a precios mayoristas. Pero yo tengo que pagar el kilowatt de electricidad como si fuera oro y prepararles un desayuno es un gasto excesivo dinero. Pensé en reconvertir el negocio y alquilar por parejas a los cubanos debido a la falta de posadas en La Habana. Pero no vale la pena. La gente te roba los herrajes de la taza del baño y hasta los tomacorrientes. Si en los próximos meses el negocio no mejora entrego la licencia y buscaré emigrar a Canadá o España”.

La mayoría de los emprendedores reconocen que la situación es muy compleja. Abelardo, dueño de una panadería en la zona antigua de la capital cree que el modelo de negocios tendrá que cambiar.

“Transformé mi cafetería en una panadería donde también vendo cerveza, jugos y chucherías. Por el déficit que hay de pan, los productos elaborados con harina, a pesar que han subido de precio, siguiendo teniendo demanda”. “Transformé mi cafetería en una panadería donde también vendo cerveza, jugos y chucherías. Por el déficit que hay de pan, los productos elaborados con harina, a pesar que han subido de precio, siguiendo teniendo demanda”.

Afuera del negocio de Abelardo, una veintena de personas esperan para comprar pan, que no es barato: una barra de pan de molde cuesta 130 pesos, un baguette mediano, 50 pesos y un nailon de galletas con sabor a ajo 60 pesos. “Con los altos precios de la comida y el déficit de alimentos, el pan es fundamental en nuestra dieta. Un pan con croqueta, tortilla o mayonesa es el almuerzo o la comida de muchos cubanos”. Puede que tenga la razón.

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