LA HABANA.- Un cartel en la pared de una clínica odontológica estatal en el barrio habanero del Vedado, en La Habana, Cuba, anuncia: “Salud gratis, un derecho para todos los cubanos”.
Cuba: Ineficiencia y corrupción frenan a emprendedores
Bueno, las cosas han cambiado bastante. Llamémosle Raisa, contable en una empresa gastronómica. Tres semanas atrás llamó por teléfono a la estomatóloga que la atiende para sacar un turno en su consulta.
“Soy del grupo de pacientes que pagan para recibir buena atención médica. Cuando hablo con la especialista, le digo que tengo un 'dólar' de muelas que no me deja dormir. Ella me comenta que en la clínica no hay agua. Que viene un camión cisterna cada quince días a llenar el depósito de agua. Que cuando venga el camión me avisa para cuadrar un turno. Fui el lunes pasado. Cuando tú haces regalos o pagas, la atención es buena. Aparecen las anestesias y productos de primera calidad. Tenía que estar en la clínica a las ocho de la mañana. Salí de la casa a las cinco y media, por el transporte, para llegar a tiempo. La estomatóloga me examinó. Decidió extraerme una muela y empastarme dos. El precio, por la izquierda, fue de 2.100 pesos (equivalente a 84 dólares al cambio oficial). No sé dónde vamos a parar. Hace 10 años le pagaba 125 pesos, luego 250 y ahora está barbaridad, que es la mitad de mi salario. Ni que estuviéramos en Miami”, comentó Raisa.
Juan José, emprendedor privado, ya no sabe qué hacer. Desde hace año y medio intenta conseguir un local para instalar una minifábrica de cerveza. Por falta de gestión personal no queda. “Ha tocado con billete (dar dinero) a varios funcionarios para que le apuren los trámites. Pero nada. Las cosas están trabadas”, comentó un pariente de Juan José.
El 21 de febrero de 2021, en el periódico Juventud Rebelde, medio de la Unión de Jóvenes Comunistas, apareció una noticia con el título Empresas de China y Cuba firman acuerdo en pos de instalar minifábrica de cerveza en La Habana.
Según la prensa estatal, el embajador cubano en Pekín, Carlos Miguel Pereira, explicó que el convenio lo suscribieron la compañía Jinan China-Germany Co. LTD y la empresa cubana Maquimport.
“Se trata de la primera importación de este tipo que realiza el Grupo Empresarial del Comercio Exterior en el estado asiático, para apoyar a una forma de gestión no estatal”, explicó Pereira que los equipos adquiridos irán a un local abandonado del Gobierno Municipal de Playa, al oeste de Ciudad de La Habana, “que se convertirá en un complejo gastronómico”, se lee en la nota.
Pero en Cuba la narrativa de los medios de comunicación y la realidad cotidiana son mundos paralelos irreconocibles. El pasado 5 de abril, el medio oficialista Cubadebate publicó un extenso reportaje titulado Proyecto Local sin local o el sueño que se va como la espuma de cerveza, donde se mostraba un catálogo completo del absurdo patentado por los hermanos Castro.
Lo que ha vivido el emprendedor Juan José y su grupo es un auténtico sainete. Invirtieron una suma considerable de dinero para importar la maquinaria siguiendo al pie de la letra el macarrónico reglamento instituido para las “formas de gestión no estatal o trabajadores por cuenta propia” como pomposamente denomina el régimen a los negocios privados.
La dictadura que representa el grisáceo Miguel Díaz-Canel, un día sí y otro también, machacan con su fastidiosa verborrea sobre la importancia de los proyectos locales en los municipios. Pero del dicho al hecho va un buen trecho. El emprendedor Juan José, como en la película Las 36 cámaras de Shaolín, ha pasado por todos los vericuetos diseñados por la letal burocracia cubana, intentando obtener una licencia para producir malta y cerveza de primera calidad. El monopolio de la burocracia estatal no lo aprueba. Adiós al sueño de abrir un negocio que generaría treinta nuevos empleos y podría llegar a producir 4,500 litros de malta y cerveza.
Hiram, un joven e hipérquinetico emprendedor, tenía un ilusionante proyecto que podría aliviar el caótico servicio de transporte público en La Habana.
“Quería fundar una MIPYME de transporte. Mi plan era comprar autos de segunda mano y microbuses en México y luego importarlos a Cuba. Pensábamos comenzar con un parque de 20 taxis y 10 microbuses. El capital, entre compras e importaciones rondaba los 600.000 dólares”, señaló.
Y añadió: “Pero en Cuba los buenos proyectos te los mata la burocracia, las trabas y los frenos regulatorios. No me autorizaron la importación de automóviles. Dicen que tengo que adquirirlos aquí, donde un auto de segunda mano, con un millón de kilómetros recorridos, te lo venden en 40.000 o 50.000 dólares. Incluso, aunque consigas los permisos, tienes que utilizar obligatoriamente una empresa importadora del Estado que te encarece muchísimo las compras. Al final no me aprobaron el proyecto. Ahora solo tengo dos caminos: esperar a que cambien o emigrar”.
Mientras el cubano de a pie hace colas de dos horas para comprar una barra de pan duro, debe ser muy creativo si quiere llevar tres platos de comida a la mesa de su familia y sufre apagones de ocho horas diarias, en la provincia En Las Tunas, a 700 kilómetros al este de La Habana, un parque eólico, que puede generar 140 mega watts, está abandonado y a medio construir.
En el municipio Ciro Redondo, provincia Ciego de Ávila, a 500 kilómetros de la capital, una inversión que ascendió a 300 millones de dólares en su conjunto, destinada a modernizar el central azucarero y la construcción de una planta bioeléctrica que generaría entre 60 y 100 mega watts, con el empleo de biomasa cañera y marabú, prácticamente está parada desde su inauguración por falta de caña y marabú.
También en Ciego de Ávila, en Fábrica de Conservas Majagua, hace dos meses, 800 toneladas de piña española roja estaban en condiciones de fermentación porque su añeja tecnología, roturas de maquinarias y los apagones no le permitía procesar tanta cantidad de frutas. La piña era transportada a granel desde Matanzas, provincia a unos 360 kilómetros de Ciego de Ávila, con el correspondiente gasto de combustible. Las lluvias han provocado que decenas de toneladas de mangos y aguacates se echen a perder porque la empresa estatal ACOPIO no pasa a recogerlos por falta de envases y transporte, cuando en La Habana, un aguacate se vende en 70 pesos (2.80 dólares) y una piña en 60 pesos (2.40 dólares), en un país donde el salario mínimo no supera los 2.100 pesos al mes, unos 84 dólares.
La termoeléctrica Felton, en la nororiental provincia de Holguín, si damos crédito a los optimistas reportes gubernamentales, estaba siendo sometida a una reparación capital para garantizar en la temporada veraniega, un suministro estable de 220 mega watts en cada unidad generadora. Pero la chapucería, desidia y falta de profesionalidad en el mantenimiento provoca que constantemente salga de servicio por roturas en su caldera. Hace unos días, después de su arrancada anunciada a bombo y platillo por la propaganda oficial, se incendió la caldera del bloque uno y es probable que los cubanos tengamos que sufrir extensos apagones estos meses de verano.
La obsolescencia tecnológica, alto contenido de azufre del petróleo local y reparaciones de baja calidad son algunas de las causas que inciden en el deplorable estado técnico del sistema electro energético nacional. La falta de transparencia del régimen genera demasiadas preguntas que se quedan sin respuestas.
En 2016 Rusia otorgó un crédito de 1.200 millones de euros (unos 1.200 millones de dólares al cambio) para financiar la construcción de cuatro termoeléctricas, y el dinero desapareció sin que ningún funcionario haya rendido cuentas.
Aunque las fábricas se descapitalizan, los edificios ruinosos se caen a pedazos y las calles surcadas de baches y grietas parecen barricadas, la dictadura más longeva del hemisferio occidental sigue construyendo hoteles de lujos. Según algunos datos, desde 2010, la corporación militar GAESA ha invertido 19 mil millones de dólares en la construcción de hoteles, marinas y campos de golf, a pesar de que la ocupación habitacional es apenas de un 11%.
Todos los meses se inaugura una tienda en moneda dura en Cuba. Una antigua guardería en la calle Párraga y San Mariano, municipio Diez de Octubre, en La Habana, fue transformada en habitaciones climatizadas para pacientes extranjeros operados con tecnología del mínimo acceso en el hospital Luis de la Puente Uceda, que radica en la misma cuadra.
Desde hace 15 años, el Estado no construye escuelas ni hospitales nuevos. Los alumnos de la enseñanza primaria, secundaria y preuniversitaria no tienen merienda escolar ni conexión gratis a internet en sus colegios. Hay un déficit de 900.000 viviendas en el país. Y a los trabajadores les pagan en devaluados pesos, pero deben comprar artículos de primera necesidad en divisas.
Los cubanos están convencidos que el gobierno no ofrece soluciones a la grave crisis económica, inflación creciente y pésimos servicios públicos. Al contrario. El bloqueo interno es tres veces más dañino que el embargo estadounidense. Por eso, entre otras razones, la gente se lanzó a la calle a protestar el 11 de julio del año pasado.
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