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ANÁLISIS

Cuba y Estados Unidos: Una historia de entrelazamiento y consecuencias (Parte III)

Cuba sigue siendo un tema geopolítico crítico con implicaciones para la seguridad nacional de Estados Unidos

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE

Resumen ejecutivo: Esta tercera entrega de la serie sostiene que la permanencia del régimen cubano no es únicamente resultado de la represión interna, sino también de una presión externa insuficiente e inconsistente. Argumenta que los cubanoamericanos poseen tanto la autoridad moral como el peso político necesarios para transformar las verdades históricas sobre el régimen en poder político efectivo. Mediante la organización estratégica, la influencia en los incentivos electorales, la configuración de las narrativas públicas y la exigencia de acciones políticas concretas, la comunidad puede obligar al establishment de Estados Unidos a mantener una atención sostenida. El artículo concluye con un llamado a pasar de una defensa intermitente a un compromiso político continuo y coordinado capaz de impulsar cambios significativos.

Por qué esto importa

Cuba sigue siendo un tema geopolítico crítico con implicaciones para la seguridad nacional de Estados Unidos, la estabilidad regional y la credibilidad de los valores democráticos en el hemisferio occidental. La persistencia del régimen influye en los patrones migratorios, la represión transnacional y la presencia estratégica de actores extrahemisféricos. Comprender el papel de los cubanoamericanos como circunscripción política pone de relieve cómo la participación cívica interna puede moldear los resultados de la política exterior. Una presión sostenida y organizada es esencial para garantizar que la política estadounidense refleje tanto los intereses estratégicos como los principios democráticos.

Preludio

Tres tristes verdades guían esta serie:

1- La caída de Cuba no era inevitable.

2- Sus consecuencias generaron responsabilidad.

3- La responsabilidad exige acción.

Todo lo que sigue es un argumento a favor de tomar estas verdades con seriedad.

PARTE III

No más silencio, no más excusas: Los cubanoamericanos deben convertir la verdad en poder

Existe un límite a cuánto tiempo puede negarse una realidad antes de que la negación misma se convierta en una elección. Ese límite ya ha sido cruzado.

El régimen en Cuba ha perdurado no solo debido a su control interno, sino también por algo igualmente decisivo más allá de sus fronteras: la falta de una presión sostenida y organizada donde más importa. Así como una complicidad implícita por parte de sus supuestos enemigos jurados. Eso debe terminar.

Y la responsabilidad de ponerle fin no recae en instituciones abstractas. Recae en los cubanoamericanos.

Algunos pueden ver esto como una contradicción: por un lado, afirmo que el establishment de los Estados Unidos tiene una deuda con el pueblo cubano; por otro, insisto en que nosotros, dentro de la comunidad cubanoamericana, tenemos el deber vinculante de presionar a ese mismo establishment hasta que ya no pueda esconderse detrás de excusas débiles. Hasta que ya no pueda mirar hacia otro lado.

Pero aquí no hay contradicción. Ambas cosas son ciertas. Un derecho, incluso cuando existe, no es lo mismo que un derecho que puede ejercerse. La historia no nos concede su cumplimiento simplemente porque nos deba justicia. Lo que se debe aún debe ser reclamado, y lo que se reclama debe ganarse en la práctica, mediante la persistencia, la presión y el sacrificio.

No estamos negando la deuda. La estamos haciendo valer.

La verdad sin poder no cambia nada

Durante décadas, los cubanoamericanos han dicho la verdad. Hemos hablado de la represión. Hemos advertido sobre la influencia. Hemos insistido en que la Junta de La Habana no es un asunto marginal. Y hemos afirmado inequívocamente que constituye una amenaza directa y grave para los intereses vitales de los Estados Unidos.

Y, sin embargo, la verdad por sí sola no ha sido suficiente. Porque en política, la verdad que no está respaldada por presión se convierte en ruido de fondo. Se reconoce, se archiva y se ignora. Si la verdad ha de importar, debe convertirse en algo más: poder.

De comunidad a fuerza política

Los cubanoamericanos no son solo una comunidad. Son una circunscripción política, y las circunscripciones que actúan estratégicamente no piden ser escuchadas. Se vuelven imposibles de ignorar.

Eso significa ir más allá de la expresión hacia la organización:

Así es como se construye la influencia. No mediante voces aisladas, sino mediante voces alineadas.

El voto es palanca

En Estados Unidos, la atención política sigue a los incentivos. Y el incentivo más poderoso es la consecuencia electoral.

Si Cuba no es un tema de votación, no será una prioridad de gobierno. Esa realidad no es cínica. Es estructural.

Por lo tanto, los cubanoamericanos deben actuar en consecuencia:

Esto debe hacerse no de manera simbólica, sino con determinación y sin disculpas.

La política no es abstracta; es presión aplicada

La acción política debe traducirse en expectativas concretas, no en compromisos vagos ni en gestos retóricos. Debe convertirse en una presión sostenida para políticas que:

La política sigue a la presión. Siempre.

La narrativa es un campo de batalla, y debe ser disputada

La acción política no se limita a las instituciones. Se extiende a la narrativa. Cada vez que el régimen cubano es descrito como irrelevante, obsoleto o contenido, se crea un espacio para la inacción.

Ese espacio debe cerrarse de manera sistemática e implacable. Los cubanoamericanos deben:

Porque la lucha por la política comienza con la lucha por la descripción. Por la narrativa.

No más intermitencia

Una de las mayores ventajas del régimen ha sido la inconsistencia de la presión ejercida en su contra. Momentos de atención seguidos por largos períodos de silencio. Ese patrón no puede continuar. La presión debe volverse continua, predecible y creciente cuando sea ignorada. Porque lo que es intermitente puede gestionarse, pero lo que es constante no.

Conclusión

La pregunta ya no es si los cubanoamericanos comprenden lo que está en juego. Lo comprendemos. La cuestión es si esa comprensión se traducirá en una fuerza política sostenida. No en una defensa ocasional. No en gestos simbólicos. Sino en una acción organizada, estratégica y persistente que haga imposible la indiferencia.

El régimen cubano ha sobrevivido en parte porque la presión en su contra ha sido inconsistente. Esa es una condición, y las condiciones pueden cambiar. Pero no esperando ni confiando en la esperanza, ni postergando el problema para que lo resuelvan las generaciones futuras. Sino actuando, deliberadamente, colectivamente y sin pausa, hasta que la verdad deje de ser algo que pueda reconocerse e ignorarse, y pase a ser algo que deba ser respondido.

Tres puntos clave

Andrés Alburquerque, miembro sénior, MSI²

Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

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