Resumen ejecutivo: Esta tercera entrega de la serie sostiene que la permanencia del régimen cubano no es únicamente resultado de la represión interna, sino también de una presión externa insuficiente e inconsistente. Argumenta que los cubanoamericanos poseen tanto la autoridad moral como el peso político necesarios para transformar las verdades históricas sobre el régimen en poder político efectivo. Mediante la organización estratégica, la influencia en los incentivos electorales, la configuración de las narrativas públicas y la exigencia de acciones políticas concretas, la comunidad puede obligar al establishment de Estados Unidos a mantener una atención sostenida. El artículo concluye con un llamado a pasar de una defensa intermitente a un compromiso político continuo y coordinado capaz de impulsar cambios significativos.
Cuba y Estados Unidos: Una historia de entrelazamiento y consecuencias (Parte III)
Cuba sigue siendo un tema geopolítico crítico con implicaciones para la seguridad nacional de Estados Unidos
Por qué esto importa
Cuba sigue siendo un tema geopolítico crítico con implicaciones para la seguridad nacional de Estados Unidos, la estabilidad regional y la credibilidad de los valores democráticos en el hemisferio occidental. La persistencia del régimen influye en los patrones migratorios, la represión transnacional y la presencia estratégica de actores extrahemisféricos. Comprender el papel de los cubanoamericanos como circunscripción política pone de relieve cómo la participación cívica interna puede moldear los resultados de la política exterior. Una presión sostenida y organizada es esencial para garantizar que la política estadounidense refleje tanto los intereses estratégicos como los principios democráticos.
Preludio
Tres tristes verdades guían esta serie:
1- La caída de Cuba no era inevitable.
2- Sus consecuencias generaron responsabilidad.
3- La responsabilidad exige acción.
Todo lo que sigue es un argumento a favor de tomar estas verdades con seriedad.
PARTE III
No más silencio, no más excusas: Los cubanoamericanos deben convertir la verdad en poder
Existe un límite a cuánto tiempo puede negarse una realidad antes de que la negación misma se convierta en una elección. Ese límite ya ha sido cruzado.
El régimen en Cuba ha perdurado no solo debido a su control interno, sino también por algo igualmente decisivo más allá de sus fronteras: la falta de una presión sostenida y organizada donde más importa. Así como una complicidad implícita por parte de sus supuestos enemigos jurados. Eso debe terminar.
Y la responsabilidad de ponerle fin no recae en instituciones abstractas. Recae en los cubanoamericanos.
Algunos pueden ver esto como una contradicción: por un lado, afirmo que el establishment de los Estados Unidos tiene una deuda con el pueblo cubano; por otro, insisto en que nosotros, dentro de la comunidad cubanoamericana, tenemos el deber vinculante de presionar a ese mismo establishment hasta que ya no pueda esconderse detrás de excusas débiles. Hasta que ya no pueda mirar hacia otro lado.
Pero aquí no hay contradicción. Ambas cosas son ciertas. Un derecho, incluso cuando existe, no es lo mismo que un derecho que puede ejercerse. La historia no nos concede su cumplimiento simplemente porque nos deba justicia. Lo que se debe aún debe ser reclamado, y lo que se reclama debe ganarse en la práctica, mediante la persistencia, la presión y el sacrificio.
No estamos negando la deuda. La estamos haciendo valer.
La verdad sin poder no cambia nada
Durante décadas, los cubanoamericanos han dicho la verdad. Hemos hablado de la represión. Hemos advertido sobre la influencia. Hemos insistido en que la Junta de La Habana no es un asunto marginal. Y hemos afirmado inequívocamente que constituye una amenaza directa y grave para los intereses vitales de los Estados Unidos.
Y, sin embargo, la verdad por sí sola no ha sido suficiente. Porque en política, la verdad que no está respaldada por presión se convierte en ruido de fondo. Se reconoce, se archiva y se ignora. Si la verdad ha de importar, debe convertirse en algo más: poder.
De comunidad a fuerza política
Los cubanoamericanos no son solo una comunidad. Son una circunscripción política, y las circunscripciones que actúan estratégicamente no piden ser escuchadas. Se vuelven imposibles de ignorar.
Eso significa ir más allá de la expresión hacia la organización:
- Coordinar los mensajes a través de los medios, la academia y el discurso público.
- Construir coaliciones con otras comunidades afectadas por la inestabilidad regional.
- Garantizar que el régimen cubano no sea tratado como un tema de nicho, sino como uno hemisférico.
Así es como se construye la influencia. No mediante voces aisladas, sino mediante voces alineadas.
El voto es palanca
En Estados Unidos, la atención política sigue a los incentivos. Y el incentivo más poderoso es la consecuencia electoral.
Si Cuba no es un tema de votación, no será una prioridad de gobierno. Esa realidad no es cínica. Es estructural.
Por lo tanto, los cubanoamericanos deben actuar en consecuencia:
- Recompensar a los candidatos que demuestren claridad y coherencia.
- Retirar el apoyo a aquellos que minimicen o evadan el tema.
- Hacer de Cuba un componente visible y articulado de la rendición de cuentas política.
- Denunciar, sin ambigüedades, a todos aquellos que actúen como quintacolumnistas o cómplices del régimen.
Esto debe hacerse no de manera simbólica, sino con determinación y sin disculpas.
La política no es abstracta; es presión aplicada
La acción política debe traducirse en expectativas concretas, no en compromisos vagos ni en gestos retóricos. Debe convertirse en una presión sostenida para políticas que:
- Apoyen a los actores democráticos y a la sociedad civil independiente.
- Mantengan el escrutinio sobre las relaciones e influencias externas del régimen, especialmente dentro de los Estados Unidos.
- Rechacen la normalización que se produzca a expensas de la realidad política.
- Traten a la Junta no como un caso aislado, sino como parte de una dinámica regional más amplia, esa misma dinámica que ha dictado durante tanto tiempo ante nuestros propios ojos.
La política sigue a la presión. Siempre.
La narrativa es un campo de batalla, y debe ser disputada
La acción política no se limita a las instituciones. Se extiende a la narrativa. Cada vez que el régimen cubano es descrito como irrelevante, obsoleto o contenido, se crea un espacio para la inacción.
Ese espacio debe cerrarse de manera sistemática e implacable. Los cubanoamericanos deben:
- Desafiar las distorsiones en el discurso público y la retórica política.
- Rechazar el lenguaje que minimiza, oscurece e incluso edulcora una tragedia.
- Introducir claridad en las conversaciones donde se prefiere la ambigüedad.
Porque la lucha por la política comienza con la lucha por la descripción. Por la narrativa.
No más intermitencia
Una de las mayores ventajas del régimen ha sido la inconsistencia de la presión ejercida en su contra. Momentos de atención seguidos por largos períodos de silencio. Ese patrón no puede continuar. La presión debe volverse continua, predecible y creciente cuando sea ignorada. Porque lo que es intermitente puede gestionarse, pero lo que es constante no.
Conclusión
La pregunta ya no es si los cubanoamericanos comprenden lo que está en juego. Lo comprendemos. La cuestión es si esa comprensión se traducirá en una fuerza política sostenida. No en una defensa ocasional. No en gestos simbólicos. Sino en una acción organizada, estratégica y persistente que haga imposible la indiferencia.
El régimen cubano ha sobrevivido en parte porque la presión en su contra ha sido inconsistente. Esa es una condición, y las condiciones pueden cambiar. Pero no esperando ni confiando en la esperanza, ni postergando el problema para que lo resuelvan las generaciones futuras. Sino actuando, deliberadamente, colectivamente y sin pausa, hasta que la verdad deje de ser algo que pueda reconocerse e ignorarse, y pase a ser algo que deba ser respondido.
Tres puntos clave
- La verdad debe transformarse en poder político. Aunque los cubanoamericanos han expuesto durante mucho tiempo las realidades del régimen cubano, el cambio significativo requiere convertir esta verdad en una influencia política sostenida mediante la organización, la defensa activa y el compromiso estratégico.
- La palanca electoral es esencial para el cambio de políticas. Las prioridades políticas en Estados Unidos están moldeadas por incentivos electorales. Convertir a Cuba en un tema decisivo de votación puede obligar a los responsables políticos a adoptar posiciones más claras y coherentes hacia el régimen.
- La presión sostenida y coordinada genera resultados. La atención intermitente ha permitido la permanencia del régimen cubano. Una presión continua, organizada y basada en coaliciones, tanto en el ámbito político como en el narrativo, puede alterar el entorno estratégico y fomentar las condiciones para un cambio democrático.
Andrés Alburquerque, miembro sénior, MSI²
Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com
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