MIAMI.- El Buró Federal de Investigaciones (FBI) reveló nuevos detalles sobre la trayectoria clandestina de Víctor Manuel Rocha, el exembajador estadounidense de origen colombiano que espió para el régimen cubano durante más de cuatro décadas desde el interior del gobierno de Estados Unidos.
A través de un episodio del podcast Inside the FBI titulado ‘Catching a Cuban Spy’, agentes de la División de Contrainteligencia y Espionaje de la agencia federal describieron a Rocha como un individuo carismático y camaleónico, cuya capacidad de adaptación social le permitió ascender en la estructura diplomática estadounidense sin ser detectado.
Rocha, de 75 años, cumple una condena de 15 años de prisión impuesta en abril de 2024 por un tribunal federal de Miami.
Camaleón dentro del Departamento de Estado
El podcast del FBI reveló que Rocha eligió el Departamento de Estado como vía de acceso al gobierno federal en parte porque el proceso de incorporación no incluía el uso del polígrafo, una herramienta que él consideraba difícil de superar dada su escasa habilidad para mentir de manera convincente.
Ocho años después de su reclutamiento por la Dirección General de Inteligencia (DGI) de Cuba, en 1981, Rocha ingresó formalmente al servicio diplomático estadounidense.
Desde su infancia en Harlem, donde llegó a los diez años procedente de Colombia, hasta su paso por internados en Connecticut y universidades de la Ivy League, Rocha demostró una notable capacidad para integrarse en entornos diversos y ganarse la confianza de quienes lo rodeaban.
Los agentes del FBI describieron esta habilidad como su principal fortaleza: una capacidad de adaptación social que le permitió superar investigaciones de antecedentes y navegar los complejos circuitos burocráticos del gobierno sin despertar sospechas.
A lo largo de su carrera, Rocha ocupó cargos de creciente relevancia: fue embajador de Estados Unidos en Bolivia entre 2000 y 2002, integró el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca como funcionario principal para las Américas, se desempeñó como alto diplomático en La Habana, Buenos Aires, Ciudad de México y República Dominicana, y tras su jubilación fue asesor del jefe del Comando Sur del Pentágono entre 2006 y 2012.
Cuatro décadas de filtraciones
Según el FBI, Rocha mantuvo reuniones presenciales con sus contactos en la DGI a quienes entregó documentos y compartió información clasificada del gobierno estadounidense. Su acceso fue especialmente amplio: obtuvo datos sobre el programa Contra en América Central, políticas de la Casa Blanca, acuerdos migratorios, identidades de funcionarios y operaciones sensibles.
Durante al menos dos décadas, Rocha tuvo la capacidad de transmitir información que, de ser revelada, podía causar daños graves a la seguridad nacional estadounidense.
El impacto de las filtraciones de Rocha se vio reforzado por su relación indirecta con otros espías al servicio de Cuba, como Ana Montes, exanalista de la Agencia de Inteligencia de Defensa, y Walter Kendall Myers, vinculado al Departamento de Estado.
Según el FBI, la inteligencia suministrada por Rocha permitió a La Habana obtener una visión integral de las operaciones estadounidenses en América Central, lo que facilitó respuestas rápidas y precisas por parte del gobierno cubano y, en algunos casos, derivó en consecuencias fatales en la región.
“Fueron décadas (...), décadas que fueron profundas. Casi 40 años (...) de mucho peligro”, declaró Rocha ante el agente encubierto del FBI que lo condujo a la trampa que terminó con su arresto.
El FBI reveló además que los servicios cubanos utilizaron el nombre en clave “BUHO” para referirse a Rocha, lo que complicó su identificación durante años, ya que los registros de comunicación solo incluían referencias entre oficiales cubanos y no directamente con él. Rocha, por su parte, prefería referirse a Cuba como “La Isla” y a sus superiores en la DGI como “los compañeros”.
Caída de Rocha
La investigación que condujo al arresto de Rocha culminó con una operación encubierta diseñada por el agente especial Michael J. Haley, asignado a la Unidad de Seguridad Nacional de la oficina del FBI en Miami.
El 15 de noviembre de 2022, un agente que se presentó bajo el nombre de “Miguel” contactó a Rocha por WhatsApp y se identificó como representante de la DGI. Rocha aceptó la comunicación y al día siguiente acudió a una reunión presencial frente a la Primera Iglesia Presbiteriana de Miami, en el barrio de Brickell.
En esa reunión y en encuentros posteriores entre 2022 y 2023, Rocha fue grabado en secreto mientras elogió a Fidel Castro como “el comandante”, se refirió a Estados Unidos como “el enemigo” y confesó que su mayor preocupación durante su carrera en el Departamento de Estado había sido “fortalecer la revolución” cubana.
También reveló que su último viaje a La Habana había sido entre 2016 y 2017, cuando ingresó a la isla con su pasaporte dominicano para evitar ser rastreado.
“Para mí, lo que se ha hecho ha fortalecido a la Revolución. La ha fortalecido inmensamente. No podemos poner eso en peligro”, afirmó Rocha al agente encubierto del FBI durante un encuentro en febrero de 2023.
Rocha fue arrestado el 1 de diciembre de 2023 en Miami, tras confesar sus actividades al agente que se había hecho pasar por un espía cubano.