LA HABANA. - En un almacén estatal ubicado en las inmediaciones de la Universidad tecnológica José Antonio Echevarría (CUJAE), en Marianao, al oeste de La Habana, en Cuba, se amontonan tantos depósitos de combustible en diversos formatos que entorpecen la circulación del montacargas. Cada mañana acuden decenas de clientes al establecimiento y lo mismo compran: un isotanque con miles de litros de diésel, que 400 o 500 litros de gasolina especial.
Cuerpos represivos y burguesía castrista, destino de combustible importado desde EEUU
Nadie del sector privado tiene la logística ni el poder financiero para comprar e importar millones de barriles mensuales, eso solo puede hacerlo el Estado
Un empleado revela a DLA que “por lo general esa gente (emprendedores privados) suele comprar de 400 a mil litros dos veces al mes. Los que acarrean miles de galones y arriendan camiones cisterna de CUPET -empresa de GAESA sancionada por el gobierno de Estados Unidos- son determinadas empresas estatales. A veces para llevar a gasolineras de CUPET que supuestamente son alquiladas por MIPYMES”.
Un funcionario del Ministerio de Energía y Minas reconoce que “el gobierno, específicamente GAESA, ha diseñado un esquema con empresas tapaderas particulares para ocultar el combustible que compran en EEUU. Nadie del sector privado tiene la logística ni el poder financiero para comprar e importar millones de barriles mensuales. En Cuba eso solo puede hacerlo el Estado. En particular, GAESA, que tiene una flota de tanqueros de combustible, miles de millones de dólares en cuentas en el exterior y almacenes y depósitos soterrados a lo largo y ancho del país”.
Jorge Piñón, analista del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, coincide en que la magnitud de estas importaciones demuestra que la estatal Unión de Petróleo de Cuba (CUPET) sigue siendo el receptor y distribuidor final de esos recursos, al ser la única entidad con la infraestructura necesaria para almacenar y procesar semejantes volúmenes de combustible.
Los testaferros
Aprovechándose de la licencia otorgada por el Departamento del Tesoro a supuestos negocios privados, decenas de testaferros del régimen e instituciones estatales obtuvieron el permiso de las autoridades norteñas. Una exhaustiva investigación de CubaNet, publicada en el mes de febrero, confirmó que varias MIPYMES de la familia Castro y de GAESA fueron elegidas para importar combustible.
Y que la mayoría de las 150 empresas que habían presentado formalmente la solicitud para importar hidrocarburos, fueron autorizadas por el Consejo de Estado. Algunos negocios, teóricamente privados, como Agroindustrial Media Luna, de Ciego de Ávila, mantienen estrechos vínculos con el régimen.
El Proyecto de Desarrollo Local Gaia, cuya dueña es Lisa Titolo Castro, hija de Mariela Castro y el italiano Paolo Titolo, aparece en una lista con al menos dos contratos ya firmados para importar combustible. “Rubio y Trump están mareados. En Cuba no hay una frontera que delimite el sector estatal del privado. La mayoría de las MIPYMES no son autónomas. Ocho de cada diez litros de gasolina que entra al país se lo apropia el Estado”, señala un especialista de CUPET.
El entramado empresarial y financiero de la dictadura castrista es surrealista. Un antiguo funcionario de CIMEX, una compañía pantalla de negocios gestionada por la inteligencia cubana, hace un poco de historia.
“Con el pretexto de burlar el bloqueo (embargo), Fidel Castro autorizó al MININT a crear un ramillete de empresas con múltiples propósitos. Lo mismo adquirían tecnología punta de informática o biotecnología que compraban al bulto pacotillas baratas en Panamá para canjear por joyas y obras de arte en la época de las casas del oro y la plata, donde las ganancias del gobierno, saqueando el patrimonio familiar, fue monumental”.
Las pantallas
“En Panamá, con la anuencia de Torrijos primero y Noriega después, se establecieron decenas de empresas pantalla de la inteligencia cubana dedicadas a la importación y también a la venta de visas a cubanos que querían emigrar. En Canadá, Madrid, México DF o Luanda, en Angola, también tenían bases de operaciones. Gracias a esos entramados y cientos de emigrados que, o eran agentes de la Seguridad del Estado que estaban chantajeados o por dinero vendían hasta su madre, el gobierno cubano compraba por canales clandestinos lo que quisieran”, reconoce el exfuncionario.
Según la fuente, los servicios especiales de Castro tenían diversas formas de entrar ilegalmente a la Florida y establecer cédulas durmientes con sólidas leyendas aprovechando la emigración cubana en Estados Unidos. “Desde hace muchos años se han establecido negocios en EE. UU., en especial en la Florida, que favorecen al gobierno cubano y le permiten ganar cientos de millones de dólares. Ahora Trump le ha puesto un freno. Pero esas empresas y agencias tienen la capacidad de apagarse y retornar cuando baje el temporal. En el caso de la compra de grandes cantidades de combustible, es obvio, para cualquiera que conozca mínimamente cómo funciona el Estado en Cuba, que detrás están los servicios especiales”.
El funcionario del ministerio de Energía y Minas cuenta que “a pesar de haberse importado una cifra récord de combustible en julio, agosto y septiembre, eso no ha impactado de forma positiva en la economía o en la mejora de los servicios públicos. En la empresa eléctrica la estrategia ha sido repartir el combustible por buchitos. Desde septiembre se viene entregado cierto nivel de fuel oil y diesel a los grupos electrógenos. Pero no la cantidad necesaria para echar andar los mil 400 watts disponibles".
"Se entrega una cantidad de combustible para mantener operando cien o doscientos watts en determinadas jornadas. Y solo ha favorecido a una zona de La Habana donde los apagones disminuyeron de veinte y más horas diarias a doce y quince horas. El resto del país sigue igual, con corte eléctricos que pueden extenderse a varios días”.
Entre el mes de julio y agosto, según datos del Departamento de Comercio de EEUU, Cuba ha importado más de 110.000 barriles diarios de combustible, una cantidad que supera las entregas subsidiadas de Venezuela en la primera década del 2000. DLA indagó con varios funcionarios de empresas esenciales como comunales -los encargados de la recogida de basura- transporte, acueducto, salud pública, ETECSA y servicios funerarios para conocer si en los últimos meses recibieron una mayor cantidad de combustible y cómo ello puede beneficiar a la población.
Un directivo municipal de comunales asegura que “siguen recibiendo niveles muy reducidos de combustible para la recogida de basura”. Y hace una comparación: “En aquellos años que Hugo Chávez hablaba de que Cuba y Venezuela navegaban juntos en un mar de felicidad, en La Habana nos daban miles de litros diarios para abastecer a una flota de más de cien camiones de recogida. También disponíamos de diésel para otros camiones de empresas y tractores encargados de apoyar la recogida de desechos”.
Recortes Vs. importación
“Los recortes de combustible no comenzaron ahora. Ya desde 2015, gradualmente, el gobierno entregó un 30 por ciento menos de combustible, alegando el manido tema del ahorro. En 2019, con la llamada 'coyuntura' de Díaz-Canel, los recortes alcanzaron el 60 por ciento. Entre 2024 y 2025 se entregó menos. Ya para esa fecha recibíamos un 80 por ciento menos en comparación con 2014. Y a raíz del bloqueo de Trump a las importaciones de combustible a Cuba, nos dieron unos cientos de litros a la semana que solo alcanzaban para recoger la basura en algunas de las arterias principales de la ciudad. A veces ni eso”.
Un funcionario de Salud Pública expresa que “de ese chorro de combustible del que se habla en las redes sociales —la prensa oficial no habla del tema— no hemos visto casi nada”. Hay hospitales en la isla con generadores eléctricos que no funcionan y si funcionan, no nos entregan combustible. La solución ha sido situar los centros de salud en circuitos priorizados. Pero el sistema electroenergético es tan inestable que esos circuitos también sufren apagones de muchas horas y cuando se cae el sistema, un par de días sin luz. Por eso están paradas las cirugías, excepto las de urgencia”.
Un empleado de una terminal de ómnibus al sur de La Habana asevera que “desde la etapa de la pandemia, cuando se paralizó el transporte público en la ciudad, al reanudarse el servicio, los recortes en la entrega de combustible provocaron que la frecuencia de muchas rutas se extendiera de diez o veinte minutos a una hora y media en las rutas P, que son las más importantes. Ya en 2024, además de ómnibus rotos y falta de piezas de repuesto, en los paraderos recibíamos tan poco combustible que la frecuencia se alargó a dos y tres horas en cada ruta. Y este año hemos tenido un mes completo sin salir una guagua. En septiembre se nos asignó un poco de diésel para garantizar una ruta por la mañana y otra por la tarde”.
Un ingeniero de ETECSA, ahora radicado en España, recuerda que “cuando en 1994 se creó ETECSA, cuando una firma extranjera aportaba capital, nos daban 200 litros mensuales para cada automóvil. Pocos años después lo disminuyeron a 150 litros al mes. Luego hubo otro recorte y nos entregaban 100 litros de gasolina, que se mantuvo por un tiempo. En determinado momento lo recortaron todavía más, pero no alcanzaba para trabajar y restablecieron 100 litros mensuales. Mucho antes de las medidas restrictivas de Trump, solo nos daban veinte litros”, afirma el especialista.
Servicios esenciales
Esa disminución progresiva en la entrega de combustible a servicios básicos esenciales para la población ha provocado que las conexiones de internet sean un auténtico caos al igual que el servicio de telefonía fija y móvil. Una directiva de Aguas de La Habana se queja de que “al acueducto se le ha recortado en un 70 por ciento la cantidad de combustible en comparación con hace diez años. Para intentar compensar el Estado nos han entregado algunos carros eléctricos. Pero el bombeo de agua en las ciudades, sobre todo en La Habana, se ve afectado por los apagones y la falta de combustible. Según el presidente Díaz-Canel, van a entregar un volumen de combustible para no afectar el bombeo de agua a la población. Pero de momento nada”.
Un funcionario de servicios funerarios apunta que “la situación es súper crítica. Y esto no viene de ahora. Tenemos déficit de combustible y otros recursos desde hace doce años. Hemos tenido momentos en que los familiares compran la gasolina o el diésel para trasladar el féretro al cementerio. Y en los pueblos fuera de La Habana la gente se las tiene que arreglar como puedan para sepultar a sus seres queridos”.
Directivos y funcionarios de servicios públicos se preguntan a dónde va a parar esa cantidad de combustible importada de EEUU. De acuerdo con investigaciones de DLA, una parte considerable se almacena como reserva estatal para casos de guerra y otras emergencias. A las fuerzas policiales y cuerpos represivos no les falta el combustible. Tampoco a la burguesía castrista.
ESPECIAL
@DesdeLaHabana
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