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ANÁLISIS

Del miedo a la valentía

En Venezuela ya no hay miedo de ese que suele describirse como el que paraliza, el que te congela, o el que te lleva a huir

Por Gladys Arellano

Ayer mi hijo me preguntaba sobre los jóvenes en Venezuela manifestando. ¡Pero mamá!, ¿no tienen miedo?

La ética de Aristóteles sobre el miedo y la valentía me ayudaron a responderle sin tener que mentirle. En Venezuela los jóvenes sí tienen miedo. El slogan “¡Se acabó el miedo!” es más bien un “¡Asumimos nuestro miedo por ese fin noble que se llama Libertad!”.

En Venezuela ya no hay miedo de ese que suele describirse como el que paraliza, el que te congela, o el que te lleva a huir. (Aristóteles quizá lo llamaría el exceso de miedo de la cobardía)… Tampoco hay esa “ausencia de miedo” del alma sin movimiento que se encuentra en estado de apatía y nada le importa.

En Venezuela el miedo está mas vivo que nunca. Hoy va de la mano con la valentía y ha colocado a toda una nación en movimiento, desde la ‘esperanza’ de lograr un fin… Venezuela es una nación ‘despierta’ que sueña con La libertad.

Donde hay miedo hay esperanza. Pero no esa esperanza milagrosa de desear algo para que caiga del cielo y mágicamente se de. Sino esa esperanza traducida en el cálculo racional de un fin. En Venezuela se ha llegado a ese momento coyuntural donde ahora o nunca hay que racionalmente seguir saliendo a la calle para lograr un objetivo.

Y mi hijo como siempre, me acorrala “¿Pero qué es “salir a la calle?". Yo internamente me reprocho, “¡Qué fácil es predicar desde Miami!"... Sin embargo, trato de explicar: salir a la calle no debe ser mera temeridad o desestimar el miedo. Debe ser “resistencia pacífica”: algo disciplinado estratégicamente bien montado. Resistencia pacifica es encausar ese miedo, usarlo para reconocer los peligros y ponerlo a trabajar mano a mano con la valentía para lograr objetivos. Esa responsabilidad cae hoy sobre los hombros de los líderes políticos y de todos los venezolanos de allá, esos que se están jugando la vida y la libertad.

Dejo de darle clases machucadas de filosofía a mi hijo... Me invade una larga pausa... No puedo sino ensombrecerme, porque donde no hay miedo es del lado de las cúpulas gubernamentales: No hay miedo a la pérdida del honor, no hay miedo a la reputación, no hay miedo a la infamia. No hay vergüenza.

Y cuando no hay vergüenza, un padre no sabrá escuchar el video de su hijo cuando lo llama a “hacer lo correcto"… un guardia nacional no se reconocerá en un semejante, viendo en éste a su hermano, su hijo, o su madre.

... Y cuando a la desvergüenza se le agrega la ceguera del poder… no importan los medios para lograr el fin de permanecer en el poder: matar, torturar y arremeter contra la población no te duele, porque hace mucho tiempo le dejaste de tener miedo a la falta de dignidad.

(Gladys Arellano, forma parte de la diáspora venezolana que ahora vive en Miami. Estudió Filosofía en la Universidad Simón Bolívar, de Caracas.)

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