MIAMI.- Nunca se alejará de mi memoria la anécdota que hacía mi padre, médico, sobre un neurocirujano del Hospital Hermanos Ameijeiras, en La Habana, que iba de su casa al trabajo todos los días en una desvencijada bicicleta china. “Llegaba al hospital para operar con las manos aún temblorosas después de pedalear 20 kilómetros”, me contaba. Cuando le pidió gasolina a la dirección del hospital y al menos una hora para recuperarse a su llegada, esto le fue negado.
Denuncian que Cuba usa a los médicos como objetos de su propiedad
Para muchos es una verdad de Perogrullo que los médicos cubanos siempre han sido subestimados y maltratados en la isla. El pago deficiente, las obligaciones como las guardias no remuneradas, el robo de salarios y los castigos en caso de deserción son constantes en la vida de estos profesionales.
A partir de esta situación que ha afectado a los galenos cubanos por tantas décadas, el fundador de la ONG Defensores de los Presos Cubanos (Cuban Prisoners Defenders), Javier Larrondo, explicó a DIARIO LAS AMÉRICAS cómo a partir de los testimonios de decenas de médicos se conformó una denuncia que ha sido presentada ante la Corte Penal Internacional (CPI).
Esta demanda se ha presentado en varias entidades, como Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional, y los médicos han sido protegidos con el anonimato al tratarse de víctimas de tráfico humano.
Un régimen que abusa de sus profesionales
Según indicó Larrondo, la idea de presentar está demanda surgió “a raíz de la defensa de Tomás Núñez Magdariaga, que llevaba 30 días en huelga de hambre porque fue acusado injustamente por la Seguridad del Estado [inteligencia cubana]. Todo eso generó una rabia contenida. Cuando terminamos y salió de prisión vivo de milagro, de alguna manera José Daniel Ferrer [líder del grupo opositor Unión Patriótica de Cuba] y yo pensamos a dónde llevar todos estos casos. Entonces llegué a la conclusión de que la CPI tiene jurisdicción fuera de Cuba, en donde los médicos realizan misiones”.
A través de una intensa campaña en redes sociales, obtuvo declaraciones de varios médicos cubanos expatriados, de los que quedaron 46 que actualmente figuran en la demanda.
“Son 350 páginas llenas de información. La demanda ha sido recibida por la CPI y han emitido una nota diciendo que la están estudiando. Ese estudio puede llevar meses. En paralelo hay otras acciones como un procedimiento de denuncia en Naciones Unidas. De ahí me han confirmado que hay varias relatorías que van a emitir documentación y comunicados en un periodo de un mes aproximadamente. Ya nos han pedido nombres y apellidos de declarantes que quieran dar la cara. Eso va a suponer una presión fuerte para el gobierno cubano”, detalló.
En caso de que la demanda sea efectiva, señaló que “en el momento en el que se inicie el proceso en la CPI a través de la Fiscalía existiría una orden de detención que sería vigente en 123 países. Por lo tanto, los seis dirigentes que están marcados no podrían entrar en ninguno de esos países sin ser detenidos. Estamos hablando de que en Latinoamérica todos los países son de la Corte Penal excepto Nicaragua, Haití y Cuba”.
Como afirmó Larrondo, a los médicos que se encuentran en las misiones internacionales se les coacciona para que alteren los reportes, se les vigila y hasta les controlan sus relaciones con nacionales de los países donde se encuentren prestando servicios.
Pero la restricción y la regulación son aún más elevadas. Cuando estos galenos desean apartarse del régimen o desertar, son castigados con medidas drásticas, como si de objetos se tratase. A muchos no se les permite regresar a la isla en ocho años, aunque tengan hijos esperando por ellos.
“Tenemos que ceñirnos al Artículo 7 del Estatuto de Roma, que tiene una serie de delitos. Los apartados que encajaban con nuestra denuncia eran la esclavitud, la persecución y otros actos inhumanos, porque ocurren cosas en las misiones que son indescriptibles y que muchas veces no sabes dónde encajarlos. La esclavitud, en particular, se basa en demostrar que se están ejerciendo los atributos de la posesión de la propiedad de la persona”, argumentó el fundador de Defensores de los Presos Cubanos.
Asimismo, destacó sobre este proceder que “el Derecho romano ya lo definió con tres actos: el derecho de uso, el derecho de disfrute y el derecho de abuso. Eso significa que ejerces los tres derechos de la propiedad que tienes sobre las cosas. Estos ejes se dan en los médicos. Los usan porque les reclutan cuando y como les da la gana. Los disfrutan porque el beneficio económico se lo sacan hasta la médula. Y abusan de ellos porque en numerosas ocasiones les destrozan su psicología, su físico, les ponen en peligro, e incluso después de que los han usado y ellos se quieren desprender, como si fueran un objeto, dicen ‘ahora te voy a destruir, voy a perseguir a tu familia’. Por tanto, ni siquiera podemos hablar de una esclavitud moderna, sino que ocurre desde hace decenas de años en Cuba y desgraciadamente es un poquito antigua”.
“Con respecto a la persecución, “el médico cubano es perseguido desde el primer momento porque está en un estatus legal que ya le tiene perseguido. No le dan el pasaporte corriente, le meten en unas listas de ‘regulados’ diferentes al resto. Pero como ese profesional decida que quiere liberarse, quedarse en un país, prosperar, entonces la persecución se convierte en virulenta, repugnante y agresiva”, zanjó el empresario español.
En este sentido, aseveró que “lo que se está juzgando es a una serie de personas que están poniendo en marcha una metodología criminal, estatal, sistemática sobre una población indefensa. Los perjudicados, una vez que todo este proceso legal evolucione, los perjudicados podrán acudir a otras cortes y a otros foros y pedir indemnizaciones. Habría que recompensar moralmente a esas personas, decirles públicamente ‘perdón’, a muchos de ellos habrá que compensarse económicamente”.
“Estamos hablando de los profesionales que son la vanguardia de un país. Los médicos, los profesores, los ingenieros. Y tú, a lo que levanta un país lo estás tratando como si fuera lo último, un esclavo. ¿Crees que nosotros podemos creer que tú, gobernante, quieres levantar un país, si a las clases más esforzadas, las clases más preparadas, las estás tratando así?”, denunció.
Resaltó el valor que tienen los médicos para cualquier país, menos para el régimen de Cuba. “Los médicos tienen el mérito de ser misioneros, de ayudar a los demás, y encima el mérito de aguantar a un gobierno que los trata como esclavos. Pero es el gobierno el que se lleva el mérito, dicen ‘somos nosotros, el Estado socialista’. El Estado socialista está pisoteando al pueblo, el mérito es del pueblo. Ese pueblo no te debe nada, Estado socialista, ese pueblo es con el que tú estás en deuda”.
Uno de esos profesionales de la salud pisoteados por el régimen es César Pérez (su nombre real se ha ocultado para no afectar su desempeño laboral en Cuba). Pérez, que ha trabajado como médico en la isla por unos 40 años, contó a DIARIO LAS AMÉRICAS que “los médicos son medios básicos. Le pertenecen al Estado. Son ubicados laboralmente donde le interese a la Dirección de Salud. Están totalmente desprotegidos ante los abusos de la población. El salario de un especialista es de 58 CUC al mes. Cualquier obrero no especializado gana mucho más (recolectores de basura). Un campesino puede ganar hasta el doble”.
“Las guardias médicas de 24 horas son pagadas solamente de 8 pm a 8 am a razón de 2 CUP [o 2 pesos cubanos, que representan aproximadamente 10 centavos de dólar] la hora, más el salario que devenga por día. No se le remunera de 4 pm a 8 pm. Lo que diga un director de hospital es como la palabra de un señor feudal. El médico está sujeto a las amenazas de los dirigentes administrativos y esta presión es constante”, agregó Pérez.
Tal y como aseguró Javier Larranza en torno a la exportación de su personal de la salud, “el gobierno cubano utiliza la competencia desleal: vender por debajo del precio un producto que en el mercado cuesta más caro. Ellos venden por debajo del precio porque el objeto del producto (el médico) no puede establecer el precio. Si a los médicos les dijeras que les llevas a un lugar donde su vida corre peligro ellos te dirían: ‘mi límite para estar en ese lugar son 15.000 o 10.000 dólares al mes’, lo que sea, pero lo pondrían ellos”.
“El problema es que les llevan a lugares peligrosos sin que ellos sepan el peligro real que están corriendo, y los traumas que van a pasar en esos lugares. Eso lo venden en el mercado como si fueran el resto de los médicos, es decir, los 3.000 dólares al mes que cobran los médicos en otros sitios. Por supuesto, a ellos les pagan 300 o 400 dólares. Pero el gobierno cubano lo vende a precio de médicos en lugares no peligrosos”, continuó.
Asimismo, añadió que “están vendiendo un servicio en el que no tienen competencia. Porque si viene otro país a poner médicos en esas zonas va a tener que pagar más, porque es una zona de alto peligro. La necesidad parasitaria del gobierno es tan alta que son capaces de decir ‘dame 3000, que aquí yo saco margen’. El gobierno cubano está haciendo competencia desleal, y está infravalorando el producto (el médico)”.
“Venezuela me hizo cambiar”
Para Surizaday Fernández trabajar en misiones médicas en Venezuela y Brasil representó una amarga experiencia. La cubana abandonó la misión médica y vive sola en Brasil, con familia en Cuba, Estados Unidos y Alemania, y la seguridad de que tomar esa decisión fue lo más certero.
Según relató la doctora a DIARIO LAS AMÉRICAS, se graduó de Medicina en Cuba en 2011 y al año siguiente llegó a Venezuela en su primera misión, que se convertiría en una odisea.
“Fui ubicada en el estado Guárico, municipio Ortiz. Cuando llegué al Centro de Diagnóstico Integral (CDI) el coordinador de allí, Frank Hernández Ávila, si mal no recuerdo, era bien déspota. En el CDI estuve en un cuarto dos días hasta que me ubicaron en el consultorio médico popular de La Manga, donde vivía con otras profesionales de la salud. Éramos cinco en dos cuartos bien pequeños y con un solo ventilador en un clima bien caluroso”, dijo la doctora cubana.
Pero estas dificultades, las condiciones inhumanas en las que vivía y el constante maltrato de los jefes no eran lo más grave a lo que la doctora de 26 años se enfrentaría.
“Estuve en un CDI que se llamaba Vicario Dos, en el municipio Francisco de Miranda, conocido como ‘calabozo’. Después de las elecciones de diciembre del 2013 comenzaron las famosas guarimbas y la quema de los CDI. Un día una doctora me llamó porque estaban amenazando con quemar su consultorio con ella adentro. Llamé a la coordinación del estado y la respuesta fue ‘dígale que se cierre y se quede tranquila’. Llamé a un amigo venezolano para que me llevara y la saqué del consultorio bajo mi propio riesgo. Me la llevé para mi casa porque ella estaba temblando del miedo, con un hijo pequeñito en Cuba que la esperaba”, recordó Fernández.
“Después empezó otro jurídico, que es como se conoce a los trabajadores de la contrainteligencia que vigilan allá. Se me aparecía en todos lados, sin saber que yo sabía que él autorizaba a sus amigos a beber con venezolanos en otra casa; porque los venezolanos eran amigos míos y me lo decían. Así fue que comencé a protestar por todo y empecé a convertirme en la piedra en el zapato de ellos”, agregó.
De ahí comenzó a trabajar en un lugar de pobreza extrema al que llamaban “zona blanca” debido a la presencia de drogas como cocaína. Luego, en su travesía por algunos de los barrios más peligrosos de Venezuela, fue trasladada a San Juan de los Morros, considerada una “zona roja” debido al alto nivel de violencia . Y de zonas blancas a rojas, a la joven doctora se le hizo común escuchar disparos a toda hora.
“Una noche mataron a tiros a un malandro frente a mi casa. Esa casa era básicamente de un armazón de aluminio relleno con yeso, al punto que un día, golpeando la pared con un pomito de agua para romper el hielo, empezaron a caer pedazos de pared. Me pasaba las noches sin dormir esperando que un día me abrieran las ventanas y me mataran, violaran o algo así, porque ya había pasado cerca de nosotros”, contó.
Según añadió, “cerca de donde vivía había una prisión conocida como la PGV, una de las tres prisiones con más control de la delincuencia en Venezuela. En el mes de agosto del 2016 yo tenía casi cuatro años en Venezuela. En un comando cercano se robaron decenas de granadas que por cosas que solo pasan en Venezuela fueron a parar a manos de los presos. Se acuartelaron y eran tiros de los presos para los guardias y de los guardias para ellos”.
“Venezuela me hizo cambiar. Hubo un tiempo en que si una cubana salía embarazada, aun cuando fuera de otro cubano, era revocación de misión, eso es virar para Cuba y el dinero que te tenían aguantado no lo recibes nunca. Hasta al cubano marido de ella también. Llegaron a considerar indisciplina grave embarazarse, porque algo tan bello para el gobierno cubano era pérdidas de dinero”, acotó la doctora, que guarda en su memoria anécdotas para llenar un libro.
Cómo los médicos pueden denunciar maltratos
En la página Cuban Prisoners Defenders se puede acceder a la sección Denuncias a Cuba, luego se hace click en ¿Quieres apoyar el proceso?, y abajo se puede llenar las planillas y ver todo el procedimiento.
Está información se puede brindar de forma anónima, lo cual generará un código mediante el que los que están a cargo del proceso tendrán los datos, pero no serán revelados públicamente sin previa autorización.
Sobre las distintas vías que se manejan para ofrecer un alivio a los médicos que huyen del régimen cubano, comentó que “hay dos iniciativas, una en Europa y otra en Estados Unidos (movida por Bob Menéndez y Marco Rubio). En España la iniciativa partió del diputado Carlos Rojas, del Partido Popular, y fijamos como objetivo que los médicos pudieran tener un régimen de inserción laboral en el sistema nacional español de salud. Está hecha pública la proposición de ley que será votada en el Congreso. Esas opciones para los médicos serían maravillosas. Además, es una inmigración que entraría en Europa de primera calidad”.
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