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ESPECIAL 20 DE MAYO

"El día que se caiga el comunismo en Cuba, dejo de boxear"

Hermes Enrique Orta Bernal, cuando tenía 19 años, estuvo detenido por la Seguridad del Estado cubano debido a su participación en las protestas de julio de 2021
Por DARCY BORRERO BATISTA

MIAMI. - A sus 21 años, el deportista cubano Hermes Enrique Orta Bernal acumula un historial de represión política en su contra que lo ha llevado, dice, a boxear en el exilio para visibilizar “la causa de los presos políticos y de la libertad de Cuba”. En entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS compartió detalles de su lucha por un país que recupere los valores fundacionales de una República con todos, que no siga excluyendo a quienes disienten del poder.

El joven pasó alrededor de 15 días detenido en un centro de la Seguridad del Estado en la provincia de Sancti Spíritus, en el centro de la isla. Tras haber participado en las protestas del 11 de julio de 2021 en ese territorio -denuncia- fue víctima de la discriminación política desde el momento en que la policía organizó una redada para detener a un grupo de jóvenes que pretendían volver a manifestarse contra el régimen.

“No fui discriminado por motivos de raza, sexo, idiomas, religión sino por mi pensar político. Todo el tiempo. Nos cogieron y nunca se le avisó a mi familia ni a nadie cómo pudieran llevarme nada (...) En los interrogatorios nos decían ´tú sabes lo que tú hiciste´ y si decía ´no sé por qué estoy aquí´ me contestaban: ´porque son delincuentes, cometieron un delito´. ´Yo no he cometido ningún delito, no soy un delincuente´, seguía yo y así, en ese debate estábamos. Nos decían descarados, que nos pagaban por manifestarnos. Discriminación basada en color, género o raza no hubo, pero discriminación política sí”, asegura.

Describe el calabozo como una caja oscura donde no había siquiera una taza sanitaria ni una ducha, sino “un tubo”. Además de la deficiente higiene, Orta tuvo que enfrentarse a interrogatorios en cualquier horario, así como estuvo en riesgo su salud.

“Nos sometieron a un aislamiento e incomunicación. Los primeros días no tuvimos acceso a nadie. Nosotros estábamos desaparecidos, nosotros estuvimos más de 24 horas desaparecidos. Cuando nos iban a interrogar, nos sacaban a los dos, y nos ponían en un aislamiento, en una celda solitaria mientras duraba el interrogatorio al otro. Al tercer día nos dieron un expediente que todavía tengo, es risible, decía que un grupo de muchachos estaban conspirando para protestar contra el primer secretario del Partido”, contó a DIARIO LAS AMÉRICAS.

“Estábamos en la pandemia de COVID y nos fumigaban, pero eso era un descaro porque nosotros estábamos solos en un calabozo. No limpiaban, lo que hacían era fumigar con cloro por la ventana. Cuando le dije al guardia ´estoy asfixiándome´, me dijo que no podía hacer nada, que estaba cumpliendo órdenes, y entonces le preguntamos qué pasaba si le ordenaban matarme y dijo que, si lo mandaban a matarme, me iba a matar. En un momento, ya no podía respirar, me caí en la cama -que no era cama sino una base de cemento- y me llevaron a la enfermería, me dieron unos antialérgicos. Hasta que mejoré”.

Después de haber vivido ese “infierno”, explica Orta, salió de nuevo a la calle y fue cuando empezó “lo peor”. “La vida en la calle fue más dura que estando en el calabozo porque allá yo estaba en mi burbuja, pero padres de amigos míos me dijeron ´no puedes venir más, tú tienes una cola atrás siguiéndote´. Yo tenía un oficial de la Seguridad del Estado que iba a controlarme a mi casa, yo estaba en prisión preventiva y entonces miles de personas me dieron la espalda. Mucha gente ignorante sí creyó que yo era hasta un delincuente, nos dieron de lado a mi mamá y a mí, eso me mató, mi mamá lo sufrió también en el trabajo, la sancionaron porque su hijo era un opositor”.

Estando en Cuba, detalló, todo era contra su mamá: “la amenazaban, sabían que era la parte más débil y le decían ´a tu hijo lo vamos a meter 30 años en la cárcel´. Yo digo que estando en la prisión, uno no sabía tanto, no teníamos información, la parte más dura es cuando uno sale a la calle y cómo te trata todo el mundo, ya eres un detenido político, un preso político y todo el mundo en Cuba tiene miedo porque el Estado controla todo”.

Por eso decidió irse del país vía Nicaragua. “La Seguridad se me aparecía en todos lados. Entonces, mi vida se convirtió en una odisea, me impidieron seguir en el deporte, todo el mundo tenía miedo de andar conmigo porque lo podían marcar y entonces, desde que se terminó el juicio el 13 de enero de 2022, cuando ya se nos dio la sanción (de multa), ya mi hermano me empieza a buscar pasajes para Nicaragua. Además, ellos mismos (la Seguridad del Estado) me estaban proponiendo eso. En un momento, ya agobiado, le digo al oficial: ´Compadre, qué tengo que hacer para que ustedes me dejen tranquilo, ya no aguanto esto. Aquí no puedo estar. Tengo un niño, tengo que hacer algo´. Y me dicen: ´Ya tú sabes cómo es esto, la única solución es que tú te vayas en el primer avión a Nicaragua. Yo mismo te subo´. Llegué a Nicaragua y de ahí hice la ruta para venir aquí a los Estados Unidos. Entré por Piedras Negras y a los 63 días salí bajo palabra y me cogió un mánager de boxeo y ya tengo tres peleas profesionales.

“De los siete que estuvimos en el Vivac [Centro de interrogatorio de la Seguridad del Estado], uno quedó preso y yo mi primera pelea se la dediqué a él, yo salí con la cara de él en la camiseta y yo siempre hablo con él. Y cada vez que peleo siempre salgo en representación de los presos políticos”.

Ya estando en el exilio, sostiene Hermes, empezó a dar entrevistas y eso supuso más represión para su familia en Cuba. “A mi mamá la interrogaban en todo momento, se la pasaban haciéndole preguntas, llamándola. Y a mi papá igual, pero a mi mamá más. Ella, en Cuba sola, pobrecita, a mi mamá le han pintado en la pared de la casa carteles, se la han llenado de animales muertos con sangre y le han dicho que yo no puedo entrar más a Cuba, que yo estoy acusado de traición y de terrorismo”.

Hermes, sin embargo, no pierde la fe de reencontrarse con los suyos en una Cuba sin dictadura: “El día que se caiga el comunismo, dejo de boxear. Yo boxeo para visibilizar la causa de los presos políticos y de la libertad de Cuba. Yo boxeo para eso, porque es más fácil que la gente pueda ver la información en EEUU mediante la influencia de los deportistas y artistas, muchos aquí no saben cómo es la realidad de Cuba”.

@cabezamestiza

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