Aunque las autoridades siguen sin ofrecer cifras, organizaciones de Derechos Humanos como Paz Activa informaron semanas atrás que el plagio fue el segundo delito más denunciado en la prensa, mientras que expertos como el criminólogo Fermín Mármol García aseguraron que el año pasado se registraron 3 mil casos de “secuestro exprés”, con lo cual el país se colocaría por encima de México, como el país donde más personas son privadas de su libertad por delincuentes a cambio de dinero. Ya en 2013 la organización Control Risk colocó a Venezuela como el país en la región y el quinto en el mundo donde más secuestros se registran.
Sin embargo, hay quienes, como el también criminólogo y asesor de la Comisión de Política Interior de la Asamblea Nacional, Luis Izquiel, creen que la cifra es muy superior. “Si en 2009 la encuesta de victimización que realizó el Instituto Nacional de Estadística (INE) reveló que 16 mil personas afirmaron haber sido víctimas de este delito, no creo que pueda hablarse de menos de esa cifra de cerca de 44 secuestros por día”.
Pero el buen estado de salud de esta actividad no solo se reflejaría por la cantidad de plagios, sino también porque buena parte de los perpetradores están exigiendo a sus víctimas dólares o euros, en lugar de bolívares a cambio de su libertad, apuntó el experto.
“Las bandas criminales que hoy se dedican al secuestro antes asaltaban bancos o camiones blindados, pero decidieron migrar al secuestro por dos motivos: El primero, es que es menos riesgoso, porque en los bancos hay vigilantes armados; y el segundo, es que es más lucrativo, pues los delincuentes saben que si asaltan un banco se llevarán maletas de billetes, pero billetes sin valor, en cambio un dólar vale mucho más”, agregó Izquiel, quien aseveró que en los casos que ha conocido, los criminales comienzan reclamando a sus víctimas 22 mil dólares en promedio.
Empero el asesor del Parlamento reconoció que en muchas ocasiones la cifra final que las víctimas terminan cancelando es menor. “Como este tipo de secuestradores normalmente no hacen seguimiento a los potenciales secuestrados, sino que los agarran al azar en la calle, tomando en consideración su apariencia, el vehículo que conducen, dónde se encuentran o si salen de un restaurante o discoteca de lujo, muchas veces se consiguen con gente que no tiene en realidad el poder adquisitivo que creían y por ello terminan transándose por unos cuántos dólares, cajas de licor, electrodomésticos o joyas”.
La impunidad, el principal estímulo
En la década de los noventa este delito se circunscribía exclusivamente a la zona fronteriza con Colombia y sus principales víctimas eran ganaderos. No obstante, el también catedrático de Derecho Penal, Fernando Fernández, cree que el auge de este delito, extendido por el territorio nacional, se debe a la impunidad.
“La impunidad ha permitido el crecimiento del secuestro. Por un lado está la impunidad legal, pues pese a que hay una Ley para castigar específicamente el secuestro, ella no prevé qué hacer con las bandas locales, lo cual es un vacío inaceptable y gravísimo; y por el otro está la impunidad de hecho. El Estado está sobrepasado y no cuenta con los recursos para perseguir a los criminales y castigarlos”, agregó.
En 2009 se aprobó la Ley contra el Secuestro y la Extorsión, la cual entre otras cosas elevó de 20 a 30 años la pena por cometer este delito; y además estableció que una vez las autoridades conozcan de un caso pueden bloquearle los bienes al afectado y a sus familiares para evitar el pago del rescate.
Esta última disposición, según los expertos consultados, lo que ha hecho es incrementar la cifra negra del delito, es decir, el número de casos que no se denuncian.
“Se calcula que el 70% de los casos no se denuncian, porque hay el temor, yo creo que sobredimensionado, a las represalias, por las sospechas de que hay funcionarios implicados en este tipo de crimen”, explicó Izquiel, quien también aseguró que el 98% de los plagios ocurridos en el país son “exprés”, es decir apenas duran horas, porque “así hay menos riesgos para los delincuentes, los cuales dan menos tiempo a los familiares de la víctima de reaccionar y además no requieren de infraestructura ni logística para tener a los rehenes”.
Nuevas modalidades
Esta semana el país se sobresaltó con la noticia de que la cantante Soledad Bravo había engrosado la lista de víctimas del secuestro. El pasado miércoles, en horas de la madrugada, tres sujetos encapuchados y armados ingresaron en la residencia de la artista y la maniataron a ella, a su esposo y nietos menores de edad, mientras los sujetos desvalijaban la vivienda.
Este caso, así como otros en los que los asaltantes se llevan a uno de los miembros de la familia, revelan cambios del modus operandis. “Los delincuentes se sienten confiados de que no les pasará nada y hacen acciones más arriesgadas para obtener más ganancias. Ya no necesariamente interceptan a sus víctimas en sus autos o cuando están caminando por las calles y los tienen durante horas dando vueltas, sino que hacen otras cosas”, dijo Izquiel, quien indicó que este tipo de golpes los dan cuando tienen cierta información de las víctimas obtenida gracias a alguien cercano a ellas.
Aunque reconoció que el secuestro es uno de los crímenes que más secuelas psicológicas deja en las víctimas, Fernández indicó que en la inmensa mayoría de los casos los afectados recuperan su libertad. “El objetivo del secuestro no es matar a la gente, sino conseguir dinero”, remató.
Sin embargo, las secuelas colectivas son gravísimas. Algunos economistas calculan que podría suponer hasta cinco puntos del Producto Interior Bruto (PIB). “Cuando en un país florece el secuestro, las inversiones salen huyendo. Las empresas trasnacionales evitan instalarse en ese país y las nacionales buscan emigrar”, alertó Fernández.
El este de Caracas zona roja
Para el comisario Miguel Dao, el este de Caracas, en particular parte de los municipios Chacao, Baruta y El Hatillo, a primera hora de la mañana y antes de la medianoche son los lugares con mayor incidencia de secuestros. ¿La razón? Son las zonas donde se encuentran las urbanizaciones de clase media y clase media-alta.
El exdirector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (el par venezolano del FBI) llama al corredor que va desde Santa Rosa de Lima, Santa Inés, Prados del Este, Terrazas del Club Hípico siguiendo por Los Campitos, El Peñón como la “herradura de la muerte”, pero igualmente considera de extrema peligrosidad transitar por la Cota Mil, la circunvalación norte de la capital venezolana; así como por Las Mercedes.
La organización Paz Activa informó que en Venezuela operan unas 67 bandas criminales, de las cuales 42 se dedican al plagio y a la extorsión.