Aunque la historia de Cuba como nación es una sola, tras la llegada de Fidel Castro al poder, se ha intentado, y de cierto modo logrado, que muchas realidades vividas por los cubanos en el siglo XX se hayan borrado o simplificado al extremo de que, sin darnos cuenta, las resumimos en "antes del 59" y "después del 59".
En blanco y negro
Salvador García Agüero no fue el único comunista negro de destaque antes de que llegara "el comandante y mandara a parar"
Dentro de esa visión maniqueísta cae el racismo. Desde siempre, en la Isla han existido prejuicios raciales. Pero nunca como ahora los cubanos de raza negra o mestiza se han visto más relegados en puestos claves de la política, la economía y la administración pública. No ha ocurrido lo mismo en la música y el deporte: ahí la balanza suele inclinarse hacia la negritud.
Un ejemplo de lo que escribo es la foto que preside este comentario, tomada en mayo de 1945 por Ed Clark, de la revista Life. En ella vemos a dos "polemistas e intelectuales de alto vuelo", como entonces eran identificados esos dos dirigentes del Partido Socialista Popular (PSP). El de la izquierda, con espejuelos, es Salvador García Agüero (1907-1965) y el trajeado de blanco, Juan Marinello Vidaurreta (1898-1977). Los dos eran senadores y se encontraban en uno de los recintos del Capitolio Nacional de la República de Cuba, donde entonces sesionaba el congreso.
Para esa fecha, ya había sido aprobada y estaba vigente la Constitución de 1940, en cuya redacción Salvador y Juan habían participado, como integrantes del "triunvirato comunista", junto a Blas Roca Calderío (1908-1987), mestizo, zapatero de oficio. Representante en la Cámara, Blas era considerado "un sagaz líder de acerada dialéctica".
Setenta y siete fueron los redactores o constituyentes. Los tres comunistas (negro, mulato y blanco) se sentaron de tu a tu junto a figuras tan dispares y sobresalientes como los estadistas Orestes Ferrara, José Manuel Cortina y Carlos Márquez Sterling; políticos como Eduardo Chibás, Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás; parlamentarios como Santiago Rey Pernas, Rafael Guas Inclán, Pelayo Cuervo y Emilio Ochoa o intelectuales como Jorge Mañach y Francisco Ichaso, entre otros.
Maestro de profesión, García Agüero fue un gran orador. Cuentan que entre los mejores discursos pronunciados en la Cámara de Representantes y el Senado se encontraban los suyos, por su excelente voz, dicción y exposición de ideas. Por su cualidad oratoria, en varias ocasiones sería el encargado de pronunciar el panegírico dedicado al general Antonio Maceo, en la sesión especial celebrada en el Capitolio para conmemorar su caída, el 7 de diciembre de 1896. Sus panegíricos, calificados de memorables, eran retransmitidos por Mil Diez y otras emisoras de radio.
Salvador García Agüero no fue el único comunista negro de destaque antes de que llegara "el comandante y mandara a parar". Tres de los más importantes líderes sindicales cubanos eran de piel oscura: Lázaro Peña (1911-1974), Jesús Menéndez (1911-1948) y Aracelio Iglesias (1901-1948). El camagüeyano Nicolás Guillén, era mulato y después de su fallecimiento, en 1989, sería declarado Poeta Nacional. Menos conocidos, pero también negros o mestizos, fueron algunos de los dirigentes del PSP en la capital y provincias: Juan Taquechel, Rafael Ávila, María Núñez, Severo Aguirre, Walfrido La O y Esperanza Sánchez Mastrapa, entre otros que recuerdo.
Traigo a colación la vieja militancia comunista, porque en mi opinión, a ellos correspondió haber luchado por mantener, a partir del 1 de enero de 1959, ese status de prestigio que estos comunistas negros y mulatos de humildes orígenes, supieron ganarse en años donde el color de la piel podía importar para ascender y ocupar determinados cargos, sobre todo en la política: desde siempre, hubo en Cuba negros o mulatos en el canto y el baile; el atletismo, el boxeo y el béisbol; la literatura y las artes plásticas. Por las venas de uno de los más relevantes pintores cubanos, Wifredo Lam, corría sangre negra, blanca y asiática.
Pero lamentablemente los viejos comunistas cubanos, no sólo no trataron de que al poder llegaran más negros y mulatos, por representar más de la tercera parte de la población cubana, sino que al igual que el resto de la ciudadanía, quedaron encandilados y engatusados por las promesas del naciente tirano. Dejaron de lado esas conquistas raciales y permitieron que el tema negro comenzara a ser tabú en una "revolución" mayormente encabezada por guerrilleros blancos. Aunque debe reconocerse que en los últimos años esa situación comenzó a cambiar en favor de "la gente de color".
Pero aún es insuficiente. En la actualidad, los gobernantes negros más conocidos son el matancero Esteban Lazo, el tunero Salvador Valdés Mesa, la holguinera Inés María Chapman y la santiaguera Beatriz Johnson. En 67 años de castrismo, nunca han nombrado canciller a un cubano o cubana de la raza negra o mestiza. Todos blancos: Raúl Roa, Isidoro Malmierca, Ricardo Alarcón, Roberto Robaina, Felipe Pérez Roque y Bruno Rodríguez.
Según el Censo realizado en 2012 por la Oficina de Estadística e Información de Cuba, a los encuestados se les pidió autoidentificarse: 64.1% de la población dijo ser blanco; 26.6% declaró ser mulato o mestizo y el 9.3% se consideró negro. Sin embargo, cuando usted recorre el país desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí, por doquier ve más personas negras y mestizas que blancas.
Ante el resultado de ese censo, me asalta una duda: hay mulatos 'adelantados' que en su carnet de identidad y otros documentos en la casilla correspondiente a la raza aparece una B. Ciudadanos que ellos mismos se consideran blancos. Es sólo uno de los muchos ejemplos que en materia de tonalidades cutáneas, facciones del rostro y tipos de cabello pudiera mencionar.
Esta clasificación errada se observa en mi familia materna, formada por 'capirros' y 'jabaos', entre otros nombres que los cubanos han puesto a los distintos tipos de mestizaje. Luis Antúnez, mi abuelo materno, salió blanco, como su padre, pero su madre era una negra que fue esclava. Francisca, mi abuela materna, era blanconaza, hija de mulatos claros. Casi todos mis parientes por la línea materna, han sido registrados como 'blancos'. Lo han determinado por el color lechoso de su piel, no por sus narices, labios, cabellos y otros rasgos característicos de su verdadera raza, la mestiza.
Más allá de clasificaciones étnicas locales y de resultados estadísticos oficiales, lo cierto es que después de más de seis décadas de "revolución", los negros y mestizos cubanos están a años luz de alcanzar lo que en Estados Unidos han logrado en apenas cuatro décadas: con cerca de 349 millones de habitantes y casi 48 millones de afroestadounidenses, en 2009 eligieron al primer presidente negro de su historia.
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