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REPORTAJE

Excepto la represión, en Cuba nada funciona

Cada vuelta de tuerca del Departamento de Estado les sirve de pretexto para arreciar la represión y utilizar a la población como rehén en su campaña mediática

Por IVÁN GARCÍA

En las últimas semanas, el Departamento de Estado anunció nuevas sanciones contra la añeja dictadura castrista con la intención de forzarlos a negociar una gradual transición democrática en Cuba.

La respuesta del régimen fue una jugada cantada. Más represión a opositores, periodistas independientes y ciudadanos que critican la pésima gestión de los servicios públicos.

El miedo, la cárcel y juicios ejemplarizantes han sido herramientas muy eficaces de la autocracia comunista. Durante 67 años la metódica represión les ha funcionado y han conseguido frenar el auge de grupos disidentes y acallar el descontento popular.

Se ha usado la prisión para intimidar y someter a la ciudadanía. En el Código Penal siempre existió un amplio abanico de normativas absurdas con la intención de doblegar a los cubanos. Se podía ir detenido y ser enjuiciado por no trabajarle al Estado, leer libros considerados subversivos, soñar que Fidel Castro había muerto o simplemente porque el régimen consideraba que una persona era ‘peligrosa para la sociedad’.

La ley de peligrosidad, un código de carácter fascista, llevó tras las rejas a miles de compatriotas sin haber cometido siquiera un delito. Tener el pelo largo, escuchar música de Estados Unidos o usar un jean Levi’s se consideraba ‘diversionismo ideológico’.

En Cuba existen más de 200 centros penitenciarios y figura entre las naciones con mayor cantidad de presos comunes per cápita de acuerdo a su población. Y en el caso de los presos políticos, tildados de contrarrevolucionarios por la dictadura, lideran el ranking.

Se calcula que en la Isla en estos momentos hay entre 70 y 90 mil reos comunes y 1,339 presos políticos hasta septiembre de 2026. Los reclusos son uno de los negocios más lucrativos de la dictadura. Los usan como mano esclava con trabajos forzados. Y los prisioneros políticos les sirven como monedas de cambio en cualquier negociación con un país democrático, instituciones internacionales o el Vaticano.

El modelo económico no funciona. Cuba es un desastre. Los hoteles están vacíos, ciudades con enormes basureros en las calles, proliferan las enfermedades, los mendigos y tener electricidad cuatro horas al día es un lujo.El 70 por ciento de las personas hacen una sola comida al día. Y el 90 por ciento de los cubanos viven en la pobreza. El país se vacía. En los últimos cinco años ha emigrado el 25 por ciento de la población.

El envejecimiento poblacional es una bomba de tiempo. Casi el 28 por ciento de las mujeres y hombres tienen más de 60 años. Muchos cubanos hacen colas como zombis para intentar sacar dinero de un cajero o comprar pan. Es habitual ver ancianos que alguna vez fueron profesionales de calibre con la ropa sucia y sus zapatos rotos, vendiendo en una esquina sus escasas pertenencias para poder comer.

Gracias a la maquinaria represiva y el férreo control social, no se producen manifestaciones multitudinarias cuyo fin sea derribar la anacrónica dictadura como ocurre en otros países. ¿Por qué la gente no se rebela?

La explicación puede ser más o menos razonada, pero la causa principal es el miedo a ser encarcelado y al 'asesinato' de tu reputación, algo en lo que es experta la propaganda castrista cuando denuncias públicamente el latrocinio del erario público y la mala administración de sus recursos.

En los últimos cincuenta años, cientos de personas alzaron la voz. Reclamaban un proyecto democrático de país. Y respeto por la libertad de expresión. No tenían armas de fuego. Solo la palabra y lo que consideraban su verdad. La dictadura intentó descabezarlos. Ya se sabe el método: prisión y destierro.

Un gran número de opositores fueron encarcelados, otros obligados a emigrar y unos cuantos se encuentran enfermos o ya fallecieron. El régimen ha desmembrado a la disidencia pacífica, les ha impedido tender puente con la población y minimizar su poder de convocatoria. A pesar del clima represivo, han surgido nuevos disidentes y periodistas libres.A pesar del clima represivo, la oposición no ha podido ser aniquilada.

Un ex oficial de inteligencia me contaba hace unos años que los servicios especiales conocían la fuerza de lo pequeño. “Aunque la estrategia mediática es ridiculizarlos, diciendo que son cuatro gatos y que los periodistas independientes no tienen preparación, el trabajo operativo de la Seguridad del Estado siempre ha sido fragmentar e infiltrar a esos grupos”.

“Si con 82 guerrilleros Fidel llegó al poder, imagínate que hubiera ocurrido si a las agrupaciones opositoras las hubieran legalizado y hubieran podido tener periódicos y programas en la radio y la televisión. El sistema no hubiera durado cinco años”, aseguraba el ex oficial.

Es una de las razones por qué la dictadura cubana es implacable con la disidencia. Ya sea un grupo o cualquier persona que discrepe del guión oficial. Después del 11 de julio de 2021, el régimen ha desatado una represión sistemática, obligando a cientos de activistas y periodistas independientes a exiliarse.

El acoso es aún peor para la gente de a pie. Las protestas masivas del 11J fue un parteaguas. La estrategia represiva no fue encarcelar a las más de 60 mil personas que ese día salieron a las calles a gritar libertad en más de cincuenta localidades de la Isla. El procedimiento fue identificar a potenciales líderes en sus comunidades y barrios e imponerles sanciones ejemplarizantes.

En cada protesta callejera, cuenta el ex oficial de inteligencia, “existe un grupo operativo que graba la protesta y luego hacen perfiles de posibles cabecillas”. Paralelamente, la Seguridad del Estado activa su red de delatores para recabar más información. “Si en un barrio salen cien vecinos a protestar, y después detienen y sancionan a cinco de ese entorno a varios años de prisión, esas medidas sirven para frenar el ímpetu del resto de salir a la calle a manifestarse”.

Lo mismo sucede con los nuevos líderes de opinión surgidos en las redes sociales. El objetivo ahora es la creadora de contenido Anna Sofía Benítez, más conocida como Anna Bensi, y su madre Caridad Silvente.

Actualmente, miles de cubanos en la Isla que en duros términos critican en Facebook y YouTube a la dictadura. Algunos con sus nombres, otros con perfiles falsos. Pero la policía política siempre busca criminalizar a los que tienen más seguidores y capacidad de liderazgo. Anna Bensi se ha convertido en un fenómeno comunicacional, sobre todo entre los jóvenes. Sus reels y opiniones generan miles de comentarios y se comparten entre un segmento amplio de cubanos que simpatizan con ella.

El juicio el pasado jueves 1 de octubre en un tribunal del costero poblado de Cojimar, al este de La Habana, pudiera considerarse un tiro en el pie de una dictadura más aislada que nunca. La sanción de dos años de limitación de libertad a Bensi y su madre es un mensaje de ida y vuelta a Washington, marcando territorio e intentando poner sus condiciones en las negociaciones con la Casa Blanca.

Los operadores políticos de la dictadura saben que la única salida a la debacle económica es pactar un trato con Trump y abrir la talanquera al capital de Estados Unidos. Están subastando el país en la economía, no en la política. La democracia no aparece en la agenda verde olivo.

El castrismo no quiere negociar lo que denomina aspectos políticos internos ni asuntos relacionados con la soberanía nacional. Les da igual entregar los recursos de la nación sin consultar con el pueblo, el auténtico soberano, pero ponen trabas cuando Washington les pide reformas políticas.

Ese es el punto que, por el momento, mantiene empantanadas las negociaciones. La única respuesta a las peticiones de cambios políticos ha sido más represión. Este año han detenido a decenas de activistas o los han forzado al exilio. Responden al nuevo paquete de sanciones de Estados Unidos condenando a Anna Bensi y su mamá. En la prisión de Kilo 7 espera juicio el periodista camagüeyano Henry Constantín, vicepresidente de la SIP. Y la fiscalía pide diez años de cárcel a Kamil Zayas Pérez y Ernesto Ricardo Medina, integrantes del proyecto El4artico.

Cada vuelta de tuerca del Departamento de Estado les sirve de pretexto para arreciar la represión y utilizar a la población como rehén en su campaña mediática. Y no van a parar. Es su naturaleza.

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