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ESTRATEGIA

La familia Castro apuesta por un capitalismo de amigos para intentar convencer a Washington

A los Castro nunca les dio asco encarcelar o fusilar una mañana cualquiera a un sacerdote disidente y treinta años más tarde, aliarse con la Iglesia católica, la santería, la masonería o el ñañiguismo

Por IVÁN GARCÍA

Cuando se trata de supervivencia, todo vale para la dictadura castrista. Pudiera ser sorprendente para un neófito despistado del tema cubano que un país bajo la égida comunista, en menos de 48 horas, apruebe las reformas económicas capitalistas más radicales en los últimos 67 años.

No es poca cosa para un régimen anciano donde refrendar cualquier ley suele demorar décadas. Los famosos Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, la biblia política del autócrata Raúl Castro, fue el manual de las instituciones estatales hasta que las presiones de la administración Trump forzó a tirarlo al cesto de basura.

Era un legajo de normas, una mezcla de Nostradamus con el Corán, que durante el VI Congreso del PCC, en abril de 2011 se acordó poner en marcha y que pretendían ser las líneas maestras de la economía y la política en Cuba hasta 2030. En esos Lineamientos se avalaba a perpetuidad el sistema socialista.

Se legalizaba el control político del Estado y la represión. En uno de sus apartados se prohibía acumular riquezas y capitales a los emprendedores privados, excepto aquellos con abolengo familiar o aprobados por Castro II, claro está. En otro capítulo se autorizaba una guerra civil “y al pueblo tomar las armas” en caso de un estallido social o intento de cambio de régimen.

De esos famosos Lineamientos solo se cumplió un puñado de acápites. El resto fue letra muerta. Los hermanos de Birán han sido expertos en piruetas políticas y doctrinarias. Parafraseando a Groucho Marx: 'esos eran sus principios' y si no gustaban, tenían otros. Los hermanísimos fueron muy elásticos, según les conviniera el contexto geopolítico mundial o la crisis sistémica en la Isla.

Fidel y Raúl Castro eran comunistas consumados. El escritor César Reynel Aguilera lo demuestra en su libro El Soviet Caribeño, probablemente el mejor texto que avala la labor secreta del antiguo Partido Socialista Popular y sus marrullerías en la captación de futuros camaradas de viaje.

A los Castro nunca les dio asco encarcelar o fusilar una mañana cualquiera a un sacerdote disidente y treinta años más tarde, aliarse con la Iglesia católica, la santería, la masonería o el ñañiguismo. Enviaron a prisión a miles de cubanos acusados por traficar divisas o por un intento de salida ilegal del país, y tiempo después, dolarizaron la economía. O despenalizaron la causa que les permitía encarcelar a los compatriotas que arriesgaban sus vidas para huir del disparate comunista en rústicas balsas rumbo a la Florida.

En nombre de la revolución, los Castro han mentido una y otra vez. Fidel prometió industrializar el país, producir diez millones de toneladas de azúcar, tanta carne de res como Argentina y leche y queso como Holanda. Dilapidaron recursos financieros y materiales en planes descabellados, en la subversión en América Latina y en diversas guerras en África.

Cuba nunca tuvo un modelo económico sustentable. Siempre dependió de ayudas multimillonarias de la antigua URSS o la Venezuela de Chávez, nación que saquearon salvajemente. Dividieron a los cubanos en buenos y malos, de acuerdo a su lealtad a la revolución. Los que se marchaban del país o discrepaban eran gusanos, escorias y contrarrevolucionarios. Había que odiarlos, abofetearlos, tirarlas huevos, partirles la cabeza con un trozo de cabilla.

Cuba es la única nación del hemisferio occidental donde la oposición pacífica es ilegal y sancionada con largos años de cárcel. ¿Por qué no se debe creer en la supuesta buena voluntad del castrismo? Por diversas razones que harían muy extenso el artículo. Mencionaré dos. La primera. Nunca el régimen ha ofrecido un perdón público a sus groseros disparates económicos, sociales y políticos ni a los millones de cubanos que por pensar diferente han sufrido prisión y escarnio público.

La segunda. La insostenibilidad del modelo económico del sistema y la perenne crisis, es lo que ha obligado al lobo a disfrazarse de oveja. Ese paquete económico de 176 medidas, aprobadas obedientemente por la monocorde Asamblea Nacional del Poder Popular y respaldadas por el comité central del PCC, son medidas que debieron aplicarse en la década de 1980. Pero a los Castro no les interesó.

Priorizaron la mano dura contra el sector privado desde enero de 1959, confiscando sus empresas y su capital. Cuando han autorizado pequeños bolsones de negocios particulares, ha sido siempre bajo la bota del férreo control estatal y la cuchilla arancelaria que impida su florecimiento.

Los empresarios capitalistas, inversionistas extranjeros y emprendedores cubanos, siempre han sido enemigos de clase del castrismo. Cada apertura, forzada por la crisis económica, era una ofensa para la dictadura. Su legitimidad era nula. No contaban con un marco jurídico independiente. Por cualquier capricho o de acuerdo al escenario, cambiaban las leyes y se apropiaban de sus negocios. Por las buenas o por las malas. Igual te tendían un puente de plata para que te marcharas de la isla o te enviaban a prisión, acusado de ser espía de la CIA, MI6 o el Mossad, da lo mismo.

Mientras en Cuba no exista una maquinaria legal independiente del Estado, cualquier apertura o reforma económica es pura fantasía. Investiguen cómo Fidel Castro estafó y engañó al financista estadounidense Robert Vesco, quien defraudó al fisco en su país y huyó a Cuba, y cuando dejó de serles útil, lo encarcelaron en una prisión de máxima seguridad al este de La Habana donde murió en extrañas circunstancias.

Pregúntenle a Frank Cuspinera, empresario cubanoamericano, su opinión sobre invertir en Cuba. Hace año y medio la policía política lo detuvo de forma inesperada. Cuspinera era dueño de Diplomarket, conocido como el Costco cubano, ubicado en la carretera de Berroa, al sur de la capital, un negocio en componenda con pesos pesados del régimen. Según fuentes conocedoras del caso, “cuando el gobierno vio las ganancias obtenidas por Frank, decidió aplicar el uso de la fuerza: inventarle una supuesta causa legal, decomisarle hasta el último centavo y meterlo preso junto a los peores delincuentes”.

La historia de Tokmakjian en Cuba comenzó en 1988, cuando inició sus negocios en la Isla junto al empresario, también canadiense de origen armenio, Sarkis Yacoubian, quien era presidente de la firma Tri Star Inc. Y según se rumoreaba en los corrillos empresariales, hombre de máxima confianza del gobierno. El negocio de Tokmakjian llegó a facturar 80 millones de dólares anuales. Era el distribuidor exclusivo de los automóviles sudcoreanos Hyundai.

Una mañana de julio de 2011, Sarkis fue detenido, juzgado y condenado a nueve años de cárcel. "Le confiscaron hasta los cestos de papeles”, recuerda un especialista que trabajó en la empresa. “Todos los autos que estaban en almacenes fueron decomisados y le cerraron sus cuentas. Se le acusó de corrupción y hacerles regalos a funcionarios del gobierno. Fue un montaje lo que le hicieron al viejo”.

A los empresarios británicos Amado Fakhre y Steven Purvis, directivos de la firma de inversiones Coral Capital, después de decomisados sus activos fueron condenados a prisión por corrupción. Un empresario extranjero en el sector de la hostelería cuenta que el gobierno “les debe a compañías españolas más de 350 millones de dólares y han retenido sus cuentas en bancos cubanos. Un corralito financiero a la fuerza. Tenemos dos opciones: marcharnos y demandarlos o hacernos los tontos y lisonjearlos, a ver si cobramos algo. Si te vas, no cobras y si los demanda tampoco”.

El historial del régimen castrista con inversores extranjeros es terrible. Que de repente se aparezca Díaz-Canel como un auténtico reformista de última hora es muy sospechoso. Él es un testaferro. Todo lo que se hace o deja de hacer en Cuba es bajo las órdenes de la familia Castro. Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias el Cangrejo, 41 años, ahora es la cara visible. ¿Es el Cangrejo una figura importante o un simple mensajero de su abuelo?.

Cualquier cosa es posible. Durante el imperio romano, el emperador Cayo Julio César Augusto Germánico, más conocido como Calígula, después de una extraña enfermedad, cambió la personalidad para mal y, en una de sus muchas excentricidades, nombró a su caballo Incitatus como cónsul, sentándolo en el Senado. Incluso le buscó una esposa entre las mujeres más atractivas de la sociedad romana.

Según el youtuber Juan Juan Almeida, conocedor de los entresijos familiares de los Castro, que vivió en casa de Raúl durante varios años, Raúl Guillermo padece de cierto retraso mental y es consumidor habitual de drogas. “Siempre fue malcriado y protegido por su abuelo. No me puedo creer que dirija las supuestas reformas en Cuba y haya planificado un diálogo con Estados Unidos”, dijo en su canal.

De momento, el Cangrejo ha entrado en la escena política local y actúa como un monarca supuestamente autorizado por Raúl Castro y su familia. Apareció por primera vez en una comparecencia televisiva el 19 de junio en The National, de los Emiratos Árabes Unidos.

Su nombre ha aparecido en las negociaciones con el Departamento de Estado, en el viaje del director de la CIA a La Habana y en la compra de propiedades inmobiliarias en Panamá. Raúl Guillermo no ostenta ningún cargo político ni ministerial. Tampoco es un militar importante. Su irrupción en el contexto nacional es ilegal, de acuerdo con las leyes vigentes: no fue aprobada por el presidente de la República ni por la Asamblea Nacional. Su aparición es una ratificación de quién tiene el poder real en Cuba.

Un ex diplomático jubilado considera que pudiera ser un mensaje de “ironía de la familia de Raúl Castro, queriendo decir 'les envió a un funcionario de cuarta clase para que dialogue con Marco Rubio'. Estados Unidos es el enemigo público número uno del castrismo, pero sentarse a negociar con un político de origen cubano es el peor castigo que puedan recibir. Siempre han ninguneado a la disidencia y al exilio anticastrista que acusan de la mafia de Miami".

"Para ellos, negociar en serio es sentarse con un político estadounidense genuino. El clasismo y rencor del régimen hacia los cubanos que emigraron y triunfaron en Estados Unidos es muy elevado. Por eso eligieron la carta del Cangrejo. Llegada una etapa en la cual las conversaciones pudieran ser con Trump o el vicepresidente Vance, enviarían a su tío Alejandro Castro”, opina el exdiplomático.

En lo que coinciden algunos analistas, es que negocian en nombre de la familia Castro. Los medios oficiales cubanos y también los internacionales, podrán vender múltiples hipótesis, pero la prioridad para ellos es obtener garantías y salvar el patrimonio familiar, ni siquiera les importa la revolución fidelista.

La patria y los cubanos pasan a segundo plano. De cualquier forma, las cacareadas reformas económicas llegan tarde. Se supone que los cubanos del exilio no inviertan en Cuba si se mantienen residuos del régimen que los humilló y condenó al ostracismo. Los inversionistas foráneos escudriñarán con lupa la propuesta del régimen de puertas abiertas. Por muy tentadora que parezca la oferta, hay amargas experiencias.

Por encima del deseo de ganar dinero, está la realidad: el riesgo de negociar con gobernantes que a la primera de cambio se comportan como Al Capone y ordenan confiscar el capital invertido. Siempre habrá empresarios que se aventuren a probar fortuna. Pero después no digan que no les avisaron.

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