La venta de productos de primera necesidad en las tiendas en MLC (dólares) en medio de la escasez imperante ha sido una de las decisiones del régimen más criticadas por los cubanos, que ya no se limitan a comentar en voz baja la situación de pobreza en que nos ha sumido este sistema, mientras los que ostentan el poder cada día se presentan ante el pueblo más gordos y rozagantes, reseña CubaNet

En la cola de la carnicería, mientras esperaba para comprar la media libra de esa bazofia que llaman picadillo, una joven contaba su experiencia en una tienda que vende por tarjeta MLC. Allí vio artículos muy necesarios que hace varios meses rara vez se encuentran en CUC, como puré de tomate, varios tipos de carnes y champú. “Ahí sí hay de todo”, sentenció, con lo cual dio lugar a comentarios en contra de esa medida y del periodo “coyuntural”, como nombró Díaz-Canel a la nueva hambruna que azota al pueblo cubano.

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Y es que, al tiempo que el desabastecimiento en los mercados en pesos y en CUC es cada vez mayor, aumenta asimismo el hambre y la población no se calla su descontento. En las opiniones de muchos se manifiesta que la ineficiencia radica en el régimen, que ha incrementado la represión a través de operativos contra comerciantes y cuentapropistas, elevadísimas multas a ciudadanos que apenas tienen para comer, y que ha creado 3 054 grupos de enfrentamiento integrados por 22 281 secuaces para, como en otros eventos, dividir a los cubanos y confundir a la opinión pública internacional.

“Cada día es más difícil conseguir comida”, se lamentaba Minerva mientras enumeraba las tiendas que recorrió infructuosamente en busca de pollo –que es lo único que venden–. No obstante, está satisfecha de haber podido comprar galletas de sal, pues el pancito de la cuota es muy chiquito y malo y “no hay quien se empate” con el de por la libre. “Salí de la casa a las 5:00 a.m. y marqué en el mercado a las 7. Conté delante de mí como quince personas, que a la hora de comprar se convierten por lo menos en cien”. Y es que, aunque está prohibido salir antes de las cinco de la mañana, la gente tiene tanta hambre que no le teme al toque de queda. “Ya de regreso había aceite en el CUPET. La cola no era muy grande –unas doscientas personas– pero sólo vendían un pomo, que tuve que compartir con mi cuñada”.

Cuando mi amiga mencionó las personas que marcan antes de las 5:00 a.m. recordé la queja de una televidente de Guanabacoa: “Vivo a cinco minutos de la tienda, salí de mi casa a las 5:00 a.m. y cuando llegué había seiscientas personas”. La desatinada respuesta de la dirigente entrevistada expresaba el veneno habitual para enfrentar a los cubanos entre sí: culpar a “personas inescrupulosas que viven cerca de la tienda y alquilan sus casas para que la gente pase la noche”.

¿Será que esta dirigente desconoce que los cubanos desafían el toque de queda y la COVID-19 por hambre? Todos saben que en cada tienda sacan a la venta muy poca mercancía y de un solo tipo, por eso tantas personas burlan las restricciones, al punto de pasar la noche escondidos en cualquier recoveco, incluso en los árboles, debido a esa inaudita forma de distribución que obliga a deambular en busca de los pocos alimentos que se venden y a hacer cola en cada tienda para poder comprar estos productos.

Los cubanos que sufrimos la hambruna del llamado “período especial” (la crisis de los noventas) teníamos poca noción de cómo iba el mundo entonces, pues solo “sabíamos” lo que nos contaba la maquinaria desinformadora de Fidel Castro. Este nuevo “periodo coyuntural”, en cambio, se diferencia de aquella crisis no sólo por la presencia de la COVID-19, sino también por las nuevas generaciones de cubanos cansados de tantas mentiras y represión y de que no se les permita mejorar sus condiciones de vida. Y lo más importante: ahora tenemos acceso a información y tecnología que no teníamos los cubanos a principios de la década de los noventa

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El peso convertible, conocidos como CUC, a la derecha, y pesos cubanos regulares, a la izquierda, en un puesto de mercado de verduras en La Habana, Cuba.

El peso convertible, conocidos como CUC, a la derecha, y pesos cubanos regulares, a la izquierda, en un puesto de mercado de verduras en La Habana, Cuba.

FUENTE: CubaNet

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