SAN JOSÉ.- JOSUÉ BRAVO
Especial
Monseñor Romero, de cura comunista a "beato de todos"
SAN JOSÉ.- La figura de este religioso, que el Papa quiere beatificar, está siendo ahora reivindicada tanto por la derecha como la izquierda y puede ser un símbolo de unión en El Salvador
El monseñor de la Iglesia Católica que incomodó a una parte de los salvadoreños por su exigente discurso de lucha social y en contra de la oligarquía, ahora es elogiado al unísono. Hoy todos en El Salvador son Óscar Arnulfo Romero, incluyendo aquéllos que fueron sus más duros detractores y crearon un ambiente adverso que culminó con su muerte en 1980.
El decreto aprobado del papa Francisco para la beatificación del arzobispo de San Salvador asesinado por un sicario francotirador, ha obligado a la derecha de este país salvadoreño a replantear su pensamiento hacia el monseñor que los señalaba; pero también ha servido a la izquierda exguerrillera a apropiarse más de su imagen, una manipulación existente desde que el líder religioso partió a otra vida.
Desde la derecha…
Esa transformación del discurso derechista hacia el religioso asesinado, cuya figura aún divide criterios en la sociedad salvadoreña, no es obra de la casualidad. Se da en un contexto electorero hacia las alcaldías municipales, en un país donde la mitad de su gente se declara abiertamente católica.
"Monseñor Romero nos pertenece a todos los salvadoreños", reclamó en plena caza de votos el candidato a la alcaldía de San Salvador por la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), Edwin Zamora. Acto seguido el político se comprometió a edificar un monumento a Romero en el centro histórico de la capital, de ganar las elecciones.
Las palabras de respeto de Arena acarrea una lluvia de crítica, dado que su fundador y máximo líder, “el ex-Mayor del ejército Roberto d'Aubuisson (fallecido de cáncer en 1992), dio la orden de asesinar al arzobispo y giró instrucciones precisas a miembros de su entorno de seguridad, actuando como ‘escuadrón de la muerte’, de organizar y supervisar la ejecución del asesinato”, según una de las conclusiones de la Comisión de la Verdad en torno al caso de Monseñor Romero.
Romero fue asesinado el lunes 24 de marzo de 1980, cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, momentos antes de la Sagrada Consagración. Al ser asesinado, tenía 62 años de edad.
Era una época en la que Romero hablaba fuerte contra la oligarquía que financiaba a Arena, la cual reaccionaba molesta. De igual manera, al mayor d’Aubuisson le preocupaba cuando monseñor decía a los soldados que no obedecieran las órdenes de los oficiales del Ejército, y es por eso que un día antes de su muerte le advirtió que tuviera cuidado con lo que iba a decir, porque lo podrían matar, según la Comisión de la Verdad.
También eran momentos en que aumentó la represión de los militares y estaban en auge los escuadrones de la muerte respaldados por los sectores políticos ultraderechistas, que impulsaban una consigna: “Haga patria, mate un cura”.
La muerte del religioso nunca fue a juicio por una ley de amnistía emitida en 1993 del presidente Alfredo Cristiani, de Arena, pero fue el detonante de la guerra civil iniciada en 1980 que concluyó en enero de 1992 con la firma de los acuerdos de paz, pero dejó una fatal huella de 75.000 muertos, 550.000 desplazados y medio millón de refugiados.
… hasta la izquierda
Más allá de la discusión de quién pudo ser el actor intelectual del asesinato, lo cierto es que por casi 35 años líderes y militantes de Arena han considerado abiertamente que monseñor Romero ha sido una figura “politizada” por la izquierda salvadoreña, al colocar su retrato al lado de imágenes del Che Guevara o el líder del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Schafik Handal, entre otros. Lo consideraron un comunista.
Este señalamiento no es equivocado, al escuchar declaraciones del izquierdista mandatario salvadoreño Salvador Sánchez Cerén, llegado al poder impulsado por el FMLN. “Nuestro gobierno reconoce la figura y obra de monseñor Óscar Arnulfo Romero como guía y luz en el camino hacia un país de bienestar para todas y todos”, señaló el presidente Salvador Sánchez Cerén al iniciar una reunión del Consejo de Ministros.
“La voz de monseñor Romero elevó hasta el cielo, hasta Dios, el clamor de los más pobres de El Salvador… Su ejemplo sigue inspirándonos para hacer de nuestra tierra un lugar con justicia y felicidad”, añade.
Su partido siempre tomó como suya la imagen de Romero, la cual acompañaba sus luchas desde la oposición política.
En el caso de Arena, este partido ha tenido que reaccionar y fijó posición a partir de las declaraciones de Zamora, motivado por la inminente beatificación de Romero, cuyo proceso iniciado en 1997 superó una campaña de desprestigio de la derecha salvadoreña ante la Santa Sede y de algunos cardenales que lo acusaban de ser comunista e incluso de estar desequilibrado.
“Nosotros nos apegamos a Juan Pablo II cuando vino por primera vez a El Salvador y dijo que no se usará la memoria de Romero apegada a ideologías, pero cuando se ve un rostro de Romero pegado a una bandera o a un busto de Schafik Handal, lo que están haciendo es pegarlo al FMLN y no debe ser así”, dijo Jorge Velado, presidente de Arena, en un intento por acallar las críticas.
Añadió que hay mucha gente de su partido que le tiene afecto a Romero, respeta su figura aunque no necesariamente sea devoto del extinto monseñor.
Por la unión
El anuncio del Papa también “obligó a gente a replantearse las cosas y ojalá que les lleve a pedir perdón, muchos tienen que pedir perdón por monseñor Romero”, según el arzobispo de San Salvador, monseñor Gregorio Rosa Chávez.
“Monseñor Romero es un santo incómodo, un santo que nos desestabiliza, que nos saca de nuestras comodidades, es un santo que nos obliga a un examen profundo de conciencia, por eso muchos no lo querían, porque era un santo exigente con su testimonio”, añadió Rosa durante la misa en acción de gracias por la reciente aprobación del martirio del obispo asesinado, el pasado 3 de febrero.
El politólogo Antonio Martínez, interpreta el cambio de Arena como un reconocimiento a la magnitud de la figura de Romero, “no sólo salvadoreño, sino que también internacional”, obligando al partido a corregir y mejorar su discurso político. “No creo que sea una hipocresía total, pero también tiene propósitos electorales”, explicó.
Monseñor Richard Antall, el joven misionero que llegó de Cleveland, EEUU, la parroquia Inmaculada Concepción en el puerto de La Libertad, en El Salvador, opina que la figura de monseñor Romero no debería ser utilizada por ningún partido político.
Añadió que su beatificación es una oportunidad par a unir al país y debe servir para ver a Romero desde una perspectiva religiosa, fuera de ideologías político-partidarias.
“Yo pienso que si la izquierda quiere ocupar un evento tan importante como una beatificación por razones políticas no está sirviendo al bien. Una cosa así debe de unir al pueblo salvadoreño, en el sentido que es una muestra de que el Señor ha tomado el testimonio de un sacerdote en tiempos difíciles como un sacrificio”, aseguró.
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