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IGLESIA CATÓLICA

Nicaragua celebra el día de la Purísima pese veto de la dictadura

Este 2022 las romerías y expresiones religiosas están vetadas por la policía, por ordenes de la dictadura de Nicaragua

MANAGUA.- La dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua ni para los ataques y restricciones a la libertad religiosa. Recientemente anunció la prohibición de las tradicionales fiestas en torno a la Inmaculada Concepción de María, fiestas que implican procesiones de gran fervor entre los creyentes.

"La Purísima", patrona oficial de de Nicaragua desde 2001, es una devoción católica que se celebra desde los días previos al 8 de diciembre, día que el santoral católico designó para festejar la figura de la Inmaculada Concepción de María.

Cada 8 de diciembre, la feligresía se viste de alegría y fe para acompañar en la iesta de la Inmaculada que inicia desde la noche anterior en los hogares de los nicaragüenses.

Pero este 2022 las romerías y expresiones religiosas están vetadas por la policía. «El 28 de noviembre, hacia las 12 del mediodía, recibimos una llamada telefónica de la Policía Nacional prohibiéndonos celebrar la procesión en el mismo momento en que la imagen de la Virgen iba a visitar el primer distrito de la ciudad”, dicen desde la parroquia de San José, en Tipitapa, población de 150 mil habitantes a 20 km de la capital del país.

"La Purísima", patrona oficial de de Nicaragua desde 2001, es una devoción católica que se celebra desde los días previos al 8 de diciembre, día que el santoral católico designó para festejar la figura de la Inmaculada Concepción de María.

Leyenda de La Purísima

Versión de Gina Sacasa-Ross

Cuentan que allá por el año 1562, el militar español Don Alonso de Cepeda iba rumbo al Perú cuando su embarcación fue sorprendida por un vendaval. Al comienzo, el diestro navegante no dio al fenómeno mayor importancia, pero la furia del viento arreció velozmente, causando olas de gran tamaño que amenazaban con volcar el barco. Lo que sí despertó gran temor entre la marinería, y también en el militar, quien de ninguna manera quería exponer su tripulación —ni su barco— a ser destrozados por el huracán.

El viajero llevaba consigo una bella imagen de la Purísima Concepción que su hermana Teresa de Ávila, religiosa de la orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, le había regalado con el propósito de que la Virgen guiara y protegiera su travesía.

Invocando la fe de su hermana, don Alonso rogó a la Virgen conducir el barco a un lugar seguro.

Como por obra de un milagro, el viento amainó, la lluvia cesó y la embarcación, aunque un poco averiada atracó en el puerto del pacífico nicaragüense de El Realejo.

Los lugareños, que eran de amable disposición, se pusieron a la orden de los accidentados para ayudarlos. Cuando descubrieron la santa imagen quedaron enamorados de su belleza, por lo que solicitaron permiso a don Alonso para que sus familias llegaran a conocerla.

La respuesta favorable del caballero corrió como reguero de pólvora entre la gente del pueblo, que en un santiamén logró organizar la visita a la Virgen para las horas de la tarde de ese mismo día.

Al caer el sol, un gentío (podría decirse que el pueblo entero), se agrupó frente a la embarcación para saludar la dulce imagen de su madre santísima. Un comité creado específicamente para la ocasión, solicitó permiso a don Alonso, para dar hospedaje a la Virgen mientras el barco sufría las reparaciones necesarias.

Don Alonso encontró razonable la propuesta, por lo que La Virgen fue instalada momentáneamente en la vecina iglesia de El Viejo; lugar hasta donde sus devotos nuevos hijos se juntaban cada día al caer la tarde para con tiernas canciones agradecer a la madre celestial su visita. . . Y, cabe aquí pensar que a lo mejor, entre estrofa y estrofa de alguna de esas melodías hasta le pidieran que se quedara con ellos. Siendo lo anterior solamente una suspicacia mía porque de tal cosa no quedó constancia alguna.

Lo que ha quedado perpetuado en la memoria colectiva del pueblo nicaragüense, es que una vez que el navegante hubo reparado su nave y estuvo listo para proseguir su viaje, se encontró con que los locales le rogaban que les dejara su Purísima.

Él, les explicó lo imposible que le resultaba renunciar a la compañía de esa imagen; ellos alegaban que la Virgen les había trasmitido su deseo de quedarse. Por fin, y casi a viva fuerza, don Alonso logró embarcar la imagen y partir. Sin embargo, misteriosamente, otra tempestad se formó pocas horas después, y el barco de don Alonso nuevamente se vio embestido tan furiosamente que el militar no tuvo otra opción más que regresar a El Realejo.

Ahí fue cuando don Alonso comprendió que era voluntad y gusto de la Virgen quedarse en aquella humilde aldea.

Con dolor en su corazón por separarse de la imagen de la Virgen, regalo de su querida hermana, el expedicionario puso La Purísima en las manos de las autoridades eclesiásticas de El Realejo.

La Virgen quedó, pues, en El Viejo, en ese tiempo aldea situada a pocos kilómetros de El Realejo donde desembarcara el hermano de Teresa de Ávila, la monja carmelita de ese entonces, a la que ahora conocemos como Santa Teresa de Ávila.

El fervor de los nicaragüenses a La Purísima Concepción, nacido a raíz de lo aquí relatado, creció de tal forma, que se les volvió costumbre rezar cada año en su honor una novena durante la cual la población entera vestía de fiesta. Los parroquianos engalanaban las calles con flores y banderillas de papel, rezaban y cantaban por nueve días consecutivos.

Con el tiempo, esa devoción se propagó a poblados vecinos. El 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX declaró dogma la inmaculada concepción de María, hecho reconocido y celebrado por las autoridades eclesiásticas de Nicaragua. En la ciudad de León, cabecera del Departamento de ese nombre, se inició la tradicional Gritería que se celebra hasta la fecha todos los 7 de diciembre, o sea la víspera de la festividad de la Purísima Concepción de la Virgen.

A las primeras horas de la noche la población recorre las calles visitando los hogares de las familias que han entronizado la imagen de La Virgen en bellos altares. Grupos de gente saludan a los dueños de casa con el ahora famoso grito de ¿Quién causa tanta alegría? Y los anfitriones contestan: ¡La Concepción de María! Luego se le canta y reza a la Virgen y se reparten refrescos y golosinas.

Actualmente, La Gritería se celebra en muchas partes del mundo, debido a que los nicaragüenses que viven fuera del país llevan consigo esta hermosa tradición mariana y la celebran donde quiera que se encuentren.

La bella capital del sol, Miami, Florida, es una de las ciudades de los Estados Unidos donde muchos de sus habitantes, aunque no sean nicaragüenses, ya están familiarizados con el famoso grito ¿Quién causa tanta alegría? Y, además, saben perfectamente que si responden: ¡La Concepción de María!, recibirán gratis refrescos y golosinas.

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