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PRESIDENCIALES

Santiago Botero, el candidato que desafía los sondeos en Colombia

Durante un reciente recorrido por el sur de la Florida, el empresario desestimó las mediciones electorales y proyectó su triunfo para acceder a la presidencia en primera vuelta

Por Daniel Castropé

MIAMI.- Santiago Botero irrumpió en el escenario político colombiano con una postura que fractura los moldes tradicionales. En reciente visita al sur de la Florida, el candidato presidencial expuso las bases del que denomina ‘Plan Justicia de Dios’, con miras a las elecciones del 31 de mayo.

Su discurso, alejado de la corrección política, plantea una reestructuración del Estado. Se presenta como un empresario exitoso y desvinculado de la clase dirigente, con la promesa de aplicar medidas extremas para rescatar al país de la criminalidad y el estancamiento económico.

Pulso electoral y favoritos

El calendario electoral hacia la sucesión de Gustavo Petro acelera su marcha con un panorama polarizado. Las cuatro encuestas más recientes de las principales firmas de sondeos otorgan una ventaja al senador Iván Cepeda, representante del Pacto Histórico.

Los estudios de opinión revelan que el candidato de la izquierda aún no alcanzaría su techo electoral, un dato que consolida su favoritismo para triunfar, incluso, en una primera vuelta. Esta proyección preocupa a los sectores conservadores, quienes observan con recelo la consolidación del actual proyecto político.

En la otra orilla, la derecha y el centro político enfrentan serias dificultades para unificar sus fuerzas. El abogado Abelardo de la Espriella, segundo en las encuestas, se disputa el apoyo popular con Paloma Valencia. Solo juntos en un eventual balotaje, uno de los dos podría ganarle al candidato de la izquierda. Nuevas investigaciones de preferencias hoy lo creen más factible.

A pesar de que los estudios de opinión actuales otorgan ventaja a Cepeda, De la Espriella y Valencia, Botero rechazó de plano la validez de estas mediciones. En opinión del candidato, los números presentados en los medios de comunicación carecerían de legitimidad y responderían a “intereses particulares”.

"Las encuestas siempre han funcionado como mecanismos utilizados por los políticos para financiar sus campañas cuando figuran con ventaja, o bien, para establecer alianzas estratégicas", afirmó el empresario. Según su análisis, sus rivales “manipulan los datos” para “aparentar” un respaldo popular inexistente.

Lejos de preocuparse, Botero exhibe seguridad en torno a su eventual victoria. El candidato dijo que fundamenta esta certeza en el análisis de las métricas en sus plataformas digitales, espacios donde asegura concentrar el verdadero apoyo ciudadano.

"Yo domino la mitad de la conversación en redes sociales en esta campaña. A quienes apuestan su dinero con base en las encuestas, les aconsejo apostar poco, porque pueden quedarse sin nada", advirtió.

El candidato descartó cualquier escenario de derrota y se erigió como el único actor capaz de aglutinar el “voto castigo”, un fenómeno electoral donde la ciudadanía utiliza las urnas como herramienta de protesta frente a la clase dirigente y la impunidad del sistema.

Al ostentar un perfil empresarial libre de deudas con las élites políticas tradicionales, Botero se mostró seguro de canalizar este hartazgo social y transformarlo en un capital electoral definitivo.

"Existe un gran sector de la población que desea un cambio real y rechaza a los políticos, un dato omitido por los sondeos. Por esta razón, el único candidato con posibilidades de ganar en primera vuelta soy yo", sentenció.

Santiago Botero by I Pedraza

El empresario Santiago Botero.

Reformas de choque

El apartado de seguridad concentra las propuestas más drásticas de su plataforma. Botero sostuvo que la impunidad y la connivencia entre políticos y delincuentes representarían el origen de los males del país.

Para erradicar este problema, planteó la creación de "Los Templarios", una fuerza militar y policial de élite compuesta por cien mil efectivos. En aras de garantizar la incorruptibilidad de este escuadrón, prometió —si llega a la Casa de Nariño— un salario mensual de doce millones de pesos a cada integrante.

Sin embargo, el punto que más controversia genera entre los colombianos es su enfoque punitivo. El empresario propone la ejecución legal para aquellos que cometan crímenes atroces, como los violadores, tras argumentar motivos tanto de justicia como de viabilidad económica. Considera inaceptable el gasto estatal mensual de tres millones y medio de pesos por cada recluso.

"Aplicaremos la pena de muerte. No los vamos a fusilar, pero utilizaremos la inyección letal. (...) Luego, donaremos sus órganos para salvar a otras personas", explicó Botero. Con esta medida, el candidato explicó que busca convertir el “castigo definitivo” en un recurso para el sistema de salud.

Dictadura financiera

En el terreno económico, Botero elabora un diagnóstico singular. Mientras otros sectores políticos temen la instauración de un régimen totalitario, él sostiene que el país ya padece un control hegemónico ejercido por los grandes capitales.

"Colombia vive bajo una dictadura de los grupos económicos, que son los mismos que financian a todos los partidos políticos por igual", aseveró.

Para desmantelar este esquema, el aspirante presidencial propone reducir los impuestos corporativos, eliminar el gravamen al patrimonio e instaurar un sistema de subsidios que entregaría 800.000 pesos mensuales (unos 222 dólares al cambio) a las madres de familia.

A nivel territorial y administrativo, el candidato proyecta una descentralización sin precedentes. Su plan incluye trasladar la sede del Gobierno nacional desde Bogotá hacia la ciudad de Cartagena, con el fin de potenciar el desarrollo de la región Caribe y romper con el “monopolio burocrático” de la capital colombiana.

Entretanto, Botero atribuyó su incursión en la política a una misión espiritual pues asegura que su motivación no radica en el poder terrenal y financia su campaña con recursos propios. Su aspiración responde a un “designio superior” para llevar justicia al territorio nacional.

Esta visión religiosa moldea su comprensión de la autoridad gubernamental. Apoyado en preceptos bíblicos, justifica el uso de la fuerza extrema contra la criminalidad, pero siempre bajo el marco de la institucionalidad.

"Si yo ajusticiara a los criminales por mi cuenta, me convertiría en otro Carlos Castaño [extinto líder de las autodefensas]. Necesito que los colombianos me elijan presidente para que Dios me entregue la espada y así poder someter al bandido", apuntó Botero, para trazar así la línea que separa la anarquía de su propuesta de autoridad.

Impacto familiar

La retórica y el tono coloquial de Botero generan reacciones encontradas, incluso dentro de su círculo más cercano. El candidato, quien reconoce provenir de un estrato social alto y se autodenomina "fifí", admitió que su estilo comunicativo incomoda a sus parientes, aunque ellos respaldan su aspiración presidencial.

Botero relató que su familia percibe un “choque” entre su educación privilegiada y la crudeza de su discurso público. "Ellos me apoyan de manera incondicional, aunque mi forma de hablar les resulta motivo de vergüenza", confesó.

El empresario ilustró esta tensión doméstica con una anécdota sobre la reacción de su madre ante las críticas de terceros. "Una vez, mi madre me llamó alarmada porque alguien le comentó que yo era un asesino [por sus propuestas]. Yo le aclaré: 'No, mamá, seré un justiciero'".

Desde la óptica de Botero, esta distinción es fundamental: “La violencia criminal es inaceptable, pero la fuerza letal del Estado es necesaria”.

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