sábado 11  de  abril 2026
ANÁLISIS RIGUROSO

Colombia, ¿del autoritarismo a una dictadura constitucional?

El destacado jurista y Oppenheimer Scholar Mauricio Gaona alerta sobre el inminente peligro que amenaza al país andino ante la propuesta de una asamblea constituyente impulsada por el oficialismo

Por Daniel Castropé y Sofy Casas

MIAMI.- El panorama político colombiano atraviesa un momento de máxima tensión bajo la actual administración del presidente Gustavo Petro, cuyo mandato entra en su fase final para ceder el protagonismo a la contienda por su sucesión en la Casa de Nariño.

En este contexto sobresale la figura del candidato oficialista Iván Cepeda, quien consolida su favoritismo en las encuestas con una marcada lealtad al actual proyecto gubernamental y una posibilidad real de definir la elección en primera vuelta.

Al otro extremo del espectro ideológico se ubican aspirantes como Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, cuyas candidaturas enfrentan el desafío de una atomización del voto derechista que, paradójicamente, podría fortalecer las opciones del líder progresista.

Para analizar la magnitud de estos desafíos institucionales resulta imprescindible acudir a voces con un profundo rigor académico y conocimiento del Estado, como la de Mauricio Gaona.

El destacado jurista colombiano cuenta con un doctorado (Ph.D.) de la Universidad de McGill con residencia en la Universidad de Harvard, y maestrías en las universidades de California (UCLA) y Sorbona de París (Assas).

El núcleo de la preocupación de Gaona radica en el tránsito del autoritarismo a una dictadura constitucional, un fenómeno moderno donde las armas son reemplazadas por la propia constitución para doblegar la república.

Según el experto, este deterioro inicia cuando líderes populistas, ante su incompetencia para resolver problemas complejos, optan por culpar a las instituciones mediante ataques directos a la rama judicial, a la prensa independiente y a las autoridades electorales.

El golpe final de este proceso se concreta al señalar a la carta magna como la gran responsable de la falta de gobernabilidad para justificar así una constituyente originaria diseñada a la medida, con el fin de concentrar las tres ramas del poder público en manos del Ejecutivo.

Las alarmas se encienden aún más al establecer paralelos inevitables con la crisis democrática de Venezuela, donde el uso torcido de la interpretación legal permitió a la constituyente cerrar el Congreso y destituir a funcionarios incómodos.

Gaona advierte que, si un eventual gobierno de Cepeda logra instaurar una asamblea de carácter originario sin controles efectivos, un escenario de clausura del Parlamento colombiano resulta factible.

Desde su óptica, este peligro se magnifica ante la propuesta de instaurar un “hiperpresidencialismo” sin bloqueos institucionales, lo que en la práctica anularía la esencia misma del modelo democrático al suprimir cualquier mecanismo de contrapeso frente a las decisiones del mandatario de turno.

-Según la dinámica política y electoral que usted está percibiendo, ¿cómo visualiza los comicios presidenciales en Colombia?

Esto no se trata de ideologías per se, es decir, no se puede cuestionar que el candidato Iván Cepeda tenga el derecho constitucional a presentar su candidatura porque es de izquierda, como los demás de derecha o de centro. No, el análisis tiene que ser eminentemente institucional y constitucional. Se trata de inferir cuál es el riesgo institucional. Ya existe en el papel una propuesta de Asamblea Nacional Constituyente, aunque el candidato [Cepeda] diga que está buscando otro objetivo, pues de todos modos están las fichas de juego para que se pueda producir un cambio constitucional importante. Sobre todo, teniendo en cuenta que ha sido impulsada ya más de un año por el presidente actual y el que podría ser el sucesor del presidente actual. En esa coyuntura, las elecciones presidenciales en Colombia son muy diferentes en esta ocasión, porque se trata de decidir no solamente si se elige o no a un presidente, sino si se cambia el sistema de gobierno. Y existe el riesgo de que, como está presentada una Asamblea Nacional Constituyente, estemos hablando de un proceso para pasar del autoritarismo a una dictadura constitucional.

- El candidato Iván Cepeda ha dejado claro que 66 congresistas elegidos el pasado 8 de marzo deben enfocarse en la asamblea constituyente que planean convocar. Ante este panorama, ¿cuáles son hoy las señales más preocupantes de deterioro institucional que usted identifica en Colombia? ¿Cabe alguna comparación con lo ocurrido en Venezuela?

Sí la hay. Es en un fenómeno que llamo la ‘categorización de la culpa’. En Colombia incluso se ha ido un poco más allá. Este fenómeno ocurre cuando el líder populista, como lo fue en su época Nicolás Maduro, pierde legitimidad a medida que el votante recupera la alteración de la cual había sido objeto en su percepción sobre la realidad que está viviendo. El populista le propone normalmente al votante una solución simple para problemas complejos. Y lo hace asignando un culpable. Y cuando la simplicidad de su propuesta parece corta ante la complejidad de los problemas, es decir, cuando logra con el tiempo evidenciar que fue incapaz o incompetente para resolver los problemas que prometió resolver con soluciones simples, pues en ese caso ya surge el autoritarismo, porque es la siguiente herramienta. El votante ya no le cree y entonces empieza a tomar medidas de fuerza. ¿Cuáles son? Inicialmente, las críticas a la rama judicial y, eventualmente, a los magistrados de manera puntual. La crítica a la prensa independiente que lo critica, que se opone o que le recuerda sobre sus propuestas simples. La crítica a incluso algunos de sus funcionarios, que termina destituyendo, como sucedió en el caso colombiano de ministros que no le gustaban al presidente [Petro]. Después viene la crítica al poder electoral, que no funciona; se siembran las dudas. Y, finalmente, viene el culpable más evidente: la Constitución, que nada tiene que ver con la gobernabilidad, la incompetencia o la inmoralidad pública, pero es el culpable final. En Venezuela recordamos la sentencia 378 del Tribunal Supremo, en 2017, y la interpretación de los artículos 347 y 348 de la Constitución venezolana. La disyuntiva era que el poder constituyente estaba en el pueblo y, por otro lado, que el presidente podía convocar a esa constituyente. Al final se determinó que el presidente podría invocar la constituyente sin pedirle permiso al pueblo, sin un referendo, sin un plebiscito. ¿Qué pasó? Pues que la constituyente originaria cerró el Congreso y destituyó a la fiscal Luisa Ortega. En Colombia tenemos aún a una Corte Constitucional que se opone al presidente, y un Consejo de Estado que está luchando, y una rama judicial en general que trata de dar su lucha, y una prensa independiente que reclama. Pero si las elecciones presidenciales van en esta dirección, podríamos tener a un presidente con peso en el Congreso y una injerencia en la posibilidad de nominar magistrados, y prácticamente dominar las tres ramas del poder público. Sobre todo, hay algo que me preocupa: que no haya separación de poderes. Y una vez no hay separación de poderes, lo que queda es dictadura constitucional.

-Entonces, ¿un presidente como Cepeda, podría cerrar el Congreso?

Depende. Si la Asamblea Constituyente se convoca con carácter de originaria y sin límites, sí. Porque podría haber un límite en cuanto a la forma como lo puede hacer, pero la preocupación es que si la constituyente llega a ser originaria, porque apenas tiene dos límites y el otro es el de derechos humanos, tiene un poder amplísimo para cambiar no solamente normas constitucionales, sino parte del ordenamiento constitucional, que es lo que ellos más quieren, que es el hiperpresidencialismo, es decir, que no exista bloqueo institucional, lo que en derecho constitucional se le denomina oposición. Y si usted ya no tiene oposición, pues realmente no tiene democracia.

-Hay quienes dicen que podríamos estar frente a una narrativa similar a la escuchada en las pasadas elecciones cuando aspiró el hoy presidente Gustavo Petro y se hablaba de la posibilidad de vernos en el espejo de Venezuela e incluso de Cuba. Pero en este caso, ¿habría que ir más a fondo y no se trataría de una simple narrativa o un temor infundado?

El caso de Cuba es más extremo. Recordemos que esto fue producto de un golpe de Estado. En cambio, las dictaduras constitucionales del siglo XXI, que ya no son por las armas ni por la fuerza como fue el caso de Cuba, sino a través del arma nueva que están utilizando estos dictadores modernos, que es la Constitución misma, buscan doblegar la Constitución a través de la reinterpretación de los principios y los valores que supuestamente son la república. Pero antes de llegar a eso hacen una reinterpretación de la realidad social institucional. Explican a la gente cuál fue su historia, y hacen asimetrías de poder y de inferencia lógica e ilógica, es decir, ‘yo represento al pueblo’, y como ‘yo soy el representante del pueblo, soy su voz autorizada para cambiar las reglas de juego’. En ese elemento equidistante es donde surgen realmente las narrativas más preocupantes, y las similitudes más preocupantes. En el caso de Venezuela hubo un proceso donde se pasó de populismo a autoritarismo y de autoritarismo a dictadura constitucional.

-La contienda política muestra a un Iván Cepeda que crece en las encuestas y parece que todavía no toca techo, y también a candidatos como Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. ¿Es posible que la elección se defina en una primera vuelta y no haya una segunda ronda electoral?

Cada vez que el senador Cepeda gana [una encuesta] dicen ‘este es su techo’, pero cada vez rompe ese techo. Después de cuatro encuestas donde rompe el techo, se crea una inclinación diferencial, es decir, la propensión a que la próxima encuesta sea más alta y lo ubiquen en el 40%. Si él logra pasar el 40%, 42%, 43%, el otro porcentaje que le hace falta pues no solamente está cerca al margen de error probable, sino que también entran en contexto maniobras políticas que no existían en las elecciones pasadas. Recordemos que el poder en este momento lo tiene la izquierda, su presidente Petro, al cual él [Cepeda] le es leal, y están en una serie de interacciones institucionales y políticas muy importantes. Se ha subido el salario mínimo, se han realizado medidas populistas, y en las fuerzas militares que elevan esa preocupación aún más. Y creo que no serán las últimas. Además, pueden venir recursos de otras partes que podrían complicar aún más la situación. Por el otro lado, cuando hay varios candidatos en la orilla opuesta, ellos crean una atomización del voto y eso no es bueno para ninguno de esos candidatos, y solamente favorece al que va libre y volando. Sobre todo, cuando el diferencial entre el uno y el otro es alto. Como resultado, se crea una implosión estadística y el riesgo sería que alguno de los dos se desinfle, y si esto ocurre realmente sufren los dos porque ambos pueden bajar. Yo no diría que el senador Cepeda gana seguro en la primera vuelta, pero gracias a esa implosión estadística en la derecha aumentó sus posibilidades de vencer en la primera vuelta entre un 10% al 50%. Antes yo lo colocaba en un 10%, ahora veo una posibilidad real, sobre todo porque quien tiene el poder es el gobierno de izquierda.

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