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Pasó quince años sin libertad. Nueve de los cuales estuvo en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), conocido como El Helicoide. Allí sobrevivió solo, en una celda de 2 metros cuadrados, ubicada en un pasillo muy estrecho de 35 metros de largo. Al principio no tenía luz, pero luego con sus compañeros logró colocar un pequeño bombillo que lo iluminaba en la profunda oscuridad de los sótanos de ese centro comercial envejecido, convertido en prisión. No podía saber si era de día o de noche, por lo que usaba un reloj para orientarse. Pese a la penuria, cada vez que tenía visita, se arreglaba y se afeitaba para demostrarle a su familia que estaba bien, y así devolverle un poco de ánimo que él mismo necesitaba.

Así el excomisario de la Policía Técnica Judicial y jefe de la seguridad ciudadana de la Alcaldía Mayor de Caracas, Ivan Simonovis narra lo que considera fue lo más difícil que vivió durante su encarcelamiento, que finalizó el pasado 16 de mayo, cuando logró escabullirse de sus custodios y salir del país en una operación que demoró más de treinta días.

En entrevista concedida a DIARIO LAS AMÉRICAS, Simonovis quien es uno de los presos políticos más emblemáticos del régimen chavista, reveló detalles de su fuga en la que recibió la colaboración de policías y militares activos que lo acompañaron en todo momento hasta que estuvo a salvo en tierra estadounidense. Narró sus momentos más críticos y ahora, con una energía renovada cuenta sus planes para lograr la reconstrucción de Venezuela.

El gobierno chavista lo responsabilizó de los hechos ocurridos en abril de 2002, en Caracas. Ese día murieron 19 personas cuando una marcha de la oposición fue atacada en las cercanías del palacio presidencial. El evento generó una serie de pronunciamientos militares y la salida del poder de Chávez por unas horas. Tres años después de que fuera condenado, el exmagistrado del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela Eladio Aponte Aponte reveló haber recibido presiones del presidente Hugo Chávez para condenar a Simonovis y a los comisarios de la Policía Metropolitana Henry Vivas y Lázaro Forero.

—¿Cuándo se reunió con su familia?

Una vez en suelo estadounidense los llamé y les dije que estaba a salvo en Florida. Al día siguiente tomaron un avión y nos reencontramos. Tantos años sin estar juntos. El último año antes de que me detuvieran, casualmente habíamos tenido dos vacaciones que habíamos disfrutado en familia. Desde ese momento no habíamos vuelto a estar juntos.

—¿Cuánto tiempo tiene en los Estados Unidos?

No puedo decirlo.

—¿Cómo fue esa fuga de las manos del régimen?

Esto no se planificó. Desde que ya tenía un año en la casa pensé en la fuga. Porque la medida que a mí me dieron decía, que una vez que la condición médica mejorara, debía regresar a la cárcel. Tienes esa espada de Damocles. En cualquier momento ellos podían meterme en la cárcel. Pasaron las cosas que tenían que pasar para que se activara, y ocurrieron, como el indulto decretado por el presidente Juan Guaidó. Funcionarios policiales activos y Leopoldo López me habían dicho que en cualquier momento me encarcelaban.

—¿Hizo algún entrenamiento físico?

Estaba solo en mi casa. Mi familia no estaba. Practicaba el nudo, los descensos. El desamarre rápido.

—¿Cómo ocurrió ese 16 de mayo?

El 16 de mayo, a las 5:15 de la mañana, salí por la parte de atrás de la casa, porque si salía por el frente estaban los funcionarios, por respeto a ellos, para que no los metieran preso. Hice un procedimiento de anclaje, que conocía por mi experiencia. Moví la reja que ya tenía tiempo sacándola, y descendí por tres casas. Caí por un pasillo que es de la electricidad, y ese espacio daba a la calle. Me movilicé en Caracas en tres sitios diferentes durante un mes. Cuando tuvimos la documentación necesaria, y la garantía de que podía salir, me fui a una isla del Caribe [de la que tampoco revela el nombre] y salí por el oriente del país, porque luego de analizar las rutas, nos dimos cuenta de que era la más débil en términos de seguridad. Allí abordé un peñero, que me llevó a una isla. De allí vine a los Estados Unidos, que fue cuando me sentí a salvo.

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"En esos años en el SEBIN, lo más fuerte fue cuando recibí la condena, porque uno dice qué hago ahora. Es muy duro cuando recibes una condena a muerte, porque 30 años en ese pasillo que no sobrevive nadie", Ivan Simonovis .

—Hubo una confusión, no sé si adrede o no, sobre su paradero.

Si le dije a Bony [su esposa] que no desmintiéramos nada. El video de la campana es de mi casa.

—¿En cuánto tiempo se comunicó con su esposa?

Yo le dije unos días después. La llamé le dije está pasando esto, me sigo moviendo y le informaba.

—¿Cuál es el peor momento que vivió en prisión?

En esos años en el SEBIN, lo más fuerte fue cuando recibí la condena, porque uno dice qué hago ahora. Es muy duro cuando recibes una condena a muerte, porque 30 años en ese pasillo que no sobrevive nadie. Tanto así que cuando me trasladan a la cárcel militar de Ramo Verde, no pasaron cuatro meses cuando afloraron una serie de patologías. Desde allí fui trasladado más de cuatro veces al hospital y dos de ellas en emergencia. Una de ellas requirió una operación muy delicada. Allí se afloraron los nueve años en esa mazmorra.

—¿Cómo hacía en los momentos en los que el ánimo se debilita?

Lo más importante fue el amor y apoyo de mi familia. Vi a mucha gente quebrarse, perder el norte cuando fueron abandonados por su familia, esposa o hijos. Vi gente muy destruida porque perdieron el soporte de la familia. También ayuda mucho tener una rutina en la cárcel, estar ocupado para dispersar los pensamientos oscuros y así luchar contra la depresión. Se logra si llegas a tener una rutina. Cuando Leopoldo Lopez llegó a Ramo Verde me preguntó cuál era el consejo que le daba y yo le dije: “hazte una rutina”.

—Cuando recibieron sentencia, ¿pensaron que podrían ser absueltos?

Yo estaba claro en que la libertad no era una opción. Lo que no esperábamos eran los 30 años. Aunque la jueza Marjorie Calderón me condenó por 55 años. Ella dijo: “Los delitos de Simonovis son para una condena de 55 años, sin embargo como la máxima en Venezuela es de 30, cumplirá 30”.

—¿Por qué cree que el régimen chavista fue tan severo con ustedes?

Ahí se deben mezclar varias cosas. El mundo vio que se asesinaron a 19 personas, y más de 100 quedaron heridos por lo que había que culpar a alguien. Ellos protegieron a los pistoleros del puente Llaguno y tenían que buscar a algunos culpables. Se inventaron este show con los policías metropolitanos, y se crearon su propia narrativa. Ellos reescribieron la historia. Además desde el punto de vista político, era una venganza contra Alfredo Peña, que había apoyado a Chávez pero luego se volteó contra él. La Policía Metropolitana era un objetivo que ellos querían de alguna forma destruir. Inclusive Chávez quiso montar a un general como director de la Policía, y Peña no se lo permitió. El tercer elemento entra porque se focalizaron en mí, pero para meterme preso a mí tienen que meter preso a otro. Pero yo no estuve en la avenida Baralt, no estuve en ninguna parte de la marcha. Inclusive en el año 2011, a los comisarios Henry Vivas y Lázaro Forero les permitieron salir y recibir una libertad con presentación al tribunal.

—¿Por qué contra usted?

La respuesta no la tengo. Pero intuyo que tiene que ver con algo de envidia, odio. Los chavistas son envidiosos, guardan odio. No conozco ninguna explicación. No conozco a nadie. Me han preguntado por Cilia Flores que trabajó en PTJ (Policía Técnica Judicial), pero yo no la conocí. Cilia Flores era una secretaria de tercera de PTJ, ni siquiera de las mejores. En una de las comisarías más pequeñas de la policía. Ella posiblemente sí sabía de mí, porque yo era un inspector, un funcionario que estaba creciendo dentro de la organización y se conocen a la gente.

Jamás en mi vida la he visto. Si la conocí, ni me acuerdo. El hermano de Cilia Flores que ahora es el Inspector General de la CICPC, es un tipo que sí conocí. Él trabajaba en el área técnica y yo era de investigación. Pero el tipo era un tipo mediocre. Él no era ninguna estrella. Pero yo del régimen no conozco a nadie.

—¿Qué opinión le merece la aparición de grupos de exterminios como el FAES [Fuerzas de Acciones Especiales de la Policía]?

Es una distorsión de la actividad policial. La mitad del FAES está compuesta por los colectivos malos. De los que asesinan que son delincuentes. Te cuento un ejemplo. Dos funcionarios del SEBIN que me custodiaban, una noche salieron a buscar algo de comida, y detuvieron a un vehículo. En el procedimiento determinaron que el vehículo estaba siendo solicitado, había un arma también solicitada y uno de las personas tenía antecedentes. Resultó que era uno funcionario del FAES. A los funcionarios del SEBIN los destituyeron, y los botaron y el del FAES fue allá nuevamente a su cuerpo policial.

—¿Qué planea hacer ahora?

Como manejo información sobre temas como narcotráfico, corrupción, terrorismo, Hezbolá, y el ELN [Ejército de Liberación Nacional, de Colombia], el presidente encargado Juan Guaidó me designó para conectarnos con la agencias de inteligencia. Estoy en los primeros pasos para conectarme con esas agencias. Ya he tenido reuniones con Marco Rubio y el congresista Mario Díaz Balart. Estamos armando la situación, el ambiente para poder llegar a estas agencias y hacer una alianza de ganar ganar. Además, “estoy trabajando en el proyecto de Plan País, que tiene once áreas. Una de esas es la seguridad. Conmigo están trabajando más de treinta expertos como abogados, politólogos, policías y expertos penitenciarios”.

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