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CUBA

"Vivimos peor que los esclavos", cubanos se quejan del colapso de los servicios básicos

Pasadas las tres de la madrugada, Néstor sigue conversando con sus vecinos. Después de catorce horas de apagón, no ha llegado la luz

Por IVÁN GARCÍA

Todavía a las once de la noche el calor es de espanto. Néstor, 72 años, médico jubilado, suelta una mala palabra y se seca el sudor con una pequeña toalla que guarda en el bolsillo trasero de su short. Está esperando que entre el agua, sentado en un muro a la entrada del edificio donde reside, en la populosa barriada de La Víbora, a veinte minutos en auto del centro de La Habana.

“He llamado no menos de cincuenta veces a la oficinas del acueducto para saber cuándo van a distribuir el agua y nadie coge el teléfono. Un grupo de vecinos fuimos a la sede del partido para reclamar una pipa -camión cisterna- y saber qué día entraría el agua. La respuesta fue una muela barata y un saco de mentiras. Es una película de horror lo que estamos viviendo. Sin comida, dinero, luz, agua, gas, medicamentos… Es lo más parecido a un experimento nazi, pero sin cámaras de gas. Si este drama dura un par de años, la nación cubana desaparecerá como la Atlántida”, comenta Néstor.

Una vecina pregunta a voces desde su balcón si ya entró el agua. “Nada, seguimos en la espera”, le responden. “De pinga, qué cojones se piensan estos singaos (los gobernantes), que somos camellos”, grita la vecina. “Soltó la chancleta, Marlén”, dicen dos jóvenes que escuchan música en una bocina portátil.

En la zona hay un apagón desde hace diez horas. “Es un estrés permanente. Nadie sabe cuándo va a llegar la luz, el agua o los medicamentos a la farmacia. Del gas licuado ni hablar. Ya los descarados funcionarios no lo venden en pesos a la población. Si no tienes familia en Miami que te compre una balita de gas en dólares, te jodiste, compadre, a cocinar con leña”, apunta Néstor.

Reinaldo, vecino del barrio, cuenta que el régimen ha “implementado un capitalismo estilo Somalia. La casta que está en el poder tiene miles de millones de dólares en bancos extranjeros mientras el resto de la población vivimos peor que los esclavos. Y son tan degenerados que luego te quieren meter diez o veinte años preso si sales a protestar. Es la crápula más canalla que hemos padecido desde que surgió la república”

En el espontáneo debate, Santiago, licenciado en historia, hace su aporte. “Si lees a Moreno Fraginals comprobarás que los esclavos que trabajaban en los ingenios de colonos españoles comían diariamente una cantidad increíble de tasajo de res, harina de maíz, arroz, frijoles, viandas, pescado y frutas. En una jornada de trabajo comían más que nosotros en un mes. Y créanme que no estoy exagerando”.

Todas las tardes, Santiago camina poco más de tres kilómetros ida y vuelta para traer dos cubos de agua desde la casa de su suegra. En cualquier lugar de La Habana y de la Cuba profunda, la gente sale de sus casas a conversar para matar el aburrimiento, la soledad y la frustración que padecen.

Cientos de historias de vida con tintes dramáticos. Como la de Iraida, ama de casa, madre de dos hijos, uno preso, sancionado a quince años por sacrificio ilegal de ganado vacuno y otro que presuntamente murió en una balsa durante una tormenta, intentando escapar del manicomio castrista.

Pero ella se consuela pensando que recaló en una islita del Caribe y el día menos pensado la llama por teléfono y le da fe de vida. La madre de Iraida padece de demencia senil e incontinencia urinaria. A falta de 'pampers', hierve trapos viejos que luego usa como pañales. “He tenido que pagar cuatro mil pesos por una pomada para las escaras. Si no entra agua hoy, mañana voy a armar un escándalo en la sede del partido. Hasta cuándo y hasta dónde piensa el gobierno exprimirnos”.

Iraida se siente estafada por la revolución. "Me robó mi vida, mi juventud. Sacrifiqué una parte importante de mi tiempo y energía. Me enemisté con familiares y amigos por apoyar a Fidel. Yo no traicioné el proceso revolucionario, los traidores son ellos, los dirigentes, que viven como millonarios. Ahora siento un profundo asco. Se han burlado y han engañado a los cubanos que creímos en la revolución”.

“Esta gente se merece el peor castigo. He tenido ganas de suicidarme. Gracias a los vecinos y a los familiares de los cuales una vez renegué, he podido comer y conseguir los medicamentos de mi madre. A esta altura de mi vida ya no tengo nada que perder. Mi única ilusión es ver el final de estos canallas”.

En el barrio hace dos semanas que no entra agua. En otras partes de la capital la situación es aún peor. Yamila, residente en Marianao, “lleva más de treinta días sin agua. Mi esposo, mi hija y yo vamos a bañarnos a casa de una amiga, quien además nos da tres o cuatro cubos para descargar el baño y tener agua para tomar”.

Diosbel, vive en el reparto Bahía, Habana del Este, y hace casi un mes que está sin agua potable y con apagones de 23 horas diarias. "Cocinamos con leña y la humareda que provoca le irrita los ojos a mi hija que padece de una alergia crónica. Pero no queda otra, pues las balitas de gas que antes costaban 40 o 50 dólares, ahora valen de 90 a 120 dólares. No tengo de dónde sacar esa cantidad de dinero".

“Nos matan de hambre y necesidades y encima le piden más sacrificio al pueblo. Y toda esta historia no comenzó el 3 de enero con el bloqueo de Trump a la entrada de combustible. Los problemas en Cuba empezaron el 1 de enero de 1959. Si los cubanos no nos unimos para quitarnos esta salación de encima, no vamos a poder contar la historia en el futuro. Seremos cadáveres”, sentencia Diosbel.

Según la empresa estatal Aguas de La Habana, el déficit de agua potable va a empeorar. El viernes 21 agosto se anunció una nueva y “compleja avería en la infraestructura hidráulica” que obligó a parar de emergencia la conductora que abastece al Sistema Central. La avería se produjo en un conducto de 78 pulgadas y estuvo acompañada por tres salideros en la fuente de abastecimiento de la Cuenca Sur. La interrupción afecta a los municipios Plaza, Diez de Octubre, Cerro, Centro Habana y Habana Vieja y una parte de Boyeros.

“A los 250 mil habaneros que ya presentaban problemas con el abasto de agua, se une ahora casi un millón de personas más. En estos momentos, el 70 por ciento de la ciudad tienen un déficit severo de agua”, reveló a DLA un funcionario de la empresa Aguas de La Habana.

A los eternos apagones, crisis hídricas y otras penurias cotidianas, se suma el alza descontrolada del precio de los alimentos. Productos básicos como aceite, huevo, pollo y salchichas subieron más del cien por ciento.

“En un menú básico de arroz, frijoles negros, tortilla y ensalada de aguacate se gasta entre 7 y 8 mil pesos, dependiendo de las raciones de comida. Un huevo cuesta 200 pesos, el litro de aceite casi 5 mil pesos, un paquete de salchichas 1,200 y una libra de pollo 800 pesos, que es la base del menú de la población con menor poder adquisitivo. Con esos precios, habrá un aumento significativo de la desnutrición y la pobreza extrema. Si en los próximos meses el gobierno no encuentra soluciones, el país podría estar abocado a una hambruna parecida a la de Etiopía en 1984 o la de Corea del Norte de 1994 al 2000”, alerta Igor, nutricionista.

Pasadas las tres de la madrugada, Néstor sigue conversando con sus vecinos. Después de catorce horas de apagón, no ha llegado la luz. A cada rato camina hasta la cisterna del edificio para comprobar si ya entró el agua. Nada. Tendrá que seguir esperando.

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