Desde que el presidente Donald J. Trump retomó la Casa Blanca en enero de 2025, los congresistas demócratas, los activistas, analistas de la ultraizquierda y los medios de prensa de la misma tendencia, se han encargado de enfatizar en el “gran daño e impacto” en la economía estadounidense de dos puntos neurálgicos: los aranceles y la inflación.
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¿Por qué la inflación no se dispara a pesar de la guerra?
En julio, ese indicador económico registró un 3,4% desde el 4,1 en mayo… pero la inflación subyacente – que excluye los precios volátiles de la energía y los alimentos- cayó a un 2,5%
Ni los aranceles han disparado la escala inflacionaria como se anunciaba en 2025 ni la inflación se ha descontrolado, a pesar de la guerra en Medio Oriente. En julio, ese indicador económico registró un 3,4% desde el 4,1 en mayo… pero la inflación subyacente – que excluye los precios volátiles de la energía y los alimentos- cayó a un 2,5%.
Y aquí sí cabe enunciar la cacareada frase “teorías de conspiración” (ahora preelectorales) que la izquierda utiliza en los últimos años de auge de redes sociales para manipular o tergiversar la información vinculada a la labor y acciones de los republicanos, en especial al presidente Trump.
Desde la supuesta “hecatombe” que causaría la política arancelaria de la Casa Blanca hasta la inflación que iba a hundir a EEUU en una recesión, los demócratas no cesan de inventarse “teorías de conspiración” y sembrar la semilla del pánico, algo que aumenta a medida que avanza el tiempo para las elecciones de medio término en noviembre.
La oposición es saludable, pero sin la narrativa del falso caos o el pánico infundado por ilusiones o pretensiones ideológicas. Expertos en economía y en sistemas financieros como el doctor Daniel Lacalle afirman que “el síndrome de odio a Trump conduce a que se nuble la visión de la realidad”.
La inflación bajo control
A pesar del impacto en los precios del petróleo por la urgente y necesaria guerra contra el régimen de los ayatolás en Irán, la inflación se ha mantenido controlada.
La guerra contra Irán, como se enfoca por parte de los medios y activistas pro-socialistas, no es el único asunto en los movimientos inflacionarios, sino el funcionamiento del dólar en el mercado fuera y dentro de EEUU, las operaciones de los inversores, la producción industrial y manufacturera (en plena expansión), magnitud de la impresión de dinero, la capacidad de los bonos del tesoro, el déficit comercial, el mercado laboral, la deuda pública y otros indicadores económicos que señalan a la Reserva Federal o Banco Central el camino para mantener o cambiar el rumbo de su política.
En un gráfico del Financial Times, citado por el prestigioso economista Lacalle, se observa que la tenencia de deuda china por parte de los inversores extranjeros se ha desplomado, a niveles que no se veían desde el 2021.
“Esto demuestra que no es una moneda que toma posiciones ni se encuentra en proceso de sustituir al dólar, como tampoco es una economía que genera apetito para los inversionistas respecto a la estadounidense. Está muy lejos de que la moneda china sea considerada como unidad de cambio y reserva en el entorno monetario global”, explica Lacalle.
“Cuando se habla de la desdolarización te deben hablar del efecto sustitución, y como se ha demostrado hasta ahora simplemente ese efecto de sustitución no existe”, aclara.
“Si el mundo considerara que China es mucho más atractiva y solvente que EEUU, pues se comprarían muchísimos más bonos de la deuda china, que es menor a la deuda pública de EEUU”.
“Pero la deuda pública de China es aparentemente baja porque no incluye la enorme deuda de las empresas estatales (del gobierno) en ese país”, explica.
Se habla de la segunda económica más fuerte del planeta por detrás de EEUU, que crece a un ritmo acelerado, pero con disímiles problemas internos, altos riesgos crediticios, deficiente seguridad jurídica, falta de garantías y una deuda pública real excesivamente alta que no aparece en los registros oficiales. Todo lo anterior, aleja a China de poder desbancar el dólar estadounidense.
Bonos del Tesoro
Mientras, en EEUU hay un récord de tenencia de bonos del Tesoro estadounidense por parte de los inversores extranjeros de más de 9,4 billones (trillions) de dólares, según la agencia especializada Bloomberg.
Esto demuestra que los inversionistas saben que la economía de EEUU es más sólida, que los bonos tienen un mayor rendimiento y que las garantías legales y de reserva del dólar son incomparables, respecto a la segunda potencia.
A pesar del incremento sobre el 5% en el valor de los bonos a 30 años que ha preocupado a inversionistas, el Tesoro planea aumentar la adquisición de estos bonos a partir de septiembre para bajar los intereses de la deuda estadounidense, que también influye en el la política de la Reserva Federal.
En estos momentos, el Banco Central o Fed de EEUU reduce su tenencia de bonos debido a la demanda de capital extranjero, mientras desciende la demanda de bonos de la deuda pública de China por parte de los empresarios extranjeros. Y de forma simultánea, el gobierno de Pekín compra más bonos de la deuda estadounidense, contrario a lo que ocurría después de 2020.
Y no es que el presidente Trump haya convencido a Xi Jinping, sino que hoy el dólar es más fuerte que en 2025 y mantiene una tendencia alcista, sustentada en la fortaleza de los indicadores económicos y macroeconómicos estadounidenses: inversiones históricas récord, exportaciones récord de petróleo, industria en plena expansión, déficit comercial reducido junto al gasto fiscal federal, mercado laboral estable a pesar de la desaceleración (que en este momento resulta favorable); entrada de fondos directos al sistema financiero mediante nuevos aranceles, etc.
A pesar de todo lo anterior, el rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años, el interés que paga la deuda estadounidense en ese plazo, terminó el martes 18 en 5,32%, mientras que a 10 años se situó en 4,74% frente al 3,94% de antes del conflicto en Medio Oriente. Al día siguiente, el Tesoro intervino para calmar los mercados de bonos, debito a la inquietud creada por estos datos, los más elevados desde el 2007; sin embargo, hay una respuesta.
Los registros, que citan los medios liberales como referencia de los temores inflacionarios, son la reacción temporal a la continuidad de la presión de Washington sobre el régimen iraní, que sigue sin claudicar a pesar de la [crítica situación] en la que se encuentra y la resaca de la financiación de más de 350.000 millones de dólares en la guerra de Ucrania junto a las fallidas políticas de despilfarro en los gobiernos de Barack Obama (crisis financiera 2006-2009) y Joe Biden con una inflación oficial de 9,1% y una deuda pública que cruzó los 35 billones (trillions) de dólares.
El jueves, de acuerdo con un informe del Departamento del Tesoro, la deuda venció la barrera de los 40 billones (trillions), entre otros factores tras el dictamen de la Corte Suprema de la devolución de más de 110.000 millones de dólares y el encarecimiento de los bonos por los temores que ha generado la guerra entre los inversionistas.
Irán ahogado
Teherán enfrenta una segunda etapa de bloqueo naval estadounidense y el enfrentamiento directo de EEUU y sus aliados en Medio Oriente a los “proxies” (grupos terroristas de apoyo a los ayatolás iraníes como Hezbolá, los hutíes de Yemen y algunas facciones chiitas en Irak, agrupadas en la llamada Resistencia Islámica).
Con una inflación que se aproxima al 300%, una hiperrecesión, segunda etapa de un férreo bloqueo naval sin importaciones ni exportaciones y su capacidad militar reducida en más de un 90%, el régimen de Teherán lanza patadas de ahogado y amenazas sin respaldo real. Intenta, además, dar una imagen de fuerza y poder, cuando está casi aniquilado.
"No hay diálogo ni conversaciones en curso, ni tampoco están previstas, con Irán. El bloqueo naval sigue aplicándose. El Estrecho de Ormuz está abierto y en operaciones. Todas las minas en el agua han sido retiradas o detonadas", escribió el jefe de la Casa Blanca.
El jueves 20 de agosto, el secretario del Tesoro Scott Bessent reveló un nuevo plan de ahogamiento y aislamiento económico contra el régimen de los ayatolás.
"Va a funcionar y hará colapsar al régimen", dijo Bessent al canal CNBC. "Va a ser la mayor operación de aislamiento económico coordinado en la historia mundial", añadió.
Consultado sobre sus aliados, Bessent lanzó una advertencia: "(Están) con nosotros o contra nosotros".
La Casa Blanca se convenció de que la fuerte división interna en Irán entre el poder civil y el brazo armado de los ayatolás (los radicales de la Guardia Revolucionaria) impide cualquier salida pacífica en la actualidad. Los militares no quieren ningún acuerdo ni aceptan la rendición. Tampoco les importa que 93 millones de iraníes sufran el declive total del país y sus nefastas consecuencias para la población, con tal de mantener ellos el poder.
Los mercados demostraron en varias semanas anteriores, cuando se firmó el “memorando de entendimiento” y el alto al fuego, que los temores y la ansiedad por el final del conflicto son la causa central que aviva la incertidumbre y los precios del petróleo. En menos de un mes, durante las negociaciones entre representantes de Washington y del gobierno civil de Teherán, los precios del barril crudo descendieron por debajo de los 70 dólares desde los más de 120 dólares en el momento pico, sin oficializar incluso un acuerdo.
El costo económico y político
La situación se revirtió después de que la Guardia Revolucionaria atacara cuatro buques en el Estrecho de Ormuz con la finalidad de boicotear el “memorando”. Luego de tres semanas consecutivas de bombardeos intensos de EEUU, hoy el precio del barril ronda los 90 dólares.
La tregua en los precios observada en julio, que hizo que la inflación bajara al 3,4% interanual, podría ser [de corta duración], advierten expertos. Pero a la vez puede ocurrir lo contrario. Todo dependerá del tiempo que EEUU mantenga la presión y las acciones militares en el Medio Oriente.
El martes 18 de agosto, el presidente Trump dijo que la Casa Blanca no tiene prisa en terminar el conflicto hasta que los extremistas islámicos iraníes decidan rendirse o llevar la crisis hasta las últimas consecuencias, con un daño colateral bien alto para la población iraní que el jefe de la Oficina Oval ha intentado evitar desde el comienzo de la ofensiva a finales de febrero de este año.
El costo político y económico que decidió enfrentar el presidente Trump, para evitar una catástrofe en el Medio Oriente y en el resto del mundo con la tenencia de armas nucleares en Irán, no concluirá hasta que el régimen iraní opte por la claudicación o un acuerdo definitivo, que hasta el momento resulta improbable. Tampoco hay garantías de que en caso de que surja alguno, se cumpla.
Esta situación incide en los niveles inflacionarios, pero de forma temporal. De no ser por la guerra, las políticas económicas de la actual administración tendrían acorralada la inflación muy cerca del 2%, con precios de la gasolina en muchos estados por debajo de los 2 dólares el galón regular. Así ocurría dos semanas antes de comenzar la ofensiva militar a finales de febrero, con una tendencia marcada hacia el descenso en los precios del combustible, que incide -directamente junto al mercado laboral y otros factores- en los índices inflacionarios.
lmorales@diariolasamericas.com
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FUENTE: Con información de AFP, EFE, Reuters, Financial Times, The Wall Street Journal.
