El confidente de la generación Z no tiene rostro, no duerme y responde en milisegundos. En un contexto donde la salud mental juvenil atraviesa una crisis sin precedentes, la inteligencia artificial generativa se ha consolidado como el nuevo "primer auxilio" emocional.
Jóvenes sustituyen la terapia profesional por consejos de la IA
Casi el 93% de los usuarios califica los consejos recibidos como "útiles". Sin embargo, existe una diferencia abismal entre la utilidad y la eficacia clínica
Según un estudio reciente publicado en la revista JAMA Network Open, más de cinco millones de jóvenes en Estados Unidos ya utilizan herramientas como ChatGPT, Gemini o My AI para gestionar episodios de tristeza, ansiedad o ira, detalla el portal web infocop.es.
La tendencia es especialmente marcada entre quienes han superado la mayoría de edad: los jóvenes de entre 18 y 21 años tienen cuatro veces más probabilidades de recurrir a estos algoritmos que los adolescentes más tempranos.
Para muchos, no se trata de una elección por preferencia, sino por necesidad.
Ante la falta de recursos económicos y las largas listas de espera en los servicios de salud tradicionales, la pantalla ofrece una alternativa gratuita, inmediata y, sobre todo, privada.
El dato más revelador, y quizás el más inquietante para los especialistas, es el nivel de satisfacción. Casi el 93% de los usuarios califica los consejos recibidos como "útiles". Sin embargo, existe una diferencia abismal entre la utilidad percibida y la eficacia clínica.
Aunque el chatbot pueda ofrecer palabras reconfortantes, carece de la capacidad para identificar crisis profundas o patologías graves que requieren intervención profesional urgente.
La opacidad en los datos de entrenamiento de estas máquinas también genera sombras sobre la equidad del servicio. La investigación detectó que los jóvenes de raza negra perciben una menor utilidad en las respuestas de la IA en comparación con sus pares blancos, lo que sugiere la existencia de sesgos culturales en los algoritmos actuales.
Esta brecha subraya que la tecnología, por muy avanzada que parezca, aún no logra interpretar la complejidad de las diversas realidades sociales.
En la actualidad, la inteligencia artificial está llenando un vacío asistencial que el sistema sanitario ha dejado desatendido. El peligro reside en normalizar el uso de herramientas no reguladas como un sustituto definitivo de la terapia.
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