MIAMI.- El uso de dispositivos electrónicos en niños y adolescentes se ha convertido en una de las principales preocupaciones para padres, docentes y especialistas en salud mental en todo el mundo. El crecimiento del tiempo frente a pantallas, impulsado por redes sociales, videojuegos y plataformas digitales, abre un intenso debate sobre las consecuencias físicas, emocionales y cognitivas que puede generar en menores de edad.
¿Los dispositivos electrónicos puede afectar la salud mental de niños y adolescentes?
Especialistas advierten que el uso sin supervisión de pantallas y redes sociales puede reforzar conductas obsesivas, ansiedad y necesidad permanente de conexión en los jóvenes
Diversos estudios publicados recientemente, alerta sobre el aumento de síntomas de ansiedad, dificultades de concentración, aislamiento social y alteraciones del sueño vinculadas al uso excesivo de celulares, tablets y videojuegos. Aunque expertos reconocen que la tecnología ofrece herramientas educativas y de comunicación, también insisten en la necesidad de establecer límites y supervisión.
¿Crean adicción?
Especialistas en salud mental sostienen que muchos niños y adolescentes desarrollan patrones de dependencia psicológica hacia los dispositivos electrónicos, especialmente redes sociales y videojuegos.
Diversas investigaciones sobre el tema, revelan que una parte importante de adolescentes presenta comportamientos compatibles con uso problemático o compulsivo de redes sociales y teléfonos móviles, situación que comenzó a preocupar a organismos de salud pública y expertos en desarrollo infantil.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó limitar el tiempo de exposición a pantallas en menores de edad y evitar su uso en niños menores de dos años, salvo videollamadas supervisadas.
¿Pueden favorecer conductas obsesivas o TOC?
Psiquiatras y especialistas en salud mental advierten que el uso intensivo de dispositivos electrónicos también puede potenciar conductas obsesivas y compulsivas en adolescentes vulnerables emocionalmente.
Aunque no existe evidencia científica concluyente que confirme que los dispositivos electrónicos provoquen directamente un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), expertos señalan que ciertos hábitos digitales pueden reforzar patrones repetitivos de comportamiento y altos niveles de ansiedad.
Entre las conductas detectadas figuran la necesidad compulsiva de revisar notificaciones, desbloquear constantemente el teléfono, miedo a perderse publicaciones en redes sociales —fenómeno conocido como “FOMO” (Fear Of Missing Out)— y dependencia emocional de la conexión permanente.
Especialistas explican que la dinámica de las redes sociales estimula circuitos cerebrales relacionados con la recompensa inmediata y la liberación de dopamina, lo que favorece comportamientos repetitivos.
Además, adolescentes con antecedentes de ansiedad, inseguridad o dificultades emocionales pueden desarrollar una relación poco saludable con la tecnología, aumentando pensamientos intrusivos y conductas compulsivas.
¿Cuáles son las consecuencias?
Los efectos asociados al uso excesivo de pantallas abarcan áreas físicas, emocionales y sociales.
Uno de los principales impactos detectados es la alteración del sueño. La exposición nocturna a celulares y tablets afecta la producción de melatonina y dificulta el descanso adecuado, situación que repercute directamente en el rendimiento académico y el estado emocional.
Especialistas también alertaron sobre el incremento de ansiedad, depresión, irritabilidad, déficit de atención y dificultades para mantener la concentración durante períodos prolongados.
En el plano físico, el sedentarismo asociado al exceso de pantallas incrementa riesgos de obesidad infantil, dolores musculares, problemas posturales y fatiga visual.
Otro aspecto que preocupa a expertos es el deterioro de las relaciones interpersonales y la disminución de actividades recreativas al aire libre. Psicólogos advierten que muchos menores reemplazan espacios de convivencia familiar o social por largas jornadas frente a videojuegos o redes sociales.
¿Cómo influyen padres y planteles escolares en el empleo excesivo de estos dispositivos?
Especialistas coinciden en que el entorno familiar y escolar desempeña un papel determinante en los hábitos digitales de niños y adolescentes.
Los padres suelen convertirse en el principal modelo de conducta tecnológica. Cuando los adultos utilizan constantemente el celular durante comidas, conversaciones o actividades familiares, los menores tienden a normalizar ese comportamiento.
Asimismo, la ausencia de límites claros sobre horarios, contenidos y tiempo de exposición favorece el uso excesivo de dispositivos electrónicos.
En el ámbito educativo, el incremento de herramientas digitales tras la pandemia también elevó las horas diarias frente a pantallas. Aunque muchos colegios incorporaron plataformas tecnológicas como apoyo académico, especialistas recomiendan equilibrar el aprendizaje digital con actividades deportivas, recreativas y espacios de interacción presencial.
Psicólogos advierten que los dispositivos no deben utilizarse como sustituto permanente de la atención, el entretenimiento o la regulación emocional de los menores.
Recomendaciones y terapia ocupacional
Frente al aumento de casos relacionados con el uso problemático de pantallas, especialistas recomiendan establecer rutinas digitales saludables desde edades tempranas.
Entre las principales sugerencias destacan:
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Limitar el tiempo de pantalla según la edad.
Evitar dispositivos durante comidas y antes de dormir.
Supervisar contenidos y redes sociales.
Fomentar actividades deportivas y recreativas.
Promover espacios familiares libres de celulares.
Mantener horarios de sueño estables.
La terapia ocupacional también comenzó a desempeñar un papel importante en niños y adolescentes con dependencia tecnológica o dificultades emocionales vinculadas al entorno digital.
Estos tratamientos buscan fortalecer habilidades sociales, mejorar la regulación emocional, reducir la ansiedad y recuperar actividades fuera del mundo virtual.
Especialistas coinciden en que el objetivo no es eliminar completamente la tecnología, sino enseñar un uso equilibrado y responsable que permita proteger el desarrollo físico y emocional de niños y adolescentes.
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FUENTE: Con información: Mayo Clinic, Harvard Medical School National Institutes of Health (NIH), American Psychological Association (APA)
