MIAMI.- Las enfermedades que atacan a la mujer han sido tabú por muchos años, por eso no extraña que la vulvodinia, como se conoce a la sensación de ardor o dolor en la vulva que puede desequilibrar la vida de muchas mujeres haya sido considerada por décadas como un trastorno psicológico.
Vulvodinia, un dolor capaz de arruinar la vida de una mujer
Pero no se trata de un problema mental, si bien en estos casos no es evidente el daño en el tejido, no hay infección, ni tampoco hongos, la inflamación crónica confirma que se trata de un problema físico y real, aunque hasta ahora se desconoce su origen.
Según los Institutos Nacionales de Salud (NIH) entre un 9% y un 18% de las mujeres de entre 18 y 64 años de edad podrían presentar dolor vulvar en algún momento de su vida, aunque no necesariamente son diagnosticadas con este trastorno que, de no ser tratado, puede convertirse en una condición crónica.
El dolor que caracteriza la vulvodinia puede ser constante o intermitente, localizado o difuso, ligero o debilitante, y en la mayoría de los casos se localiza en la zona que rodea la abertura de la vagina, área a la que llamamos vulva.
Entre ardor y dolor
La vulvodinia está categorizada en dos grandes grupos, el síndrome de vestibulitis vulvar, que se caracteriza por la sensación de dolor que se experimenta al tacto o presión de la vulva; y la vulvodinia disestésica, una condición menos común, que tiende a ser crónica y se manifiesta con ardor, irritación, prurito y/o dolor en el momento de la penetración. Esta última se asocia al proceso de desbalance hormonal propio de la menopausia.
Se trata de un trastorno de origen multifactorial, muchos especialistas consideran que puede ser un problema ocasionado por una vaginitis o cistitis recurrentes; el resultado de un proceso de irritación bien sea mecánico o por productos químicos; los micro traumas repetitivos como consecuencia de actividades deportivas intensas; el sexo; las contracturas crónicas; la tensión del suelo pélvico; el estreñimiento crónico; las hemorroides y hasta las fisuras anales.
Pero además, existen ciertos factores de predisposición al trastorno, entre ellos el aumento de la susceptibilidad, la genética, el dolor crónico generalizados, la hiperactividad del sistema muscular local, y algunos problemas psicológicos como traumas por abuso físico, sexual o emocional.
Reacción al tacto
En cuanto a los síntomas propios de la vulvodinia es importante saber que estos pueden aparecer espontáneamente, sin una causa aparente, o ser producto de un roce ocasional. Suelen durar varios días y empeorar en la noche, también pueden hacerse aún más molestos a consecuencia del estrés, el frio, la humedad y en los días previos a la menstruación.
Además del dolor y ardor intenso y punzante en la vulva, es usual que estas molestias se extiendan hasta el ano, el clítoris, e incluso, hasta la uretra. Las mujeres con esta condición también experimentan una sensación de abrasión, resequedad, picor e hinchazón en el área.
Para quienes enfrentan esta condición la relación sexual puede ser muy dolorosa, e incluso provocar disuria, como se llama a la dificultad para orinar, y por ende suele provocar además de los problemas físicos, un profundo estado depresivo en la mujer.
Diagnosticar la vulvodinia es un proceso relativamente sencillo, basta con un ligero toque en los puntos específicos de la zona vestibular con la punta de un cotton fiock, este contacto permite al médico confirmar la presencia de ardor o dolor exagerado en la zona, así como la contracción álgica del suelo pélvico.
Relajación y alivio
No existe un protocolo estándar para el tratamiento de este trastorno, así que los esfuerzos en este sentido se concentran en atacar el dolor y el ardor, relajar los músculos del suelo pélvico y hacer cambios en la dieta.
A nivel farmacológico se recomienda tomar un suplemento de citrato de calcio tres veces al día para aliviar el dolor y el prurito; antiinflamatorios, como esteroides de alta potencia, antihistamínicos, e incluso nitroglicerina tópica que se usa para abrir los vasos sanguíneos.
También es recomendable el uso de caléndula en crema varias veces al día, por su efecto antiinflamatorio. Más allá de los medicamentos, es recomendable mantener una actividad intestinal regular, consumir alimentos ricos en prebióticos y practicar constantemente ejercicios específicos para fortalecer los músculos del suelo pélvico.
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