MIAMI.- En los altos de la Cordillera de los Andes, donde la tierra parece tocar el cielo, Bolivia celebra el día de su independencia cada 6 de agosto.

Fue precisamente ese día, en el año 1825, cuando el mariscal Antonio José de Sucre, siguiendo órdenes precisas de Simón Bolivar, entró en territorio alto peruano para apoyar al proceso libertador que los habitantes de la zona y sus antecesores habían puesto en marcha.

Así comienza el documento que puso fin al dominio colonial español: "El mundo sabe que el Alto Perú ha sido en el continente de América, el ara donde vertió la primera sangre de los libres y la tierra donde existe la tumba del último de los tiranos".

De hecho, unos días antes, el 9 de julio de 1825, fue convocada la Asamblea Deliberante en Chuquisaca y se determinó llamar al país República Bolívar, en honor a la Batalla de Junín, de la que salió victorioso Bolívar.

"De Rómulo viene Roma y de Bolívar vendrá Bolivia", señaló entonces el diputado Manuel Martin Cruz, aunque con los años se volvió a debatir el nombre y se sustituyó por Bolivia.

Más cerca del cielo

Hoy, a 3.640 metros de altitud, unos 11.942 pies, yace La Paz, capital del país andino, rodeada de altas montañas y unos barrancos que no parecen tener fondo.

Su nombre original fue Nuestra Señora de La Paz y fue fundada por el conquistador español Alonso de Mendoza en 1548. De aspecto urbano cosmopolita y contrastante, el lado norte está constituido por los barrios más populares, mientras el sur ostenta las barriadas más opulentas. Dos extremos discordantes que parecen estar conectados por una amplia vía urbana que todos llaman Paseo del Prado, pero lleva por nombre Avenida 16 de Julio en franca alusión al estallido de la rebelión contra el dominio español.

Al comienzo de la amplia avenida está la Plaza de San Francisco, que es una espaciosa explanada donde abundan los vendedores ambulantes.

Allí se percibe la vida del boliviano humilde que busca el sustento del día. Es una imagen que está caracterizada por el traje típico de la mujer de la zona, que con su larga falda de colores y pliegues, chal y sombrero negro, anuncia el clima templado de esta ciudad andina.

Sobre un lado de la plaza resalta la Basílica de igual nombre. Auténtica joya de la llamada arquitectura barroco mestiza construida en 1549 y reedificada hacia 1785 tras una fuerte nevada que destruyó el techo.

También está la Plaza Murillo con cuatro importantes edificaciones. Una es la Catedral de Nuestra Señora de la Paz, estilo neoclásico, construida en 1556 y reedificada en 1831, que tiene al frente el Palacio Nacional, también neoclásico, donde radica la presidencia del país.

A un lado está el Palacio Legislativo y al otro el Museo Nacional de Arte, albergado en un antiguo palacio estilo barroco que guarda una extensa colección de pintura, escultura, muebles y artes menores de la época colonial y contemporánea.

 

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