Negociar con Fidel Castro la liberación de los prisioneros de Bahía de Cochinos fue, en la vida del abogado James Donovan, el capítulo posterior a los episodios que narra la película Bridge of Spies , de Steven Spielberg, estrenada el 16 de octubre en circuitos comerciales. Desde Schlinder’s List, Spielberg parece aferrado a eso de que la realidad es más elocuente que la ficción. Por ahí suceden cosas tremendas que uno ni se imagina. Basta rastrear historias, explorar mucho, para dar con lo extraordinario.
“Bridge of Spies” debería tener una segunda parte cubana
Es curioso, pero así mismo piensan o pensaron desde García Márquez, quien decía que no hay tal realismo mágico sino pura observación de la vida cotidiana, hasta el único estadounidense de Monty Python, Terry Gilliam, que calificó de documental su disparatada película Brazil (1985)
Es curioso, pero así mismo piensan o pensaron desde García Márquez, quien decía que no hay tal realismo mágico sino pura observación de la vida cotidiana, hasta el único estadounidense de Monty Python, Terry Gilliam, que calificó de documental su disparatada película Brazil (1985).
En Bridge of Spies juega un importante papel el aspecto de la entereza moral, la vocación de ser consecuente con los principios éticos, en este caso de un abogado estadounidense con la Constitución. Pero no se asusten, no hay panfleto. Los hermanos Coen metieron la mano en el guión, según cuenta el autor de la historia original, Matt Charman, y le inyectaron entretenimiento al relato.
En plena Guerra Fría, 1957, la vida pone a James Donovan (Tom Hanks) en una coyuntura: acepta un deber patriótico, el de asumir la defensa del espía soviético Rudolf Abel (Mark Rylance) para mostrar el lado justo de la sociedad estadounidense, pero mientras lo hace debe decirle en la cara hijo de p… a un agente de la CIA que intenta manipularlo. Lo miran atravesado en el metro, su familia y sus propios amigos no entienden por qué lleva el caso como si de veras el espía mereciera ser defendido, pero él simplemente dice que tiene que hacer bien su trabajo. Insiste en no condenar a Abel a la silla eléctrica porque pudiera ser útil para un canje, llegado el caso de que Estados Unidos necesite recuperar a un prisionero en manos de la URSS. Y la ocasión aparece en cuanto el enemigo atrapa con vida al piloto Francis Gary Powers (Austin Stowell) mientras sobrevolaba Rusia en un avión espía U-2.
Hanks, como siempre, raya lo impecable en el papel de Donovan, pero ¿a quién hay que darle el premio de casting por haber pensado en el británico Mark Rylance para el personaje del espía? ¡Qué clase de actor ese tipo! Su Rudolf Abel mete miedo. Hay que tener mucho talento para que un personaje hermético luzca de carne y hueso. Ahora me entero de que ha ganado tres premios Tony en Broadway, de que fue el primer director artístico del Shakespeare’s Globe en Londres y de que muchos lo consideran el mejor actor de teatro de su generación. Spielberg volvió a trabajar con él en una película que ahora anda por posproducción, The BFG (por The Big Friendly Giant, o El gigante afable), en la cual, aunque Rylance mide 5.8’, le dio, por supuesto, el papel del gigante. Ojo en la categoría de actor de reparto en los próximos Oscar.
El Donovan de la vida real estuvo muy vinculado a Cuba. A solicitud del exiliado Pablo Pérez Cisneros, negoció con Fidel Castro la liberación de los 1.113 prisioneros de la Brigada 2506 que habían invadido Bahía de Cochinos. Su hijo John B. Donovan y Pérez Cisneros escribieron After The Bay of Pigs, considerado el libro definitivo sobre esa operación. Según contó Pérez Cisneros a Wilfredo Cancio Isla, entonces Castro le pidió a Donovan el famoso traje de buceo que la CIA quiso contaminar con un hongo que lesionaba la piel. Al final Donovan le entregó uno inofensivo comprado por el propio Pérez de Cisneros en Times Square, en Nueva York, porque Donovan temía que descubrieran el plan de atentado, que se frustraran las negociaciones y que lo ejecutaran a él.
Da para otra película.
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