MIAMI.- El estreno en Miami de la obra El león y la domadora, del escritor y dramaturgo Antonio Orlando Rodríguez (Premio Alfaguara de novela 2008), dirigida por Eddy Díaz Souza, posee varios aspectos significativos. Es la producción de Artefactus Cultural Proyect, la casa convocante del Miami Open Arts Fest (MOAF), en su sexta edición.
"El león y la domadora" agrada a la escena Miami en el Open Arts Fest
La pieza teatral del dramaturgo Antonio Orlando Rodríguez y dirigida Eddy Díaz Souza fue una de las propuestas que el Open Arts Fest trajo al público de Miami
También marca su presentación por primera vez en Miami (para resaltarlo con más sonoridad), un cuarto de siglo después de haber sido escrita para la compañía Mapa Teatro, de Colombia, que la estrenó en 1998, en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. Finalmente, la obra de un cubano llega a un público mayoritariamente cubano, también en el marco de otro festival, el MOAF.
Todas estas circunstancias resultan significativas, porque de alguna manera se complementan con la esencia de El león y la domadora. Un texto que trata sobre el vivir con miedo, el buscar nuevos horizontes, el desplazamiento y la desesperanza.
Una obra estructurada a partir de símbolos, muchos, demasiadas metáforas, buscando la atemporalidad y evitar establecer un lugar geográfico específico, algo que, por momentos, enfría el concepto total de la pieza. Sin embargo, esto también podría interpretarse como parte del miedo que recorre todo el texto, donde muchas cosas que no expresan los protagonistas, se visualizan a través de los elementos escenográficos y de vestuario.
Antonio Orlando Rodríguez enriquece su obra con frases impactantes: “no sabría vivir sin este miedo nuestro de cada día”; “nueve leones se fueron muriendo de hambre”; “los perdió [los dientes] cuando la gran hambruna”; “tu sitio es dónde puedas despojarte de todas las máscaras”. En otro momento, en un juego entre el león y la domadora, se proponen definir un país, que previamente había mencionado el actor como “una isla”: “arado”, “caimán”, “la más hermosa que ojo humana haya visto”, “reino de Nunca jamás”, “país de azúcar”. “Un país es una navaja y nosotros caminando por el filo”. Insisto, una obra de simbolismos.
Eddy Díaz Souza toma en cuenta estos elementos para su propuesta, además enriquece la escena con una acertada escenografía, creada por Carlos Artime, donde se ambienta una carpa de circo, se exhibe un carrusel que es una caja de música, cántaros con plantas, algunas de ellas secas, un acordeón, logrando un espectáculo visualmente agradable. Viste a la actriz con una blusa llena de medallas y condecoraciones, un miriñaque. Al hombre con chaqueta de domador y collar de payaso. En general una ambientación que aporta mucho a la propuesta, moviéndola un poco por el teatro del absurdo. La inclusión de la chelista Yamilé Pedro, resultó todo un acierto en la concepción del programa.
Un espectáculo muy visual, con una historia difícil de resumir, ya que todo va fluyendo en pequeñas dosis, hilvanadas por el miedo, ese miedo del que nos advertía Virgilio Piñera. Aun así es un texto fuerte en su conjunto, interpretado por dos actores de peso, Mabel Roch, como la Domadora y Juan David Ferrer, como el León. Ambos se desplazan con soltura, interactúan, se enfrentan y constantemente mencionan a “cuando lleguemos”, aludiendo a un sitio que al final nunca se arriba, pero que, junto al aludido miedo, va marcando la intención de lo esperanzador, como diría el poeta: “Y al otro lado qué hay al otro lado/ qué escondes mar al otro lado”.
Dos actores con muchos recursos, que defienden una obra muy demandante, mucho texto, movimiento y acción, incluso Ferrer canta Ojos negros en ruso, además, lleva a modo de melena de león, un gorro parecido al que se usa en las estepas rusas. Una obra de detalles visuales y en los parlamentos.
El león y la domadora demoró mucho en llegar a Miami (por La Habana no podrá pasar todavía), dejando una grata impresión en la escena local.
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