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ANÁLISIS

Hambre, un autorretrato impresionista

Hambre es un monólogo interior, refleja la soledad radical del individuo en una urbe moderna del siglo XIX

Por Edgar Cherubini Lecuna

Knut Hamsun (1859-1952) fue un pionero de la literatura psicológica. Para Isaac Bashevis Singer, Hamsun es el padre de la literatura moderna, a quien califica de “escritor impresionista”. Leer la traducción al español realizada por Zarina Martínez Børresen directamente del texto original en noruego de “Hambre” (Sult, 1890), que hoy nos brinda Aquelarre Ediciones (2025), es un valioso aporte al conocimiento de esta obra muy singular en la que cada página y cada capítulo nos da la sensación de estar observando selfies de hace dos siglos.

La novela narra la experiencia de un joven periodista conocido solo por sus pseudónimos, que vive en Kristiania (antiguo nombre de Oslo), luchando por sobrevivir en la miseria. Sometido a un hambre persistente, el protagonista deambula por los diarios de la ciudad intentando publicar artículos para conseguir algo de dinero. El relato se centra en el flujo de conciencia del protagonista; sus pensamientos erráticos, su orgullo, su delirio, su ironía, se cree el personaje bíblico Job debido a las pruebas a las que se siente sometido que conducen a su progresiva desintegración física y psíquica. El hambre que padece no es solo una condición física, sino una fuerza que desfigura la percepción del mundo alterando el lenguaje, provoca alucinaciones y empuja la neurosis del personaje a comportamientos absurdos y autodestructivos. Su mente creativa oscila entre momentos de lucidez intelectual y episodios de delirio. Se presenta con nombres falsos como para no dejar rastro de su precaria situación, inventa historias falsas sobre su vida a la gente con quien imprevistamente se encuentra, se humilla y se eleva a sí mismo en un vaivén constante. En diversos momentos de la historia, el protagonista rechaza por simple orgullo la comida que alguien le ofrece por compadecerlo. La ciudad aparece como un espacio hostil, indiferente y fragmentado, reflejo de su estado interior. De la precariedad a la anorexia forzada, fue empeñando todo lo que tenia de valor, hasta los finos botones de su abrigo, no le quedaba ya nada que ofrecer. Las escasas ganancias servían para pagar deudas pendientes a los caseros de las sórdidas habitaciones donde se alojaba y lo poco que le sobraba lo regalaba a los pobres de la plaza.

Hambre es un monólogo interior, refleja la soledad radical del individuo en una urbe moderna del siglo XIX. Es el relato en primera persona de la disolución del yo presionado por la necesidad de escribir. Para el protagonista, el lenguaje es su último refugio y su huida hacia adelante en busca de su propia redención. No es una novela sobre “la pobreza”, sino sobre la conciencia en situación límite, cuando el mundo deja de aparecer como horizonte estable con sentido. En el yo narrativo de Hambre no hay progresión psicológica ni desarrollo coherente del carácter. La subjetividad aparece fragmentaria y sin centro. El personaje, caótico e instintivo, por momentos se convierte en un Trickster, como pienso que lo hubiera definido Jung, ya que representa una psique cambiante, cuya función, por momentos, es desestabilizar las formas establecidas de conciencia y revelar, a través del caos y la ironía contra sí mismo y a quienes lo rodean. La desintegración del yo no conduce a una afirmación de la libertad ni a un proyecto legítimo. El hambre funciona como figura de desorganización del orden simbólico, el caos personal que ha creado rompe reglas, se burla, provoca, actúa compulsivamente mientras observa escenas de gran belleza o es manejado por el erotismo de una joven mujer. El protagonista no tiene hambre, es el hambre. Su percepción del espacio se modifica, la ciudad pierde sus contornos; el tiempo se convierte en dilataciones y repeticiones obsesivas; la intencionalidad de la conciencia no se orienta a proyectos, sino a impulsos erráticos. No hay desarrollo psicológico progresivo, sino oscilaciones. El sufrimiento no conduce a una verdad superior. El hambre no revela sentido, más bien lo destruye. No hay ética del absurdo ni rebelión dignificante, sólo decadencia. Por eso Hambre incomoda tanto a lecturas humanista ya que no ofrece consuelo, ni denuncia social clara, ni salida moral.

Hamsun como escritor impresionista

“Y la oscuridad me empezó a cubrir; todo estaba en silencio, todo. Pero en el cielo se oía la música eterna, el aire, el zumbido lejano y sin tono que nunca cesa”. Aunque el argumento se desarrolla en la Kristiania finisecular (actual Oslo), la ciudad no es descrita al estilo Naturalista ya que nada encaja, nada responde a su verdadera descripción, es como si el narrador realizara trazos y bocetos impresionistas para integrarlos a su historia, a veces utilizando colores primarios sobre el gris de fondo de la urbe, como lo hace al seguir y asediar a una mujer vestida de rojo para declararle su amor y llamarla con un palíndromo inventado por su febril imaginación.

Indagando sobre la calificación de esta ópera prima de Hamsun como una obra impresionista, encontré algunas referencias en Arnold Hauser (Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte, Ediciones Guadarrama, 1968). Con el impresionismo (1834-1906) y su influencia sobre la sociedad, nace una manera de ver el mundo; de lo estático y racional a lo dinámico y momentáneo. Según lo afirma Hauser, “El modo de ver impresionista transforma la imagen natural en un proceso, en un surgir y un transcurrir. Disuelve todas las cosas estables y firmemente sujetas en una metamorfosis y presta a la realidad el carácter de lo imperfecto y lo no terminado. Un arte conforme a este mundo no sólo acentuará lo momentáneo y transitorio de los fenómenos en los que los hombres encuentran realmente la medida de las cosas, sino que buscará en el hic et nunc (“aquí y ahora”) del individuo el criterio de la verdad. La casualidad les parecerá el principio de toda existencia. La primacía del instante, del cambio y de la casualidad significa, estéticamente expresada, el dominio del estado de ánimo sobre la vida”.

El reto de traducir Hambre

La traducción al español realizada por Zarina Martínez Børresen, es producto de su afanosa investigación de costumbres, modismos y expresiones idiomáticas noruegas del siglo XIX, utilizadas por Hamsun en sus novelas. El haber traducido al español directamente del texto original en noruego de 1820, que hoy nos brinda Aquelarre Ediciones (2025), es un valioso aporte, ya que las versiones anteriores en español de este libro son traducciones imperfectas de otros idiomas. Conocí a Zarina Martínez Børresen en París en 2011 y desde entonces hemos mantenido una relación de amistad alimentada por interesantes pláticas sobre arte y literatura. Lo que sigue es un extracto de la conversación que sostuvimos sobre la aventura que significa para ella ser una referencia académica sobre la obra de Hamsun.

¿Cómo traducir la lengua y las costumbres del siglo XIX, realidades que ya no existen, mundos ajenos a una persona del siglo XXI?

Considero que la obra de Hamsun es universal y absolutamente actual, independientemente de cuando haya sido escrita, debido a que aborda temas y situaciones sin fecha de caducidad. No olvidemos que Hamsun es considerado como uno de los pioneros de la literatura moderna. Al hablar noruego y haber leído la obra en el idioma original, visitado los lugares descritos por Hamsun, estudiado a fondo buena parte de su obra y por último el vivir en Noruega, me han dado, como traductora, una perspectiva más amplia de ésta en su totalidad y por lo tanto he podido acercarme a ella con más herramientas que, por ejemplo, los primeros traductores de Hamsun al español. Las traducciones al español antes de los 90 se basaron en versiones del alemán y del francés principalmente, y en algunos casos decidieron “mejorar” su estilo o simplemente omitir pasajes complicados o demasiado detallados. Un buen traductor debe conocer bien la lengua de la cual va a traducir. En literatura entra la responsabilidad del traductor, como dice Humberto Eco, de “decir casi lo mismo” y no lo que suena bien, de “mejorar” o interpretar lo que cree que el autor quiso decir.

En el prólogo de Hambre, Zarina afirma que la traducción y posteriormente la corrección del estilo de esta novela implicaron retos interesantes: “Los que parecen errores gramaticales y las repeticiones, así como la falta de guiones o comillas para marcar los diálogos y monólogos son comunes en los primeros títulos de Hamsun y, en el caso de Hambre, una manera muy efectiva de reproducir la mente alterada del personaje narrador. Resultaba tentador intentar “mejorar” el texto, pero creo que hacerlo le hubiera restado impacto a la representación, por Hamsun, del personaje y de su extrema situación”. En el prólogo, Zarina comenta que al leer la primera edición de 1890 se encontró con pasajes omitidos en la edición de 1954. Añade que Hamsun no quiso definir la primera versión completa como novela, sin embargo, el subtítulo “novela” fue introducido en las ediciones a partir de 1917. Hamsun tenía 26 años cuando escribió Hambre y es innegable que se trata de un crudo relato autobiográfico, no de una ficción redactada por un novelista. Hambre constituye una ruptura estética y epistemológica decisiva en la novela moderna, comparable a Joyce, a quien se atribuye esta frase: “La realidad humana acontece en y por el lenguaje”.

edgar.cherubini@gmail.com

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