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CINE

I.S.S.: el eterno dilema de la humanidad

I.S.S. nos cuenta la historia de Kira Foster (Ariana DeBose), una doctora que acaba de llegar a la Estación Espacial Internacional que orbita alrededor de la Tierra.

Por LUIS BOND

El espacio exterior, como cualquier otra zona liminal, representa un misterio inescrutable. Su grandeza infinita contrasta con los lugares claustrofóbicos en los que hacen vida los astronautas. Ausencia de gravedad, sonido y oxígeno —entre otras cosas más—nos recuerda lo frágiles que somos como seres humanos, independientemente de la tecnología que nos permita navegar por las oscuras aguas del universo. Es por eso que decenas de cineastas han sido hechizados por el fascinante cosmos y lo han utilizado como un lienzo para explorar todo tipo de temas. Desde la metafísica en 2001 A Space Odyssey, el terror a lo desconocido en Alien, la noción de destino en Interestelar o el sentido de la vida en Moon, el universo nos ofrece, como sus estrellas, infinitas posibilidades narrativas. Es en este linaje en donde se encuentra I.S.S., lo nuevo que nos trae Bleecker Street a las salas de cine. Un thriller psicológico cuya premisa, a pesar de desarrollarse a 400 kilómetros lejos de nuestro planeta, nos aterra por lo real y cercana que está de nosotros.

I.S.S. nos cuenta la historia de Kira Foster (Ariana DeBose), una doctora que acaba de llegar a la Estación Espacial Internacional que orbita alrededor de la Tierra. Junto con ella tenemos a un grupo de compatriotas norteamericanos, Gordon Barret (Chris Messina) y Christian Campbell (John Gallagher Jr.), que deberán compartir instalaciones con sus colegas rusos, Nicholai Pulov (Costa Ronin), Alexey Pulov (Pilou Asbæek) y Weronica Vetrov (Masha Mashkova). Como un ejercicio de camaradería y armonía entre ambas naciones, los astronautas de ambas naciones hacen su mayor esfuerzo por trascender las barreras del lenguaje y la cultura, ayudándose los unos a los otros en las pequeñas tareas cotidianas durante su proceso de adaptación. Las cosas se complican cuando estalla un conflicto bélico entre Estados Unidos y Rusia, obligando a los tripulantes de la estación a enfrentarse los unos a los otros para tomar el control del lugar a cualquier costo.

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Dirigida por Gabriela Cowperthwaite (Blackfish, Megan Leavey y The Grab), I.S.S. es una historia minimalista y llena de tensión que explora la paranoia y los prejuicios que nacen cuando el ser humano es puesto a prueba en un contexto completamente desolador y hostil. A diferencia de sus homólogas que se desarrollan en el espacio exterior, la película pone el acento en lo claustrofóbico e incómodo que es compartir un lugar tan pequeño, frágil, sin gravedad y privacidad como una estación especial. Al mismo tiempo, se encarga de jugar con los dilemas morales y éticos del público, transformando a un grupo de colegas en potenciales enemigos. Sin caer en una dinámica de Battle Royale, la hostilidad entre ambas partes se construye como un juego de ajedrez: a través de pequeñas acciones, miradas, silencios y suposiciones. Gracias a esta puesta en escena tan constrictiva, Cowperthwaite brilla en construir una sensación ominosa perenne con encuadres flotando, angulaciones holandesas, composición asimétrica y cambios constantes de perspectivas (no solo entre personajes, también oscilando entre la cámara omnisciente que cuenta la historia y las de seguridad en blanco y negro). El resultado termina acrecentando la sensación de encierro que tenemos en la estación y, al mismo tiempo, creando un ritmo bastante dinámico y visualmente atractivo mientras avanza la historia.

Siguiendo con el apartado técnico, la cinematografía de Nick Remy Matthews (Hotel Mumbai, Furia) se aleja de las estéticas que nos conseguimos en las películas que se desarrollan en el espacio exterior (temperatura fría, flares, pocas sombras, etc), decantándose por dar vida a diferentes espacios lumínicos con colores para resaltar las diferencias en cada lugar de la estación (lo mismo que los diferentes moods que va atravesando el conflicto). Al mismo tiempo, utiliza claroscuros y el juego con las luces para dotar de mayor tridimensionalidad un espacio que fácilmente pudiese percibirse plano en pantalla. El diseño de producción de Geoff Wallace

(Are You Afraid of the Dark?, The Astronauts, Assault on Wall Street) también evita los clichés que solemos conseguirnos en las naves espaciales, poniendo el acento en tecnología casi analógica, huyéndole a los gadgets demasiado futuristas, alejándose de estética ascética y limpia para construir un feeling que recuerda más a un motorhome sin gravedad que a una estación espacial. Por supuesto, toda esta construcción visual consigue su mejor complemento en la banda sonora de Anne Nikitin (American Animals, Hijack, The Dropout) que es lo suficientemente envolvente para mantenernos tensos durante el metraje, pero lo bastante sutil como para no robarse el protagonismo de lo que sentimos.

I.S.S. Still 3 Courtesy Bleecker Street.jpg

Momento cumbre del film.

Paradójicamente, la pata floja de I.S.S. es su guion (y siendo una historia casi minimalista y enfocada en la psique de los personajes esto parece una ironía). A pesar de tener una premisa tan atractiva y un tema complejo de fondo, el desarrollo de ciertos conflictos y la resolución de los mismos va en detrimento de la lógica interna de la historia y sus personajes. Cuando el largometraje se mueve en el terreno del subtexto y la ambigüedad gana muchísimo, pero cuando sus personajes eligen tomar decisiones extremas —y se justifican— la historia pierde. A pesar de esto, el ritmo del relato jamás aburre gracias al montaje de Richard Mettler (The Cursed) y Colin Patton (Dickinson, Pitch Perfect 3, The Good Place). El trabajo de ambos logra mantenernos en vilo desde la primera escena, jugar con nuestra percepción del tiempo y que pongamos el foco en la tensión que genera la puesta en escena de algunos conflictos que, a nivel de guion, no se sostienen por sí mismos.

El otro punto que también ayuda a ocultar las falencias del guion son las actuaciones del cast. Casi como un ejercicio de teatro que busca explorar a los personajes, todos se encargan de transmitirnos con miradas, gestos pequeños y omisiones en sus diálogos cómo la paranoia se va apoderando de ellos. Si a esto sumamos que los actores tuvieron que conseguir un registro bastante sutil mientras lidiaban con mantener la ilusión del efecto de gravedad cero, limitándonos en la utilización orgánica de sus expresiones corporales, definitivamente, estamos frente a un trabajo impecable. Sí, Ariana DeBose es la protagonista de la historia, está maravillosa y se roba el show, pero el cast completo no se queda atrás y logra que sintamos por ellos amor y odio con cada una de sus decisiones.

A pesar de desarrollarse en el medio del espacio, I.S.S. explora uno de los aspectos más viscerales de nuestra naturaleza: la paranoia que aflora cuando nos vemos amenazados en un lugar desconocido. A través de sus personajes atrapados en dilemas cuestionables, la película interpela a la audiencia con sus propios prejuicios y arroja un halo de luz, en el medio de la oscuridad del cosmos, a la parte más psicopática de nuestro ser. Puede que estemos a cientos de kilómetros de distancia de nuestro planeta, pero solo hace falta una simple oración para exponer la dicotomía que siempre nos ha perseguido como raza humana cada vez que hay una crisis: o aprendemos a confiar en otros para unirnos o pensamos lo peor de todos y nos destruimos. Por último, I.S.S. nos remite a un pasaje demoledor del escritor de ciencia ficción Cixin Liu en El final de la muerte: “la vida realizó un salto evolutivo cuando pasó del océano a tierra firme, pero los primeros peces que pisaron la tierra dejaron de ser peces. Del mismo modo, cuando los seres humanos entran en el espacio y se liberan de la Tierra, dejan de ser humanos. Es por ello que a todos les digo: cuando pretendan adentrarse en el espacio exterior sin mirar atrás, por favor piénsenlo bien. El coste a pagar es muy superior a lo que ustedes son capaces de imaginar”.

Lo mejor: su propuesta claustrofóbica a nivel narrativo y visual. Su premisa que juega con la paranoia de los personajes y del espectador. Sus lecturas alrededor de los prejuicios y las consecuencias de una potencial guerra nuclear. Las actuaciones del cast y la música.

Lo malo: aunque el efecto de gravedad cero está muy bien logrado, por momentos, el CGI deja mucho que desear. Su lectura que empata con los fantasmas de la Guerra Fría puede parecer demodé para el público en general. El desarrollo de algunos conflictos en el guion.

Por: Luis Bond // @luisbond009

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