Un beso breve pero intenso bajo el sol: así se mostraron Meghan y Harry a su salida de la iglesia como marido y mujer. Detrás de los duques de Sussex bajaron la escalinata de la capilla de San Jorge su hermano Guillermo con su esposa Catalina y sus hijos, Jorge y Carlota, que cumplieron con gran profesionalidad su tarea como pajes.
La boda real británica en imágenes: así fue la unión de Meghan y Harry
Detrás dejaban una serie de gestos que hicieron sonreír con cierta ironía a más de un invitado tradicional: un pastor que no dejó de hablar del poder del amor para cambiar el mundo, un coro de gospel y una madre de la novia con piercing.
En el paseo posterior en coche abierto de caballos la estadounidense Meghan mostró que ha aprendido los gestos reales y saludó sonriente a lo largo de todo el camino. Tras unos 25 minutos la pareja regresó al castillo para la recepción a los invitados.
Para ellos no se había puesto una alfombra roja, pero hubiese sido lo apropiado. El actor George Clooney le acariciaba con dulzura el brazo a su esposa Amal, que atrajo muchas miradas con un espectacular vestido amarillo. Idris Elba saludó a los curiosos y fueron vitoreados a su llegada también David y Victoria Beckham, pese a que ella se veía algo malhumorada.
El cantante romántico James Blunt parpadeaba ante el intenso sol y la presentadora estrella estadounidense Oprah Winfrey asistió con un vestido rosa y un poderoso sombrero, de dimensiones tan impresionantes como el de Camilla, la esposa del príncipe Carlos.
La hermana de Catalina, Pippa, llevaba un vestido verde menta muy recatado. Al fin y al cabo ya han pasado siete años desde que el sexy vestido blanco que llevó en la boda de su hermana le granjeara el sobrenombre de "Her Royal Hotness".
El cantante Elton John saludó a muchos de los invitados en la iglesia con un abrazo. John era un íntimo amigo de la princesa Diana, la madre de Harry, y cantó en su funeral en 1997 una versión de "Candle in the Wind".
A su llegada en uniforme militar de gala junto con su hermano y padrino Guillermo, Harry se veía nervioso, a diferencia de lo habitual, ya que suele ser muy natural y con sentido del humor. Veinte minutos antes del inicio de la ceremonia ya estaba puntualmente en su puesto. La ceremonia estaba planificada hasta el último detalle y así se cumplió. La reina Isabel II llegó cinco minutos antes del inicio vestida de verde lima y junto con el príncipe Felipe.
Sonó una fanfarria y la novia avanzó hacia el altar con su sencillo vestido. Optó por un blanco puro porque es fresco y moderno, explicaron desde el Palacio de Kensington. Para algunos fue una sorpresa porque es el segundo matrimonio de Meghan. Ante la ausencia de su padre tras ser operado del corazón, fue acompañada al altar por su suegro, el príncipe Carlos.
En el momento de recibirla, Harry parecía al borde de las lágrimas. "Estás preciosa", le dijo. Ambos se miraron a los ojos una y otra vez durante la misa, sonriendo. Él habló más suave, a ella le brillaba el rostro con sus palabras y casi todo el tiempo estuvieron tomados de la mano.
"Dos jóvenes se enamoraron y todos hemos venido aquí por ello", afirmó el obispo Michael Curry, de la Iglesia episcopal estadounidense, quien sin duda será recordado por su prédica intensa y apasionada que arrancó más de una sonrisa entre los invitados, porque su homilía fue todo menos una clásica y seria ceremonia anglicana.
"El amor tiene poder. El amor pude ayudar y curar cuando nada más puede hacerlo", afirmó. El amor transforma la vida y puede transformar el mundo, añadió. El predicador "casi me convierte en un creyente", escribió en Twitter el ex jefe de los laboristas británicos Ed Miliband.
Un coro gospel cantó a continuación un "Stand by Me" muy emotivo antes de que la pareja se prometiera amor y fidelidad. La novia no se comprometió en cambio a la "obediencia", otra de las muchas señales de que eligieron a propósito una ceremonia moderna y que también quieren un matrimonio así.
Muchos británicos creen que la exactriz y el príncipe, que fue en el pasado un niño rebelde, traerán nuevos aires a la monarquía británica. En el día de la boda consiguieron un buen equilibrio entre tradición y modernidad, y con una amplia representación además de personas de color, en abierta referencia a los orígenes de la novia.
También Doria Ragland, la madre de Meghan, con sus rastas y piercing en la nariz, parece haber sido aceptada ya por la familia real: al final de la misa, el príncipe Carlos se acercó y le dio la mano.
NULL
FUENTE: dpa
