MIAMI.- Para quienes vivieron, nacieron o crecieron en Cuba durante las últimas seis décadas, “las paredes tienen oídos” es una frase cuya carga semántica contiene una advertencia de vida o muerte.
"Las paredes oyen", tributo a la memoria heredada
Una obra de teatro escrita a partir de los recuerdos escuchados de un abuelo que padeció en carne propia el presidio político y la represión en Cuba
En la isla sometida a los designios de una dictadura totalitaria, dependiendo de quien escuche lo que se exprese de manera espontánea las consecuencias pueden ser tan traumáticas como para que alguien se convierta en blanco de la persecución y el acoso de quienes deciden asumir el papel de delatores al servicio del poder y con ello, todo lo que implica: cárcel, discriminación, negativa o expulsión de un empleo o la universidad y un largo etcétera.
Por eso, la obra de teatro “Las Paredes oyen”, escrita por Robby Ramos y dirigida por Gabriel Bonilla, que estrenó el 12 de junio en el Centro Cultural de Doral, es un pasaje que todos quienes lo experimentaron o heredaron esas memorias deben acudir a presenciar y disfrutar.
Disfrutar sí, porque, aunque los hechos que recrea el excelente elenco integrado por Susana Pérez, Ariel Texido, Héctor Medina, Dianne Garriga y Bill Schwartz colocan frente al público el crudo retrato de un drama social muy serio, también la pieza es una forma de repasar o enfrentarse a esa realidad que el país y su población padecen.
Las escenas de “Las paredes oyen” están basadas en las vivencias del abuelo de Reyes, el dramaturgo que dio vida a la historia concebida para el teatro.
El abuelo de Rubby Reyes fue un prisionero político en la Cuba de los 60, en medio de la llamada Crisis de los Misiles, momento en el que el incipiente régimen que implantaba Fidel Castro utilizó varios pretextos para erigir a tan solo 90 millas de las costas estadounidenses un bastión al servicio de los intereses de la entonces Unión Soviética.
Esa postura, escudada en el pretexto de la defensa de la soberanía frente a EEUU le ganó adeptos y cómplices a Castro en Latinoamérica y otras regiones; al interior del país, a partir del miedo y el adoctrinamiento, se impusieron como métodos la vigilancia y la deslealtad incluso entre miembros de una propia familia que en nombre de la llamada revolución se traicionaban y entregaban entre sí a los represores.
En este complejo conflicto se basa la obra, con una figura genérica encarnada por la primera actriz cubana Susana Pérez, que, identificada como la Madre, representa esa abstracción con la que durante años el aparato de propaganda del régimen intentó “personalizar” lo que llaman revolución.
En nombre de la revolución se asesinó y fusiló a miles, en nombre de la revolución se ha excluido, en nombre de la revolución se ha desterrado siempre a quienes incomodan a la oficialidad, en nombre de la revolución se difama, se limita el derecho sobre los hijos, se prohíbe el librepensamiento, se condiciona la fe, se elige quién entra o sale y quién no al país, en fin, en nombre de la revolución en Cuba se decide quién vive o muere.
“Las paredes oyen” es una denuncia de esa realidad, representada en una técnica de teatro inmersivo que permite a los espectadores sentirse parte de esa trama, lamentablemente vigente en Cuba y esparcida a otros países donde la receta del mismo sistema se ha reproducido.
Quienes quieran vivir la experiencia, respaldada por un guion y actuaciones de gran virtuosismo tendrán la oportunidad de presenciarla mientras se presenta hasta el 6 de julio, todos los jueves, viernes, sábados y domingos en el Doral Cultural Center, ubicado en el 8363 NW 53rd Street, Doral, 33166.
En el decir del propio dramaturgo y corroborado por la alcaldesa de Doral Christi Fraga en la noche de estreno, el respaldo de las autoridades de gobierno de la ciudad ha sido crucial para que este acontecimiento cultural se materialice en un lugar asequible a todos.
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