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Superman

"Superman": la vulnerabilidad que nos hace invencibles

La nueva entrega de Superman viene a revolucionar el universo de DC con un tono más cercano al mundo de los cómics, pero haciendo énfasis en la humanidad de su protagonista. Diario Las Américas conversó con la actriz venezolana Maria Gabriela de Faria, quien da vida a una de las enemigas de Superman

Por LUIS BOND
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MIAMI.- Para muchos, el cine de super héroes está en su lecho de muerte. Lo que otrora era un éxito tras otro, construyendo universos llenos de intertextualidad y generando expectativa sobre la nueva aventura de determinado personaje en la gran pantalla, hoy en día se ha transformado en un hastío por formulas repetidas en secuelas, precuelas y reboots. Hasta los mismos fans del género entienden que entrar a una sala de cine para ver una película basada en cómics es como jugar a la ruleta rusa: las posibilidades de tener un hit son 1/6. A pesar de esto, las grandes productoras siguen exprimiendo a la gallina de los huevos de oro de las historietas, un mundo que cuando parece que está a punto de desmoronarse, siempre es rescatado por algún realizador que apuesta all in para revitalizar el género. Este es el caso de la nueva película de Superman y el reset que plantea al futuro de DC Cómics en la gran pantalla.

Ambientada en una caótica Metropolis acostumbrada a ser atacada por monstruos de todo tipo, la historia comienza con un Superman (David Corenswet) abrumado física y psíquicamente: tiene que luchar con villanos que, por momentos, lo superan en fuerza, está en el ojo del huracán de la opinión pública por inmiscuirse en un conflicto internacional, tiene que lidiar con una Lois Lane (Rachel Borsnahan) que interpela sus acciones y, por si fuera poco, debe hacerse cargo de Krypto (un “super” perro con problemas de conducta). Una dinámica caótica que lo humaniza y funge como caldo de cultivo para que su archienemigo, el genio multimillonario Lex Luthor (Nicholas Hoult), orqueste un plan intrincado —y, aparentemente, infalible— para destruir al hombre de acero.

Escrita y dirigida por James Gunn, Superman tiene un ritmo trepidante que pocas veces conseguimos en el cine de super héroes. Su realizador nos zambulle de lleno en la acción presentándonos a un protagonista derrotado, lleno de sangre, en el medio de la nada con apenas un par de frases de contexto para darle paso a una serie de elementos que nunca habíamos visto en pantalla (Krypto, robots asistentes, Superman sufriendo al recargarse con el sol en la fortaleza de la soledad, etc). Sin detenerse a dar explicaciones, el guion avanza y omite la clásica historia de orígenes de Kal-El que hemos visto mil veces, asumiendo que el público sabe lo básico de este super héroe: que usa una doble identidad como Clark Kent, que fue criado por Ma Kent (Neva Howell) y Pa Kent (Pruitt Taylor Vince) en Kansas, su trabajo como periodista en el Daily Planet, su amistad con Jimmy Olsen (Skyler Gisondo), su romance con Lois Lane, el poder casi ilimitado que tiene Lex Luthor, etc. Elección que, lejos de desorientar, permite que el guion se enfoque en introducir antagonistas nuevos a la trama como The Engineer (Maria Gabriela de Faria) y The Hammer of Boravia, al mismo tiempo que presenta a metahumanos como Hawkgirl (Isabela Merced), Mr. Terrific (Edi Gathegi) y Guy Gardner (Nathan Fillion). El resultado es una historia que no subestima a una audiencia que creció viendo super héroes y que pone su energía en instalar la piedra angular de un nuevo universo que se siente sólido, con muchas aristas para explorar y que le da al público un sneak peek del futuro de DC Cómics.

Estas decisiones atípicas referentes al guion, en el fondo, sirven como un ejercicio de deconstrucción de todas las convenciones que hemos visto de Superman en la gran pantalla. Desde que la película comienza hasta que termina Kal-El sangra, sufre, se frustra, pierde los estribos, está al borde de la muerte, es derrotado una y otra vez por sus enemigos, es por momentos egoísta e infantil y mucho más vulnerable e ingenuo de lo que pudiésemos imaginar. Al mismo tiempo, lo vemos defender una posición política y actuar en consecuencia, exploramos su necesidad de trabajar con otros en equipo para lograr sus objetivos (bajándolo del pedestal de “dios omnipotente” que muchas veces tiene), conocemos su necesidad de validación y contención por parte de sus padres, vivimos genuinamente su preocupación por salvar a todo el mundo (incluyendo ardillas, perros y kaijus)… y todo ocurre mientras está abrumado por el peso de sus decisiones, reflexiona sobre sus propias limitaciones y se cuestiona constantemente su identidad al verse confrontado con sus orígenes. En resumen, Gunn logró algo que parecía imposible: hacer que, finalmente, podamos ver a Superman como un ser humano que piensa, siente y sufre como lo haría cualquiera de nosotros.

Contrario a lo que muchos podrían imaginarse, este enfoque narrativo no le da al largometraje un tono solemne y existencialista para adultos, al contrario, su registro está más cercano a la comedia y las historietas que al difunto Snyderverse. Esto hace que Superman vuelva a ser un héroe para todo público y que hará que los más pequeños experimenten en la sala de cine la misma emoción que muchos de nosotros vivimos cuando vimos a Christopher Reeves volando por primera vez. Valiéndose de las risas, personajes extravagantes y planes enrevesados, Gunn rescata la esencia del hombre de acero que, luego de pasar por tantas versiones y deconstrucciones, se había alejado por completo de su centro, poniendo el acento en como Superman es un símbolo de esperanza y un modelo a seguir no por su super poderes, sino por su corazón.

Como siempre, la dirección de Gunn brilla por sus secuencias de acción (que obedecen a una física más cercana al cómic/anime que a la del mundo real), el caleidoscopio de registros dramáticos (donde pasamos de la acción, a la comedia y al drama íntimo de un segundo a otro), la química del cast y las decenas de easter eggs del mundo de las historietas. Siguiendo con la idea de alejarse de la clásica película de Superman —y siendo consistente con su línea narrativa—, el director construye una película coral (como Guardians of the Galaxy, The Suicide Squad o Scooby-Doo) donde el destino de Metropolis —y del mismísimo Superman— está en manos del trabajo en equipo. Decisión que le da peso y justificación a la existencia de los personajes secundarios dentro de la historia, haciendo hincapié en que, a veces, salvar el mundo no es cuestión de poderes especiales sino de tener el valor de hacer lo correcto. Y sí, Superman tiene una plétora de personajes, pero si de algo puede jactarse Gunn es de siempre conseguir la mezcla idónea para que cada uno tenga el suficiente tiempo en pantalla para que nos encariñemos con ellos.

Las actuaciones y la química entre los actores está de ensueño. David Corenswet tiene el porte de un Henry Cavill, pero el encanto de Christopher Reeves; además, el guion le permite explorar todo tipo de registros dramáticos y dotar de una personalidad humana a Superman, alejándolo del estoicismo y la apolineidad que solía tener en pantalla. Lois Lane finalmente deja de ser una damisela en apuros, para actuar como un sidekick que ayuda a salvar el día y que confronta a Superman como lo haría cualquier novia (sin perder su feminidad o caer en la trampa del falso empoderamiento). Nicholas Hoult está en su prime al interpretar a un Lex Luthor que hace todo el despliegue posible de su inteligencia, poder, maldad y, al mismo tiempo, fragilidad y envidia (su actuación está más cercana a la de F. Murray Abraham como Antonio Salieri en Amadeus que a la de sus maravillosos homólogos Kevin Spacey, Gene Hackman o Jesse Eisenberg). Maria Gabriela de Faria le imprime personalidad a The Engineer más allá de sus secuencias de acción, inyectándole calor humano a un personaje que es una casi-máquina y asegurando sus futuras apariciones en el mundo de DC Cómics. Isabela Merced, Nathan Fillion y Edi Gathegi se roban el show en cada una de sus intervenciones (especialmente el último, con una de las mejores secuencias de la película), dejándonos ansiosos por ver la evolución del “Justice Gang”. Skyler Gisondo y Sara Sampaio derrochan carisma, enamorándonos y funcionando como unos maravillosos cómic relief. Neva Howell y Pruitt Taylor Vince nos regalan uno de los momentos más emotivos de la película y sirven de espejo al trabajo de Anthony Carrigan como Metamorpho en modo “papá luchón”.

La cinematografía de Henry Braham (Guardians of the Galaxy Vol. 2, Guardians of the Galaxy Vol. 3, The Suicide Squad) y el diseño de producción de Beth Mickle (Guardians of the Galaxy Vol. 3, The Suicide Squad), emulan sus otras colaboraciones con Gunn haciendo que cada cuadro esté lleno de vida utilizando colores cálidos y saturados, dando ese look and feel de historieta que marca la impronta de Superman desde el primer instante. Los efectos especiales, en la otra antípoda, son desiguales: con Krypto, el universo de bolsillo o las transformaciones de The Engineer brillan… pero en algunas peleas de Superman parecen casi un render de videojuego, contrastando por completo con todo lo que vemos. No es mal de morir, pero si sacará de la historia al público más exigente en este renglón. Como sucede en todas las películas de Gunn, la banda sonora es una delicia, desde las canciones retro que acompañan las mejores secuencias de la historia, hasta la banda sonora original compuesta por John Murphy (Guardians of the Galaxy Vol. 3, The Suicide Squad) y David Fleming (The Last of Us, Mr. & Mrs. Smith), quienes rinden un tributo hermoso al tema original de Superman compuesto por John Williams.

En un género donde la mayoría de los reboots son como pasarle una pátina de otro color a las mismas historias de siempre, James Gunn asume el reto de hacer un verdadero reset al super héroe por antonomasia. Alejándose del tono oscuro y adulto de sus entregas anteriores, esta nueva versión del hombre de acero regresa a sus raíces en el mundo de los cómics regalándonos una Metropolis llena de colores, villanos megalómanos, héroes excéntricos, humor físico y cierto halo de nostalgia que le da a la historia un encanto infantil. Por supuesto, la frescura en su puesta en escena no la hace renunciar a su profundidad, permitiendo que Superman explore temas que están vigentes en la palestra (como el conflicto en el Medio Oriente, los prejuicios que sufren los inmigrantes, los trolls que vomitan odio en redes sociales, los peligros de la cultura de la cancelación y la necesidad de reivindicar la labor de los periodistas en un mundo lleno de fake news), sin por eso perder el foco de las grandes cuestiones arquetípicas que la harán sobrevivir en el tiempo (como la búsqueda de la identidad, la importancia del amor y la amistad, la revisión de los vínculos paterno filiales y una disertación teleológica sobre nuestra propia humanidad).

Al ritmo de un soundtrack increíble, Superman nos hace salir de la sala de cine con una sonrisa, demostrándonos que el poder especial y la pertinencia de estas historias de super héroes no radica en hacernos soñar con un semi-dios que nos salve, sino inspirarnos a despertar nuestro héroe interior (ese que teníamos a flor de piel cuando éramos niños y nos invitaba a enfrentarnos a cualquier peligro sin miedo a nada). En un momento donde el poder y el cinismo son la moneda de cambio, Superman nos invita a ser verdaderos punkrockers al recordarnos que, a pesar de nuestra naturaleza falible, delicada y mortal, nuestra mayor fortaleza reside en las decisiones que tomamos para ser personas virtuosas. Una labor que no nos exige que volemos, lancemos rayos por los ojos o seamos invencibles, pero si el valor de ser empáticos y amables con los demás —y nosotros mismos—, en resumen, comportarnos como verdaderos héroes (del griego ρως: “proteger y servir”) que buscan hacer del mundo un lugar mejor.

Lo mejor: el giro de 180 grados que James Gunn le hace a Superman y al universo de DC. El cast y las química que hay entre cada uno de los personajes. Su tono entre humor, épica, drama y cómic. Sus múltiples lecturas.

Lo malo: para los puristas de DC, los cambios de esta entrega pueden ser demasiado radicales. Algunos personajes secundarios son casi ornamentales en pantalla. En algunas escenas puntuales el CGI deja mucho que desear.

Sobre el autor:

Luis Bond es director, guionista, editor y profesor especializado en cátedras de guion, construcción de personajes, dirección, mitología, arquetipos y lenguaje simbólicos. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes (https://www.rottentomatoes.com/critics/luis-bond/movies ) y miembro de LEJA. Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología.

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Web: www.luisbond.com

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