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RESEÑA

"The End of Oak Street": La nostalgia que sí necesitamos

Llega a cartelera The End of Oak Street, un homenaje al cine de los años 80 lleno de acción, humor, drama y horror, con Ewan McGregor y Anne Hathaway

Por LUIS BOND

MIAMI.- El cine ha perdido parte de su inocencia en la modernidad. Artificios narrativos complejos, efectos especiales alucinantes, personajes con dilemas existenciales irresolubles, lecturas politizadas sobre cualquier cosa (como la elección del cast), nos han alejado muchas veces de esa “magia” que poseían las películas en otra época. Historias que, aunque pecaban de simples en su capa exterior, no tenían miedo de explorar en el subtexto temas complejos con una franqueza encomiable.

Paradójicamente, la industria del entretenimiento se ha encargado en la última década de exprimir la nostalgia de los adultos, ofreciendo secuelas, reboots, precuelas e historias de los años 80 y 90, pero que solo funcionan como un decorado de cartón donde se espera que proyectemos toda nuestra infancia al apelar a una que otra referencia del pasado (sea a través de una canción, elementos de utilería o el revival de un actor que teníamos décadas sin ver). Son pocas las historias que, genuinamente, entienden la esencia del cine de esa época y tienen el valor de trasladarlo a la modernidad con la inteligencia que merece. Este es el caso de The End of Oak Street, una de las propuestas más originales y arriesgadas de este 2026.

Ambientada en un pueblito cualquiera en los años 80, la historia nos presenta a los Platt, una familia aparentemente perfecta que vive en un vecindario de ensueño. El padre, Greg Platt (Ewan McGregor), trabaja 24/7 para mantener a su familia con una sonrisa en la cara; la madre, Denise Platt (Anne Hathaway), intenta explorar su pasión por la escritura a escondidas —contando solo con el apoyo de una vecina de la tercera edad—; la hija mayor, Audrey Platt (Maisy Stella), está en el proceso de adaptación de la adolescencia intentado descubrir su identidad y, por último, el hijo menor, Brian Platt (Christian Convery), huye de los bullies del colegio mientras centra toda su atención en un perro recién adoptado. Todo parece marchar con completa normalidad en la vida de los Platt hasta que una noche su vecindario es invadido por dinosaurios, obligándolos a enfrentarse a una amenaza física que los supera con creces.

Dirigida y escrita por David Robert Mitchell, The End of Oak Street es un ejercicio metaficción y deconstrucción fascinante que sigue en la estela de sus trabajos anteriores. Así como en It Follows exploró los tropos del horror como la posesión, la sexualidad adolescente y la amenaza sobrenatural que persigue lentamente pero que siempre te atrapa o en Under the Silver Lake, donde trasladó el detective noir a un joven que no sabe en qué se está metiendo obsesionado por una mujer que desaparece misteriosamente cual Femme fatale; en esta ocasión, Mitchell mezcló en una licuadora el cine de Steven Spielberg y Robert Zemeckis combinando los elementos de ciencia ficción más emblemáticos los realizadores (dinosaurios, viajes en el tiempo, extraterrestres) sin dejar a un lado el corazón que define la filmografía de ambos: el rol clave del núcleo familiar frente a cualquier catástrofe y la necesidad de preservarlo a toda costa.

Valiéndose de códigos narrativos y estéticos que conocemos de memoria, Mitchell se salta las explicaciones rebuscadas y apela al bagaje cinéfilo de un público que creció viendo historias donde la verosimilitud de un universo narrativo —y el artificio que lo sostiene— entra en un segundo plano cuando nos sumergimos en el corazón de sus personajes. Jugando con la complicidad del espectador y cierto nivel de auto-conciencia de la historia, el guión utiliza los dinosaurios como excusa para sacar los esqueletos en el armario de un matrimonio —aparentemente perfecto— que se va desmoronando, antropomorfizando una crisis que amenaza acabar con su hogar —literal y metafóricamente hablando. Emulando al maestro Ridley Scott en Alien, la dirección de Mitchell va mostrando poco a poco a los monstruos, primero perdiéndose entre ramas que se mueven en la oscuridad o enseñando en una esquina de la pantalla una cola que se sale del cuadro inmediatamente, para de pronto soltar de golpe a los dinosaurios con varios jumpscare efectivos que, en muchos casos, vendrán acompañados de una risa.

En paralelo, Mitchell va explorando las peleas entre Greg y Denise (primero se forma sutil entre miradas y silencios, luego como comentarios pasivo agresivos, hasta llegar a los gritos y confesiones dolorosas) y en cómo sus hijos deben lidiar con la infelicidad y resentimiento de sus padres en pleno Apocalipsis. Un setting que hace que nos preocupemos tanto por el futuro del matrimonio como de que los Platt logren sobrevivir.

Moviéndose con comodidad entre el drama familiar, el humor absurdo, suspenso, la ciencia ficción con unas vueltas de tuerca que harán a más de uno gritar en el cine, The End of Oak Street funciona como una máquina del tiempo que nos traslada al cine de los 80, sin necesidad de infantilizarnos con la nostalgia tóxica que desde hace rato Hollywood intenta capitalizar. Parte de su éxito recae en el elenco que, más allá de sus grandes actuaciones, logra transmitir ese tono tan peculiar del cine de otrora (que se mueve entre lo histriónico, cursi, naive, sin perder cierto elemento orgánico que propuestas modernas más estilizadas han desdeñado).

Ewan McGregor y Anne Hathaway son, de lejos, el mayor atractivo de la película. Más allá de su química en pantalla, ellos llevan sobre sus espaldas todo el peso de la historia a diferentes niveles (como individuos, pareja y padres) que se van complejizando durante todo el desarrollo del guión. A su lado, Maisy Stella y Christian Convery operan como catalizadores de conflictos que, además de complicar la historia, nos permiten ver desde su punto de vista la crisis que enfrenta el hogar. Al final, todos parecen familia y gracias a eso la película se sostiene más allá de los caprichos narrativos del guión.

En el apartado técnico, el diseño de producción de Maya Shimoguchi (Hawkeye, Werewolf by Night) es una delicia que nos transporta a los 80s de forma progresiva valiéndose de varios elementos reconocibles y con una paleta de colores vivos que extrañábamos ver en pantalla (alejándose de los clichés de la mirada moderna al pasado). A su lado, la cinematografía de Mike Gioulakis (It Follows, Glass, Us, Servant) también rehuye de los lugares comunes con filtros vintage y nos da una iluminación completamente estallada y llena de vida que se contrapone con los horrores que vemos. La música de Michael Giacchino (Spider-Man: Brand New Day, The Fantastic Four: First Steps, The Batman, Jurassic World) pone la guinda con una banda sonora épica como las de antaño y que nos transporta a ese mood de película dominguera con la que muchos crecimos.

The End of Oak Street es la típica historia de una familia aparentemente normal que se ve envuelta en una situación extraordinaria y que sirve de excusa para sacar a flote los conflictos internos que se ocultan entre las grietas que nadie quiere observar. Los dinosaurios y viajes en el tiempo son solo una excusa para entretenernos y hablarnos, en el subtexto, sobre conflictos cotidianos y profundamente humanos: una mujer que persigue un sueño como catarsis de un matrimonio disfuncional, un hombre que evade sus conflictos emocionales con el trabajo, ahoga sus penas en el alcohol y que no desea enfrentar el hecho de haber perdido su rumbo, un chico proyecta en su mascota su soporte emocional para poder lidiar con los conflictos que vive dentro y fuera de su hogar y una chica que se siente incomprendida e intenta descubrir su identidad sexual. Dilemas que se ven exacerbados, como una olla de presión, frente al caos y el peligro de una muerte que acecha en cada esquina, recordándole a los protagonistas —y al espectador— que no hace falta una crisis prehistórica para expresar lo que sentimos, valorar lo que tenemos, hacer los cambios necesarios para preservarlo y luchar por nuestros sueños.

Solo saliendo del sótano oscuro y aislado de nuestra vida no vivida podremos llevar contenido nuevo a la conciencia, transmutando a los monstruos que nos asaltan a la medianoche en posibilidades creativas e integradoras que revitalizaran nuestro mundo y nuestro hogar.

Lo mejor: el delicado equilibrio entre drama, comedia y suspenso (con uno que otro jumpscare). La química del cast, todos se sienten como familia. El homenaje y deconstrucción del cine de los 80 y 90. El subtexto que sostiene toda la trama.

Lo malo: el trailer revela muchas de las vueltas de tuerca de la historia —es mejor entrar a la sala sin saber nada. El conflicto que plantea y su resolución peca de deux ex machina (lo que para algunos será encantador y para otros un hueco en el guión imperdonable).

Sobre el autor

Luis Bond es director, guionista, editor y profesor especializado en cátedras de guion, construcción de personajes, dirección, mitología, arquetipos y lenguaje simbólicos. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes, miembro de LEJA y Florida Film Critics Circle. Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología.

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