MIAMI.- Desde su estreno en París en enero de 2008 hasta el presente, la obra Un dios salvaje, de la dramaturga francesa Yasmina Reza ha tenido gran acogida en los escenarios donde ha llegado, incluso, fue llevada al cine por Roman Polanski, como Carnage (2011).
"Un dios salvaje", una obra que logra mucho
Su presentación en Miami, en el Black Box del Teatro Manuel Artime, en una producción de Lumbre Teatro de MarGi Happenings, ha estado bajo la dirección de Larry Villanueva, que en los últimos años se ha afianzado exitosamente en este rol, con obras como Estaba en casa y esperaba que llegara la lluvia, Mozart y Salieri y más recientemente La soprano calva, lo que lo sitúa como uno de los directores actuales más consistentes de Miami.
Algo que los directores saben perfectamente es que el éxito de una obra depende mucho del elenco. Villanueva está consciente de ello y ha logrado reunir a un grupo de actores de primera, Marilyn Romero, Gilberto Reyes, Yani Martin y Léster Martínez; algo que particularmente para Un dios salvaje es imprescindible. Esta es un tipo de propuesta (y de escenario íntimo), que no puede permitirse desniveles actorales.
La anécdota es a todas luces cotidiana: los padres de un joven que fue agredido por un amigo, van a reclamarle a la familia del agresor por la inaceptable conducta. Lo que comienza como un encuentro muy refinado en la sala de una casa, se va tornando impetuoso y vulgar. La intención de controlar los sentidos para mostrar la imagen suave y elegante de las personas, se torna en pasión y cólera. Este es en esencia el manejo y el éxito de esta comedia, los instintos, los controlados y los desatados.
Los cuatros actores se mueven con dominio a lo largo de la casi hora y media de trabajo intenso, donde llevan a sus personajes a límites que rondan la tolerancia y la ira. Estas fluctuaciones son esenciales para proyectar a Vero, Michel, Annette y Alain, los protagonistas, Aunque todos los actores estuvieron bien altos, quizás Léster Martínez,
como Alain, en su doble función de padre del joven agresor y de un abogado que está simultáneamente tratando de salvar la imagen de una compañía farmacéutica a través de continuas llamadas por teléfono, tuvo la oportunidad de proyectar más su personaje.
Por su parte Gilberto Reyes (Michel), tiene la maestría de tener una sonrisa permanente en la boca, alcanzando con apenas gestualidad imponer su fuerza escénica, al igual que Marilyn Romero (Vero), que como madre del hijo atacado, el cual perdió dos dientes “dos incisivos”, transmite la angustia, sin dejar de exigir la justicia que espera para su familia. Su personaje fluye atrayendo la atención del público, aun cuando no está en acción.
A la actriz Yani Martin da gusto verla en escena, su dominio escénico crece en cada estreno y su Annette, en Un dios salvaje, alcanza altas cotas, desbordando sutilezas como la madre joven agresor.
Para el director Larry Villanueva, tener al público apenas a unos metros de los actores lo obligaba a llevar al máximo a los actores, por ello el lenguaje corporal de los cuatro intérpretes y la gestualidad fue esencial para hacer convincente esta comedia que aunque parece sencilla es un verdadero desafío para los protagonistas.
Sencilla fue también la escenografía de Jorge Noa y Pedro Balmaseda, de Nobarte, que en muy poco espacio lograron armonizar una acogedora sala, imprimiéndole un toque muy teatral al utilizar como asientos, banquetas y otras piezas. Logrado fue el diseño de luces de Alejandro Barreto.
Un dios salvaje es un claro ejemplo de una obra que logra mucho desde la sencillez. Pienso que por ahí se conduce el verdadero arte.
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