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LETRAS

Una novela cruda: "Secretos de alcoba de los grandes chefs"

Leer esta novela de Irvine Welsh es como drogarse sin droga y embriagarse sin alcohol. Las adicciones, los deseos y la violencia adquieren aquí niveles elevados
Por GRETHEL DELGADO

MIAMI— “Sólo se puede vivir en el mundo que se conoce. Lo demás son deseos piadosos o paranoia”, escribió el escocés Irvine Welsh en su novela Escoria. Ese profundo conocimiento del bajo mundo y los personajes que lo habitan es la clave de su novela Secretos de alcoba de los grandes chefs, Anagrama (2021).

Lo salvaje y lo más crudo se encuentran en este excelente libro, que podría ofender a algunos, como de hecho ha pasado con otras de sus novelas, pero que también atrae multitudes lectoras que se encuentran en sus páginas de algún modo, o que disfrutan hasta el éxtasis de cada descripción y aventura.

Como explica la nota editorial, “Danny Skinner es una joven versión contemporánea del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Reparte su tiempo libre entre el fútbol, las mujeres, las borracheras monumentales y las grescas apocalípticas por un lado, y la lectura de Rimbaud, Verlaine y Schopenhauer por otro. Y, en su tiempo de asalariado, trabaja en Sanidad y Medio Ambiente y se dedica a inspeccionar restaurantes”.

Skinner “está interesado en la salubridad e higiene de los lugares donde cocinan los grandes chefs”, y “pretende averiguar los más turbios secretos de alcoba de esos cocineros”, pues “sospecha que su progenitor puede ser uno de esos divos contemporáneos”. No obstante, su madre, “una pionera del punk”, no le cuenta quién es su padre, incógnita que lo tortura hasta las más extrañas consecuencias.

“Hasta que un día”, agrega la nota, “en medio de este inestable equilibrio laboral y vital, aparece Brian Kibby, un perfecto buen chico un tanto friki, que jamás se emborracha, es aficionado a los trenes eléctricos de juguete, hace higiénicas excursiones a la montaña y asiste a las convenciones de Star Trek. Y Brian se pone a trabajar junto a Danny, que comienza a experimentar un odio inmediato y fulgurante por el recién llegado, tan inmediato y fulgurante como la admiración que Brian siente por él”.

Hasta aquí la sinopsis que presenta la contraportada del libro. Pero esto es apenas una mirada descriptiva de un monstruo de novela sobre la existencia y la incapacidad de encontrar un “yo” complaciente.

El Welsh de Secretos de alcoba… explora con un siniestro disfrute lo psicopático que puede ser un diálogo entre dos tipos en un pub escocés, y es un placer leer esas cadenas de pensamientos donde los giros son como esquinas de clubes sórdidos, con alfombras húmedas y paredes palimpsesto.

Las adicciones, los deseos secretos, las fantasías y la violencia adquieren aquí niveles elevados, porque el autor no deja a sus personajes en el querer hacer, sino que los lleva a sus propias pesadillas y va incluso más allá, porque si un personaje desea algo con mucha fuerza, Welsh hará que ese deseo se cumpla y que se restriegue mil veces contra el personaje, multiplicado hasta la locura.

Si bien el autor se apoya en un narrador omnisciente, muchas veces entra en sus personajes y los deja contar desde sus ángulos, profundidades que se agradecen mucho. La novela tiene un ritmo vertiginoso que consigue mantener la emoción y la duda en más de 500 páginas, muestra de un largo y perspicaz aliento narrador. A esto contribuyen mucho los diálogos punzantes, un lenguaje callejero y al mismo tiempo demasiado realista como para no transportarse a los escenarios de los personajes.

Aquí lo oscuro es más que ausencia de luz, es una pasta densa de negro mate donde el terror juega a saltar en una cuerda como si pudiera vernos a través de las páginas, con la sonrisa macabra del manipulador que ya vio tu futuro, que ya supo cómo dejaste el libro en la mesa de noche y lo volviste a agarrar porque no puedes dormir.

Leer a Welsh es una intensa sacudida; de hecho, por momentos el lector puede quedar encima de un vacío y agarrado del libro con una mano, como si este fuera su única salvación, su única conexión con la vida. En otros momentos la lectura se hace tan adictiva que se olvidan los horarios y uno levanta la cabeza de pronto sin saber dónde está. Leer a Welsh es como drogarse sin droga y embriagarse sin alcohol.

Sobre el autor

Irvine Welsh nació en 1958 en Escocia. Creció en el corazón del barrio obrero de Muirhouse, dejó la escuela a los dieciséis años y cambió multitud de veces de trabajo hasta que emigró a Londres con el movimiento punk. A finales de los ochenta volvió a Escocia, donde trabajó para el Edinburgh District Council a la par que se graduaba en la universidad y se dedicaba a la escritura. Su primera novela, Trainspotting, tuvo un éxito extraordinario, al igual que su adaptación cinematográfica. Fue publicada por Anagrama, al igual que sus títulos posteriores: Acid House, Éxtasis, Escoria, Cola, Porno, Secretos de alcoba de los grandes chefs, Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo, Crimen, Col recalentada, Skagboys, La vida sexual de las gemelas siamesas, Un polvo en condiciones y El artista de la cuchilla.

De Irvine Welsh se ha escrito: «Leer a Welsh es como ver las películas de Tarantino: una actividad emocionante, escalofriante, repulsiva, apremiante..., pero Welsh es un escritor muy frío que consigue despertar sentimientos muy cálidos, y su literatura es mucho más que pulp fiction» (T. Jones, The Spectator); «El Céline escocés de los noventa» (The Guardian); «No ha dejado de sorprendernos desde Trainspotting» (Mondo Sonoro); «Además de un excelente cronista, Irvine Welsh sigue siendo un genio de la sátira más perversa» (Aleix Montoto, Go); «Un genial escritor satírico, que, como tal, pone a la sociedad frente a su propia imagen» (Louise Welsh, The Independent); «Welsh es uno de nuestros grandes conocedores de la depravación, un sabio de la escoria, que excava y saca a la luz nuestras obsesiones más oscuras» (Nathaniel Rich, The New York Times Book Review).

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