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VENEZUELA

De millonario a mendigo

Los venezolanos hoy en día sufren con una economía hecha trizas. Chávez y Maduro volatizaron la industria nacional, dilapidaron la fortuna y dejaron el país en ruinas. La inflación es rampante y se teme que este año se produzca la hiperinflación

Por EDITORIAL DIARIO LAS AMÉRICAS

Las largas filas con rostros de tristeza y de hambre se han convertido en parte del paisaje urbano de Venezuela. La escasez, amiga tan común del comunismo, se ha apoderado del país que hasta hace poco tiempo derrochaba dinero. El millonario se ha convertido en el mendigo. Y todo culpa del grupo reinante, primero de Hugo Chávez Frías, un militar devenido en mal presidente y que sembró las bases para que hoy en día sus compatriotas ya no conozcan el significado de la palabra bienestar. Ahora le toca a su lugarteniente, Nicolás Maduro, un iletrado y a quien para completar le ha tocado lo peor que le pudo haber pasado a un país donde nunca se planificó ni se ahorró, el espectacular derrumbe de los precios del petróleo.

Los venezolanos hoy en día sufren con una economía hecha trizas. Chávez y Maduro volatizaron la industria nacional, dilapidaron la fortuna y dejaron el país en ruinas. La inflación es rampante y se teme que este año se produzca el fenómeno conocido como hiperinflación. El retroceso es evidente, y aunque el Gobierno no dé cifras oficiales, sólo basta con asomarse a cualquier ventana cerca de un supermercado en una calle de Venezuela para ver en esas enormes filas que el modelo financiero del llamado Socialismo del Siglo XXI naufragó y arruinó lo que pudo haber sido un paradigma de la buena economía.

Y este año no se presagia nada bueno. Con la inserción del petróleo de Irán se espera que los precios caigan aún más y por ende, se incremente la pobreza de los venezolanos. Para completar Maduro está empeñado en apostar por el mismo modelo fallido, y una prueba de ello es la elección del nuevo ministro de economía, un sociólogo llamado Luis Salas y quien ha mostrado una y otra vez sus falencias sobre estos temas.

Mientras tanto, los anaqueles de los supermercados y las farmacias siguen vacíos, al igual que el estómago de los venezolanos. Y hasta que no cambie el rumbo del Gobierno -o el mismo Gobierno- el panorama desafortunadamente será igual. O peor.

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