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Cuba

Béisbol: No se puede tapar el sol con un dedo

La buena salud de la pelota cubana en ligas extranjeras no es reflejo del béisbol oficialista, parcializado y engullido por la maquinaria del tardocastrismo
Por YOANDY CASTAÑEDA LORENZO

El alicaído béisbol de las selecciones de la mayor de las Antillas, su pírrica actuación en eventos internacionales y la negativa a los mejores atletas profesionales de la gran carpa de poder representar a su país en el Clásico Mundial por decisión lastimosa de la propia oficina central de MLB, contrasta con los logros, individuales y colectivos, de la armada “made in” Cuba. Esta semana, los aficionados estuvieron de plácemes, al ver caer el récord, no una sino dos veces, de peloteros cubanos jugando al máximo de este deporte. Uno de los escenarios fue el coloso de la pequeña Habana. Así, Miami, por capricho, se adhirió a un pedazo de la historia, aunque su jerarquía duro poco, pues la marca impuesta en el loan Depot Park, al final resultó efímera al ser quebrada poco tiempo después.

En tres ocasiones (1967, 2016 y 2019) 30 peloteros cubanos habían debutado en las Mayores. El orgullo de superar ese listón lo tuvo José Barrero de los Rojos de Cincinnati ante los Marlins. Sin embargo, la cifra se elevó rápidamente a 32 con el debut de Miguel Antonio Vargas con la franela de los Dodgers de Los Ángeles.

Precisamente la aparición del segundo, en un terreno del gran show, era muy esperada debido a los números insolentes que estaba dejando en liga menor. En 94 juegos esta temporada con Oklhoma City (Triple A) lucía una excelente línea ofensiva de 291 de porcentaje y era líder en indiscutibles (109) y anotadas (81), mientras se ubicaba segundo en dobles (24), tercero en boletos (54) y cuarto en carreras impulsadas (72).

Vargas es el cubano 385 en debutar en MLB (incluyendo las Ligas Negras). Escapó de la isla en 2015 y firmó por un bono de 300 mil dólares dos años más tarde. En su debut, dejó una probadita de los podría convertirse en una prometedora carrera.

Su primer turno al bate se convirtió en un kilométrico doble por regla para poner delante a su equipo una carrera por cero ante los Gigantes de San Francisco, acto seguido se robó la tercera almohadilla. El batazo de 396 pies hubiese sido cuadrangular en 17 estadios de MLB, acorde a métricas oficiales. Después de un sencillo remolcador fue retirado en rodado por el campo corto y en elevado al izquierdo. Finalmente se fue de 4-2, con sencillo, doble, par de impulsadas y una base robada en la victoria de 3 a 0 para los Dodgers.

La buena salud de la pelota cubana en ligas extranjeras no es reflejo del deporte oficialista, parcializado y engullido por la maquinaria obsoleta del tardocastrismo. Fracaso tras fracaso, se han convertido en el hazmerreír de su propia gente, con bates “patrióticos” cargados de mensajes políticos a deshora, borrando nombres de las estadísticas oficiales por considerar a los atletas excubanos. Utilizando a pseudo periodistas y escribidores de consignas en su intento baldío de querer tapar el sol con un dedo. Solo que la mentira o realidad distorsionada en Cuba nadie se la cree, ni siquiera ellos mismos.

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Frederich Cepeda, jugador de la selección de béisbol de Cuba

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