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Fútbol

Bolivia sueña con el Mundial 2026: estampitas, ilusión y un mensaje claro antes del duelo clave ante Surinam

Bolivia vive una fiebre mundialista con estampitas y afición en Monterrey. Óscar Villegas pide calma antes del duelo ante Surinam por el repechaje

Por Pedro Felipe Hernández

Bolivia vuelve a creer. Y esta vez, la ilusión no solo se mide en resultados, sino en símbolos: en sobres de estampitas, en viajes interminables hacia Monterrey y en una generación que intenta devolver al país a un Mundial después de más de tres décadas.

La fiebre por la selección boliviana ha tomado una forma particular: una colección de 54 tarjetas que retratan a los futbolistas que hoy están a solo dos victorias de lograr lo impensado, clasificar a la Copa Mundial de la FIFA 2026.

Cada sobre cuesta apenas 5 bolivianos, pero su valor es mucho mayor. Cada cromo representa una ilusión colectiva, una que Bolivia no sentía con tanta fuerza desde Estados Unidos 1994.

Una ilusión que traspasa generaciones

Nombres como Miguel Terceros, goleador del equipo en las eliminatorias, el arquero Carlos Lampe, el capitán Luis Haquín o mediocampistas como Ramiro Vaca y Robson Matheus aparecen en estas tarjetas que ya circulan por todo el país.

No son simples imágenes: son el reflejo de una generación que ha reconectado a la selección con su gente.

“Acá en Bolivia hay mucha esperanza de lo que haga el equipo allá en México”, explica el estadístico Víctor Quispe, consciente de que el país vive un momento distinto.

Y ese entusiasmo ya cruzó fronteras.

Monterrey, epicentro de la fe boliviana

En Monterrey, sede del repechaje intercontinental, ya se siente la presencia de los aficionados bolivianos. Algunos han hecho viajes maratónicos para estar cerca de la Verde en el momento más importante de los últimos 30 años.

Como Julio Pacheco, hincha de Blooming, que tardó casi un día en llegar desde Santa Cruz, con escalas en Panamá y Ciudad de México, además de una larga espera antes de completar el trayecto.

El esfuerzo económico tampoco fue menor: más de 1.900 dólares para acompañar al equipo durante diez días.

Pero nada de eso importa cuando hay un sueño en juego:

“Estoy cansado por el viaje, pero loco porque ya empieza el partido. ¡Estoy que me muero de los nervios!”

Y añade con convicción:

“Llegué y huele a que podemos clasificar”.

Villegas baja la presión: “No es el partido de nuestras vidas”

Mientras la afición vive el momento con intensidad, el seleccionador Óscar Villegas intenta equilibrar la emoción con calma antes del duelo ante Surinam.

Desde Monterrey, el técnico boliviano dejó claro que entiende el contexto, pero no quiere que el peso de la historia juegue en contra de sus futbolistas:

“Nosotros no necesariamente decimos que es el partido de la vida, pero sabemos que la gente lo considera así”. “Nosotros no necesariamente decimos que es el partido de la vida, pero sabemos que la gente lo considera así”.

Villegas recordó que el equipo ya ha convivido con ese tipo de presión:

“Cuando enfrentamos a Brasil en la eliminatoria se decía que ése era el partido de nuestras vidas. Lo hemos hecho bien y ahora estamos acá”.

Para el entrenador, el enfoque debe ser otro:

“Es un partido para ganarlo, por supuesto, pero quiero que los jugadores lo jueguen con alegría y disfruten el momento”.

Confianza, pero sin exceso de presión

Bolivia está a solo dos pasos del Mundial, pero Villegas insiste en que no es necesario añadir más carga emocional a un grupo que ya es consciente de lo que está en juego.

“Es cierto que hace treinta y tantos años no vamos al Mundial, pero ponerle más carga al equipo no hace falta”.

También respondió a las declaraciones del técnico de Surinam, Henk ten Cate, quien insinuó estar en desventaja por menor tiempo de trabajo con su plantilla:

“Eso es parte de las estrategias”, dijo Villegas, mostrando tranquilidad.

Eso sí, reconoció la calidad del rival, especialmente por contar con jugadores en ligas europeas importantes.

Un partido que se jugará también en el clima

Otro factor a tener en cuenta será la temperatura en Monterrey, donde se esperan más de 30 grados. Mientras Surinam mostró preocupación por el horario, Villegas restó dramatismo:

“La mayoría de nuestros futbolistas están acostumbrados al clima porque juegan en el llano”.

Aunque sí lamentó no haber podido entrenar en el estadio:

“Nos hubiera gustado conocer mejor las condiciones. Es un estadio muy cerrado, hace más calor y corre menos aire”.

Un equipo que quiere jugar sin miedo

Dentro del grupo, el mensaje es claro: competir sin complejos.

El capitán Luis Haquín reconoció la emoción que rodea al equipo:

“Somos seres humanos y es inevitable sentir la emoción de la gente”.

Y dejó una frase que refleja el momento generacional:

“La mayoría de nosotros no habíamos nacido cuando Bolivia jugó el Mundial”.

Por su parte, el mediocampista Gabriel Villamil fue directo sobre la propuesta en cancha:

“Está prohibido no querer tener la pelota”.

Y agregó:

“Tenemos que ser fieles a nuestro estilo, no tener miedo a jugar porque estamos peleando una clasificación al Mundial”.

Entre el recuerdo del 94 y un nuevo sueño

La sombra —o inspiración— de Estados Unidos 1994 sigue presente. Aquella generación, liderada por figuras como Erwin “Platini” Sánchez y Marco Etcheverry, marcó un antes y un después en el fútbol boliviano.

Hoy, más de 30 años después, una nueva camada intenta tomar ese legado.

Las estampitas, los viajes, los cánticos y la emoción son señales claras de algo que Bolivia no sentía desde hace décadas.

No es solo fútbol.

Es memoria.

Es identidad.

Y, sobre todo, es la posibilidad de volver a creer.

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