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FÚTBOL

De cómo el fútbol y la Navidad detuvieron la I Guerra Mundial

BUENOS AIRES.- En medio de la I Guerra Mundial y en un ambiente de muerte y sufrimiento, los aliados y alemanes intercambiaron abrazos en lugar de balas en lo que se llamó la “Tregua de Navidad”

BUENOS AIRES.- STEFANO PORCILE

Especial

Ypres, Bélgica, diciembre de 1914. La Primera Guerra Mundial había estallado en agosto de ese mismo año con la intención de ser un conflicto de rápida resolución. Soldados aliados y alemanes estaban convencidos de que el triunfo era inminente y que la disputa no duraría hasta la Navidad.

Las cálidas brisas veraniegas pasaron tan rápido como la promesa de retornar a sus hogares para celebrar las fiestas en familia. Las trincheras, método utilizado durante la guerra para refugiarse de las bombas aéreas, estaban llenas de lodo, ratas y cuerpos en descomposición. El frío y el mal olor de los cadáveres eran insoportables. El hambre era tan grande que muchos soldados se pasaban jornadas enteras intentando cazar roedores para poder servirlos en la cena de Noche Vieja.  Los fríos vientos azotaban a quien se animara a asomar la cabeza fuera del refugio bajo tierra. Ya nadie quería combatir.

El clima de desolación y muerte comenzaba a bajar la moral de los combatientes, todos pensaban en aquella promesa de agosto como algo imposible. El ejército alemán decidió enviar doble ración de alimentos a sus “héroes de las trincheras” para subirles el ánimo en los festejos navideños del 24 de diciembre. Las risas y los villancicos empezaron a sonar del lado germano. Los aliados (franceses, escoceses e ingleses en su mayoría) escucharon las risas y los cantos sin poder creerlo. De pronto, un grupo de ellos se puso de pie y comenzó a entonar las particulares melodías navideñas.  Su reacción fue un fiel reflejo de un acto puramente humano y de rechazo a la guerra.

Algunos valientes, desesperados por un poco de afecto en épocas tan violentas, se animaron a salir de sus trincheras para juntarse con sus enemigos a cantar al menos un rato. Por primera vez en muchos meses nadie disparó una bala.

Durante la jornada del 25, el clima festivo continuó en ambos lados. Un soldado escocés sacó un balón de fútbol y se disputó un encuentro deportivo en pleno campo de batalla. El resultado fue sólo un dato menor en un gesto maravilloso. Los germanos derrotaron a los aliados con un marcador de 3-2.

El teniente alemán Johannes Niemann reflejó lo acontecido en una carta: “Los escoceses ‘hicieron’ su portería con unos sombreros raros, mientras nosotros hicimos lo mismo. No era nada sencillo jugar en un terreno congelado, pero eso no nos desmotivó. Mantuvimos con rigor las reglas del juego, a pesar de que el partido sólo duró una hora y no teníamos árbitro. Muchos pases fueron largos y el balón constantemente se iba lejos. Sin embargo, estos futbolistas amateurs a pesar de estar cansados, jugaban con mucho entusiasmo. El partido acabó con un marcador de tres goles a favor nuestro y dos en contra”.

Exactamente un siglo después, el presidente de la UEFA, Michel Platini participó en Bélgica de la conmemoración del centenario de los que luego se llamó la Tregua de Navidad, en un acto al que fueron invitados los jefes de estado de los países involucrados. “Estamos reunidos aquí para celebrar un momento de hermandad y amistad que nos apaciguó con su humanidad. Me resulta conmovedor imaginar a estos jóvenes hace cien años encontrando un lenguaje común en el fútbol para expresar su fraternidad”, dijo Platini.

La Tregua de Navidad demostró nuevamente como el fútbol puede romper con los protocolos más estrictos y quebrar barreras impenetrables. Sólo un deporte como este puede generar que seres humanos que buscan la muerte se reúnan en un evento fraternal para disputar un encuentro y dejar de pensar en sus problemas al menos por un rato. Por primera vez en mucho tiempo, el fútbol logró que los soldados intercambiaran abrazos en lugar de balas.

 

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