Durante años, la idea de un “robot umpire” provocó rechazo en el béisbol. No por nostalgia barata, sino porque el juego siempre ha convivido con el error humano. La zona de strike nunca ha sido una ciencia exacta y, para muchos, allí también vive parte de su esencia.
El ABS y una temporada para decidir
Durante años, la idea de un “robot umpire” provocó rechazo en el béisbol. No por nostalgia barata, sino porque el juego siempre ha convivido con el error humano
Ahora el debate dejó de ser teórico. El sistema ABS (Automated Ball-Strike System) será incorporado este año bajo el modelo de desafío. El umpire seguirá cantando bolas y strikes, pero los jugadores podrán pedir una revisión inmediata cuando crean que hubo un error evidente. Cada equipo inicia el juego con dos y si las pierde, no tiene derecho a objetar al principal. Si las gana, puede ser retando al árbitro.
La decisión llega acompañada de números llamativos. En los entrenamientos primaverales, hasta el momento de escribir estas líneas, se habían registrado 746 solicitudes de revisión y el 53% de esas decisiones terminó siendo modificada. Más de la mitad de los desafíos confirmaron que el umpire se había equivocado.
Es un dato difícil de ignorar. También uno que alimenta dos posiciones completamente distintas. Para algunos, es la prueba de que la tecnología debe imponerse. Si la máquina corrige tantos lanzamientos, ¿por qué no usarla siempre? Para otros, en cambio, el béisbol nunca ha sido un deporte diseñado para la perfección absoluta.
Durante décadas los pitchers aprendieron a trabajar con la zona de cada umpire. Los catchers desarrollaron el framing. Incluso los bateadores ajustaban su enfoque dependiendo de quién estaba detrás del plato.
Esa zona gris siempre ha sido parte del juego. Pero también es cierto que el béisbol ha cambiado. El reloj de pitcheo aceleró los partidos, el límite al shift modificó la defensa y muchas de esas decisiones que parecían radicales terminaron funcionando.
Con el ABS ocurre algo distinto: todavía no está claro si mejorará el juego o si cambiará algo que nunca estuvo roto.
Por eso esta temporada será más interesante que cualquier debate previo. No porque la tecnología llegue al campo, sino porque obligará a todos a tomar posición. Quizás algunos cambien de opinión. Quizás otros se vuelvan más firmes en la suya.
El béisbol, al final, siempre termina decidiendo estas discusiones en el mismo lugar donde se juega todo: el terreno.
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