Cuando el cubano Aroldis Chapman pase en los próximos días a ser el relevista con más ponches propinados en la historia de las Grandes Ligas, también debería estar asegurando su boleto al Salón de la Fama.
Es cuestión de días
Aroldis Chapman en el Salón de la Fama es una gran posibilidad para el cubano en las Grandes Ligas
El de Holguín -al momento de escribir esta columna- estaba a apenas 15 abanicados de igualar la histórica marca de Hoyt Wilhelm. Pasarán días, sí, pero no muchos para que Chapman desplace al actual líder y coloque su nombre en la cima de un departamento reservado para lanzadores dominantes.
Chapman, hoy cerrador de los Boston Red Sox, tiene un promedio de 10.8 ponches por cada nueve entradas esta temporada. Su ritmo lo acerca al récord rápidamente, aunque también dependerá de que Boston le siga dando oportunidades para trabajar y así convertirse oficialmente en el rey del ponche entre los relevistas.
Liderar ese departamento sería, salvando las distancias, tan impresionante como los 5.714 ponches de Nolan Ryan. El legendario derecho, exaltado a Cooperstown en 1999, necesitó 5.386 episodios para alcanzar esa cifra, dejando un promedio de 9.5 abanicados por cada nueve innings.
Chapman, en cambio, ha construido su legado desde el bullpen. En su carrera acumula apenas 883 innings de labor y mantiene una media de 14.5 ponches por cada nueve episodios. Una cifra absurda incluso para los estándares actuales del béisbol.
Pero el caso de Chapman no se resume únicamente en números. Durante más de una década fue, probablemente, el relevista más intimidante de las Grandes Ligas. Su recta de más de 100 millas por hora dejó de ser una rareza para convertirse en costumbre. En una época en la que la velocidad comenzó a transformar el pitcheo, el cubano marcó una referencia desde el bullpen.
Chapman no solo acumuló rescates y ponches. También ayudó a redefinir el perfil del cerrador moderno. Su capacidad para dominar entradas cortas con pura potencia obligó a las organizaciones a buscar brazos similares y elevó la exigencia para quienes asumen el noveno inning. Durante años, enfrentar a Chapman en el cierre de un juego equivalía prácticamente a una sentencia.
Ahí es donde su caso para Cooperstown gana verdadera fuerza. Porque el Salón de la Fama no debería reservarse únicamente para quienes acumulan estadísticas históricas, sino también para quienes cambiaron la manera de jugar el deporte.
Sí, hubo altibajos. Sí, su carrera tuvo momentos polémicos. Pero cuando el debate se traslade exclusivamente al terreno, será difícil encontrar argumentos sólidos para dejar fuera al relevista más dominante de su generación y, posiblemente, al mayor ponchador que haya salido de un bullpen en la historia de las Grandes Ligas.
Cuando Chapman supere a Wilhelm, no estará rompiendo un simple récord. Estará tocando las puertas de Cooperstown.
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