La Habana.- Iván García
La pelota cubana espera por Barack Obama
La Habana.- Todo el talento de la isla observa y espera las decisiones que se tejen en Estados Unidos, pues cualquier cambio podría ayudar a que muchos consigan un contrato de Grandes Ligas con más facilidad
En el otoño de 2014, ya era habitual entre la fanaticada que asiste puntualmente al antiguo estadio del Cerro en La Habana, la presencia de scouts japoneses con cámaras de videos y pistolas para medir la velocidad de jugadores interesantes.
El año pasado firmaron a cuatro peloteros. Dos de ellos, Yulieski Gourriel, libra por libra el mejor jugador cubano, y Alfredo Despaigne, un poderoso jonronero de swing ultrarrápido, tuvieron números de excelencia en sus respectivas novenas de la liga nipona.
También firmaron a Héctor Mendoza, 20 años, un lanzador de la Isla de la Juventud que tiene un soplete en su brazo derecho. Mendoza puede tirar rectas de dos costuras a 96 millas. Posee una inusual bola quebrada y un cambio decente.
Ya este año, los nombres que aparecen en las libretas de notas de los asiáticos supera la decena de peloteros, listos para jugar en el primer nivel y probablemente el doble en ligas menores.
Pero cuando usted charla con una futura estrella del béisbol local sienten que Japón no es su sitio. Quince horas de diferencia, otra cultura y métodos de preparación extenuantes al cual no están acostumbrados los peloteros cubanos.
Los jóvenes talentos miran al norte. No solo por qué la MLB es la mejor liga del mundo y abundan los salarios de seis ceros. La proximidad a Cuba, costumbres, cultura y alimentación son compatibles.
Luego está la historia. Esos chicos crecieron viendo videos clandestinos de las mejores jugadas del paracorto habanero Rey Ordóñez; momentos cruciales en partidos de playoff de los hermanos Liván y Orlando "Duque" Hernández; hasta el cansancio miran los jonrones estratosféricos de José Abreu y se deleitan con el juego agresivo de Yasiel Puig.
Sus abuelos les cuentan de excelsos peloteros como Orestes Miñoso, Camilo Pascual, Atanasio Perez o Adolfo Luque que alguna vez brillaron en la Gran Carpa. Las leyendas beisboleras que conocen son las de Ty Cobb o el soberbio Babe Ruth.
Estados Unidos es su mercado natural. Siempre lo fue. Pero para que se vuelvan abrir las puertas de la MLB, aún habrá que esperar por el edicto político del presidente Obama.
Después que el muro de Berlín se hizo añicos y la estrafalaria ideología marxista dijo adiós en la antigua URSS, el Estado verde olivo regentado por Fidel Castro se quedó sin dinero suficiente para subvencionar el deporte de base.
Los niños y jóvenes entre 7 y 18 años que practican béisbol dependen del bolsillo de sus padres. Son ellos los que compran guantes, bates, spikes y sufragan el costo de los uniformes.
A precios de escándalo
Una pelota Mizuno cuesta 6 dólares en las tiendas por moneda dura. Un bate de aluminio ronda los 60. Y un guante de mediana calidad supera los 70 dólares. El equipamiento completo de un niño que practica pelota en ligas infantiles representa el salario anual de un profesional en Cuba.
Las condiciones están dadas para que el embargo en el terreno beisbolero cambie.
Ahora para llegar a la MLB hay que saltar la cerca. Abandonar el país en una embarcación, no pocas veces a merced de peligrosos traficantes de personas, que piden grandes sumas al pelotero por su salida.
Se ha montado una industria subterránea con los peloteros cubanos. Debido a la absurda política que mantuvo el gobierno de los Castro hasta 2013, los jugadores que deseaban firmar como profesionales solo tenían abierta la puerta del destierro.
Eso pudiera terminar. Si la Casa Blanca decidió flexibilizar el embargo en diversos sectores, no debe soslayar al béisbol. Políticamente, Estados Unidos gana más de lo que pierde.
Casi un centenar de beisbolistas de la isla están involucrados en organizaciones de Grandes Ligas. Para cumplir su sueño, ser peloteros libres y ganar salarios millonarios, en los últimos 20 años más de 400 peloteros debieron huir de alguna concentración de la selección nacional en el extranjero o arriesgaron su vida en un bote de motor.
Veamos los puntos a favor de autorizar a peloteros cubanos jugar en la MLB. Uno, el principal, no arriesgan sus vidas en embarcaciones precarias. Dos, desaparecen las extorsiones de bandas criminales. Tres, con los altos sueldos que ganan, ayudan a sus familiares en Cuba a mejorar su magro nivel de vida.
En contra existen varios acápites, pero son negociables. El régimen se beneficiaría de manera indirecta si José Dariel Abreu, Yasiel Puig u otros, gastaran en Cuba una parte de sus salarios millonarios: por carambola, a las arcas del Estado llegarían millones de dólares.
Un tema que las autoridades de la MLB pudieran demandar es el derecho de cada jugador a negociar directamente con sus organizaciones y con el representante que el pelotero escoja, y no con una institución de la Isla.
La MLB pudiera pactar un acuerdo con el INDER y remozar cientos de campos de béisbol, arrasados por la desidia estatal e instalar academias donde se adiestren a futuros prospectos.
Los chicos tendrían lo más avanzado en técnicas beisboleras y miles de jóvenes regresarían a la práctica de la pelota y labrarse un futuro diferente. Entonces, esperemos por Obama.
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