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AMÉRICA LATINA

Dictadura en Cuba presume de victoria militar contra Estados Unidos

Mientras el pueblo sufre falta de energía eléctrica, carburantes, alimentos y medicinas el régimen castrista desvía recursos para alimentar la maquinaria propagandista

Por IVÁN GARCÍA

ESPECIAL
@DesdeLaHabana

LA HABANA.- A partir de las 5 de la mañana del jueves 16 de abril, un tramo importante de calles en las inmediaciones del Cementerio de Colón, en la barriada habanera del Vedado, fueron cerradas. Horas antes, decenas de operarios de la empresa encargada de organizar eventos gubernamentales, daban los últimos retoques a la tribuna que presidiría el acto por el 65 aniversario de la proclamación del socialismo en Cuba por Fidel Castro.

A pesar de que el déficit de combustible en la Isla ha causado maratónicos apagones de 18 a 72 horas, y que un litro de gasolina se vende en el mercado informal entre 4.000 y 5.000 pesos (ocho y 10 dólares), la maquinaría de propaganda del castrismo funciona sin parar y sin límites de recursos.

Una persona que trabajó en los preparativos reveló a DIARIO LAS AMÉRICAS que “para organizar actividades políticas no falta el combustible. En esta ocasión, varios vehículos ligeros y camiones fueron movilizados. La tribuna se montó en la calle 12, de espalda a la entrada del cementerio. En la parte inferior, estudiantes de música tocaron sus instrumentos. En esos ‘guateques revolucionarios’ nada es improvisado".

Concluye la fuente: "Traen equipos de audio de última tecnología, los estudios fílmicos del gobierno tienen cámaras 8K y utilizan un dron en las imágenes aéreas. A los trabajadores nos dan merienda y almuerzo y nos recogen y llevan a nuestras casas en una guagüita. Son tantos los actos que montamos y desmontamos todo en pocas horas”.

Desde antes del amanecer, cientos de empleados estatales fueron trasladados hasta 23 y 12 en ómnibus y camiones. En furgonetas con los cristales tintados llegaron invitados extranjeros y dirigentes municipales del partido comunista. Los pesos pesados de la dictadura llegan minutos antes de que comience el evento en BMW o Mercedez Benz.

A las 5 de la mañana, oficiales de Seguridad Personal realizaron un chequeo para detectar explosivos en sitios abandonados y alcantarillas. Los francotiradores ya se habían situado en las azoteas de edificios altos cercanos. “Son protocolos establecidos. A los que van a estar cerca de los dirigentes se les revisa con equipos detectores de explosivos, armas de fuego o blancas. En otro anillo, que cubre un perímetro entre ocho y diez kilómetros a la redonda, agentes de la Seguridad del Estado, policías y cadetes de escuelas del MININT también vigilan el área”, señala un exoficial de Seguridad Personal.

“Durante el acto se cierra el espacio aéreo. Y activan en disposición combativa a la defensa antiaérea. Después de la muerte de Fidel, la Seguridad Personal no cuenta con tantos recursos y ha perdido profesionalidad. En la época de Fidel, en cada acto que participaba, en los tres anillos se llegaron a movilizar entre 5,000 y 10,000 hombres, dependiendo del escenario y el contexto. Ahora esa participación se ha reducido, pero aún se dilapidan recursos que el país necesita en otros sectores”.

Según la persona que trabaja en organización de ese tipo de eventos, “en actos donde se movilizan de 50,000 a 70,000 seguidores, se suele gastar entre 5 y 6 millones de pesos y miles de litros de combustible. Si las concentraciones son más grandes, pueden superar los 20 millones de pesos (unos 800.000 dólares según el canje oficial). En divisas también se dilapida una cantidad importante en combustible y otros recursos. El objetivo de esos actos es elevar la moral del pueblo. Repetir relatos y consignas que se fijen en la mente de los participantes”.

“Los funcionarios del DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria) y los principales directivos de medios oficiales, han recibido cursos y talleres sobre nuevas técnicas de información en Russia Today, un laboratorio desinformativo de primer nivel. La esencia de esa propaganda ya no es tanto adoctrinar, algo imposible con las nuevas tecnologías, si no reiterar la misma narrativa, distorsionar lo que sucede en Occidente, confundir y suavizar la realidad de Cuba. Por eso cuando ves la TV o lees periódicos cubanos, parece que vives en otro país”.

Para sostener ese discurso de continuidad política, hasta el cansancio se repiten frases y se muestran reportajes relacionados con el difunto dictador Fidel Castro en la prensa oficial. Y se intenta colar la narrativa que revolución y socialismo es sinónimo de cubanía y patriotismo.

Después de la captura del autócrata venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, los medios estatales han comenzado una brutal campaña desinformativa en un intento por contrarrestar, principalmente en las redes sociales, opiniones de una abrumadora mayoría de ciudadanos en la Isla y de compatriotas en el exilio.

Si usted revisa la prensa en Cuba, verá que los principales titulares intentan exaltar el patriotismo y hablan, un día sí y otro también, de la ‘preparación combativa del pueblo’ para enfrentar una supuesta invasión de Estados Unidos. De una forma vulgar se intenta cambiar la realidad. La muerte de 32 militares cubanos en Venezuela, que ejercían de guardia pretoriana de Maduro, la han utilizado para disfrazar una injerencia, que fue a cambio de dinero o petróleo, como una hazaña heroica al enfrentar en ‘desigual combate a las tropas usurpadoras’.

Los analistas políticos del régimen apenas han comentado el rol de lacayos de Delcy Rodríguez y su hermano, entre otros, quienes han dejado en la estacada a su aliado ideológico. Las noticias de negociaciones entre la familia Castro y el gobierno de Trump no se publican en Cuba. Silencio absoluto sobre la presencia de un avión del Departamento de Estado en La Habana, el pasado fin de semana.

El despliegue informativo lo dedican a las bravuconerías del grisáceo Díaz-Canel y de dirigentes que aseguran que, en caso de una agresión de Estados Unidos, las maltrechas fuerzas armadas con su doctrina de "la guerra de todo el pueblo", derrotarán ‘al imperialismo yanqui’. Ese doble discurso es una cortina de humo para encubrir las negociaciones y vender la narrativa, en el plano interno, que el régimen no va a ceder su soberanía ni sus principios por la ‘hostilidad de Trump’, cuando la realidad parece decir todo lo contrario.

Acerca del porqué de esa propaganda contradictoria hay diversas razones. La principal: presionar a la Casa Blanca para que acepte cambios solamente en el aspecto económico y mantener el estatus quo.

Según rumores provenientes de las alcantarillas del poder, la dictadura verde olivo ve con buenos ojos un esquema parecido al de Venezuela. Otro argumento es que la actual dirigencia, al parecer, está fuera de esas conversaciones. Y que los Castro negocian por su familia y su patrimonio, pero no a nombre del gobierno. Aunque Díaz-Canel y sus compinches no tengan el poder real, tienen bajo su mando a las fuerzas de seguridad y a oficiales del ejército que dirigen unidades de combate.

Más que una posición de fuerza, desde la perspectiva popular, es un intento por llamar la atención y que la Casa Blanca les abra un espacio en esa supuesta mesa de negociaciones. No van a aceptar, de momento, una capitulación y quedar expuestos a futuros reclamos judiciales por violación de derechos humanos. Buscan inmunidad legal y probablemente también dinero.

La actual camada de dirigentes no ha podido robar miles de millones de dólares, como la familia Castro. Siempre han cumplido sus órdenes. Y ahora, de cierto modo, se sienten traicionados por parientes de Raúl Castro, el auténtico poder real en Cuba, que no ha abierto la boca. Algunos creen que Raúl mentalmente está incapacitado, debido a su edad, 94 años. Otros, que estaría esperando a ver cuáles fichas movería.

De momento, es la población la que está pagando ese juego de tronos. Apagones extensos, déficit de agua, gas licuado, medicamentos, transporte y una inflación desquiciante que devalúa el peso cada semana. El 70% de la población, de acuerdo con investigaciones independientes, come poco y mal una vez al día.

Mientras Díaz-Canel daba su anodino discurso en la tribuna ubicada en la calle 12, a pocos metros del Cementerio de Colón, Arsenio, sepulturero, después de cavar una fosa común, se sentó a un costado de la capilla de la necrópolis y de un pomo plástico se empinó un trago de ron casero. Muy cerca de ahí, hace unos días, la periodista independiente Camila Acosta descubrió cientos de cráneos y osamentas insepultas.

Arsenio no se asombra: “En el cementerio se roban la ropa de los difuntos y se venden desde las lápidas de mármol de las bóvedas hasta huesos humanos que utilizan los religiosos paleros. Los muertos también son un negocio en Cuba”.

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