lunes 13  de  abril 2026
DESDE LA ISLA

Cubanos viven una auténtica pesadilla sin agua, medicamentos y apagones de varios días

La pregunta que se hacen muchos en la Isla es hasta cuándo los cubanos podrán soportar seguir viviendo en condiciones extremas

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

En algún momento del otoño de 2025, Luis Ángel, 63 años, comenzó a perder peso, sufrir fuertes dolores abdominales y sangramiento intestinal. En el cuerpo de guardia del hospital Calixto García, en la barriada del Vedado, le diagnosticaron chikungunya, una virosis trasmitida por el mosquito Aedes Aegypti.

“No le hicieron pruebas de laboratorio porque no había reactivos. Y los equipos de ultrasonido no estaban funcionando. Solo le mandaron tomar mucha agua, paracetamol cada ocho horas y descansar el mayor tiempo posible”, cuenta su esposa.

Luis Ángel, un técnico medio de la construcción que ejerce como albañil privado, “pues el salario de cinco mil pesos no me alcanza ni para pagar el consumo eléctrico de la casa”, no se preocupó demasiado.

“Fumaba dos cajetillas de cigarros al día. Pensé que por ese motivo había bajado de peso. Pero el sangramiento y los dolores continuaron. Un especialista médico que conozco, tras regalarle 20 dólares, me resolvió un turno con una oncóloga. Me descubrieron un cáncer que ya estaba haciendo metástasis”, revela.

La doctora le habló con franqueza. Llevando una vida sana, alimentación balanceada y una medicación adecuada, lo mismo podría vivir cuatro años que fallecer en los próximos meses.

“Pero ni en el mercado informal ni en las farmacias por dólares había medicamentos de última generación para el tratamiento. Estos descarados (los gobernantes) alardean de que producen fármacos avanzados contra el cáncer y en su propaganda asquerosa culpan al bloqueo -embargo- de Estados Unidos de que los ciudadanos de ese país mueren por no tener acceso a esos medicamentos cubanos”, expresa la esposa de Luis Ángel.

“Puro cuento. A la hora de los mameyes, esos supuestos medicamentos no los encuentras en ningún hospital ni siquiera pagando en dólares en las farmacias internacionales. Gracias a nuestros dos hijos que viven en Estados Unidos, se pudo adquirir el tratamiento completo. El fármaco no te garantiza que puedas detener el cáncer, pero al menos te da la opción de enfrentarlo”, indica.

Además de su precario estado de salud, Luis Ángel tiene que soportar apagones diarios entre 15 y 20 horas, estirar el dinero y poder comprar los alimentos más sanos, caminar varios kilómetros o debido a la crisis del transporte, pedalear en una vieja bicicleta cuando necesita trasladarse a la ciudad, y hace casi dos semanas que no entra ni una gota de agua en su edificio.

La pasada semana, los apagones en La Habana superaron las 25 horas en diversas zonas. Y en barrios del municipio de San Miguel del Padrón, al suroeste de la capital, dice Dania, profesora de piano, “por culpa del incendio de una subestación eléctrica hemos tenido apagones de hasta 48 horas".

Pero los apagones son uno entre muchos problemas. "Las calles están destrozadas. Hace veinte días estamos sin agua. La empresa Aguas de La Habana prometió una pipa (camión cisterna) diaria. Pero es mentira. Siempre te marean la perdiz con que no tienen combustible o los carros están parados por falta de neumáticos o baterías. Con dinero aparecen. Los vecinos hemos pagado hasta 27 mil pesos (55 dólares) por una pipa”, cuenta Dania.

Según las autoridades de la capital, el déficit de agua afecta a más de 200 mil habaneros. Argumentan que las causas son los apagones que provocan roturas en los motores propulsores del preciado líquido hasta la ciudad. Un ingeniero hidráulico de Aguas de La Habana asegura a DLA que “el gobierno está jugando con fuego por su negligencia y pésima gestión de estos servicios esenciales. Desde hace más de cinco años se hizo un proyecto destinado a independizar de la red eléctrica nacional los principales acueductos del país, utilizando grupos electrógenos y fotovoltaicos".

"Cada fuente de abasto cuenta con plantas eléctricas de fueloil o diésel. Pero los trabajadores se roban el combustible o canibalizan los equipos y venden las piezas en el mercado negro. Hace dos años, el gobierno dijo que se habían comprado bombas propulsadas por paneles solares, para que en caso de apagón o eventos meteorológicos, no se parara el bombeo de agua en La Habana. Todo se ha quedado en promesas. Como siempre”.

“Ahora, debido a los apagones, al desconectarse los motores ocurre un fenómeno llamado 'golpe de agua', que ocasiona roturas en los equipos de propulsión y en las conductoras. Ocurre por irresponsabilidad y falta de coordinación de los directivos. Es muy fácil cuadrar con la empresa eléctrica para que en los horarios de bombeo de agua no quiten la electricidad. O poner esos acueductos en circuitos priorizados igual que los hospitales y otros servicios de primera necesidad”.

“Esa mala gestión genera un amplio descontento en la población. Hay zonas de la ciudad que hace tres semanas no reciben agua. El gobierno y sus diferentes instituciones no han sabido administrar los servicios básicos en el país. Ninguno funciona”, concluye el ingeniero hidráulico.

Fuera de la capital, los apagones son aún más extensos y el déficit de agua más prolongado. Yeidys, 39 años, reside con sus tres hijos y su madre en la zona montañosa del municipio Cumanayagua, Cienfuegos, comenta que “desde hace cinco años sufrimos larguísimos apagones. Al principio eran de ocho horas, luego pasaron de 15 a 20 horas. El año pasado tuvimos dos y tres días seguidos sin luz. Y desde hace dos meses lo normal es que en una semana, solo tengamos cuatro o cinco horas con luz”.

“Tengo que cocinar con leña, lo cual provoca crisis de asma en mi hijo pequeño y alergia en los ojos al mayor. Desde 2019, sin previo aviso, cerraron el puesto médico. El policlínico más cercano queda a ocho kilómetros. Está pelado, no hay ni boquillas para darse aerosol o una duralgina que te baje la fiebre. Por estos lares es más fácil ver a Cristo aparecer que ver un camión o una guagua del transporte rural".

"A un enfermo de urgencia hay que llevarlo al médico en una carreta tirada por un caballo, lo mismo si alguien muere. El agua la acarreamos del río. Un aparato de asma puede costar 3 mil o 4 mil pesos, si aparece. Cuando la gente se enferma, suele ir a un curandero. Los tratamientos son a base de medicina verde. Gracias a Díaz-Canel, hemos retrocedido de la modernidad a la edad de piedra”, se queja Yeidys.

Norlen, vecino de Santiago de Cuba, a más de 950 kilómetros al este de La Habana, asevera que ya “son normales los apagones de 20 horas y la distribución de agua potable cada 30 o 40 días. La gente tiene sus casas repletas de tanques y recipientes, no siempre bien cubiertos, lo que provoca enjambres de mosquitos que generan virus. Es un círculo vicioso, porque cuando te enfermas debes gastar miles de pesos en comprar medicinas por la izquierda. Los hospitales y farmacias no tienen ni espadrapo”.

La escasez de agua ha causado el alza de precio en un negocio local conocido como 'aguateros'. En La Habana, llenar dos tanques de 55 galones puede llegar a costar “500 pesos por cada tanque o 900 por los dos”, dice, Reinier, un señor que traslada en una carretilla dos enormes recipientes plásticos de color azul con mil quinientos litros de agua que después vende por distintos barrios.

“A veces tengo que caminar 20 o 25 kilómetros desde donde cargo el agua hasta una vivienda. Los dueños de cafeterías y paladares pagan mucho más. A mis clientes les cobraba 400 o 500 pesos por llenarles un tanque, pero ya el precio ronda los mil pesos por tanque”, explica Reinier.

Norlen asegura que en “Santiago de Cuba los que se dedican al negocio traen el agua en carretas y te cobran lo que les da la gana. Saben que se puede vivir sin electricidad, pero no sin agua. Al final, o pagas, o como muchos en el barrio, se dedican a perforar pozos o consumen el agua de fosas improvisadas arriesgando su salud”.

Viviana, residente en el poblado Boca de Camarioca, Matanzas, alega que “los apagones son tan prolongados que ya olvidé la última vez que vi televisión. Cuando nos ponen la luz, una o dos horas, después de un día y medio sin electricidad, la prioridad es hacer la comida. El agua potable no entra hace un mes. Pero es el menor de los problemas: la gente va a la costa y coge agua de mar. Por necesidad hemos aprendido a desalinizarla”.

La pregunta que se hacen muchos en la Isla es hasta cuándo los cubanos podrán soportar seguir viviendo en condiciones extremas. Todos creen que algo va a suceder. Una negociación del régimen con Trump o que la feroz crisis económica provoque el colapso final de la dictadura. Mientras, la situación empeora cada día.

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