A finales del siglo pasado, en octubre de 1995 para ser preciso, comencé a publicar en El Diario Las Américas una columna semanal titulada “Hoy… en Bienes Raíces”, respondiendo así a una invitación formulada, en aquel entonces, por el señor José Yuste. Lo que pensé iba a ser cosa de un año aproximadamente, se extendió hasta octubre de 1998; momento en que mi columna cambió de título a “Bienes raíces” y comenzó a publicarse, todos los sábados, en El Nuevo Herald, en el cual se mantuvo por dieciocho años, hasta el pasado mes de mayo.
De regreso a casa
Durante los veintiún años que llevo escribiendo esta columna enfocada en los bienes raíces y en el impacto de esta industria en la economía, la misma ha sido publicada, simultáneamente, en otros importantes periódicos dirigidos a lectores de habla hispana en los Estados Unidos de América, tales como La Opinión, de los Ángeles (2000-2008), y El Nuevo Día, de Puerto Rico (2002-2006), además en algunas revistas especializadas en el ramo de las finanzas y la construcción.
Ahora, algo más experto en estos avatares de la economía y con setenta años de experiencia de vida -que a veces pesan, pero que sí cuentan-, regreso a mi primera casa editorial con esta columna titulada “Bienes raíces y más…”
Al igual que yo son muchos los que han pensado en regresar a sus respectivos lugares de origen, luego de haber caminado el tortuoso camino de la existencia, buscando paz y tranquilidad, entre los suyos, en la seguridad de una independencia económica ganada a sangre, sudor y lágrimas.
Quizá la pequeña diferencia entre los que así han decidido actuar y yo, es que antes de dar el paso decisivo he inspeccionado la calidad de mi nueva casa, he comprobado lo ancho de sus nuevas ventanas digitales para con el Universo y las posibilidades de poder llegar a infinidad de nuevos lectores, sin abandonar los actuales; sin embargo, por experiencia sé que la mayoría de aquellos que deciden regresar a los lares que le vieron nacer no hacen un estudio riguroso del terreno antes de dar el salto definitivo y luego suelen lamentarse por la falta de precaución.
Cambiar de habitat es más fácil para los animales irracionales que para nosotros. Los hábitos y conducta de los humanos suelen fijarse en los cromosomas de nuestro ADN, y transforman nuestros gustos y costumbres de forma definitiva, para convertirlos en necesidades.
Es por ello mi recomendación de hacer una visita al sitio escogido y pasar en el mismo unas semanas. Una vez allí frecuente los lugares que a usted le parezca van a ser necesarios para desarrollar su diario vivir en ese lugar. Analice el clima y visite iglesias, mercados, tiendas, parques, restaurantes, lugares de recreación, hospitales y farmacias, y así podrá considerar si podrá adaptarse a vivir en su nuevo hogar.
De tener amigos y familiares viviendo en el área, no deje de visitarlos. Las personas suelen cambiar con los años y no ser los mismos que dejamos atrás.
Yo me siento feliz regresando a casa, y les invito a ustedes a que la compartan conmigo.
- A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración.” tony@ruanobrokers.com
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