Estados Unidos ha aumentado su deuda en 74 ocasiones desde 1962. Hasta el 2019, antes de la pandemia, más del 46% del gasto del gobierno estadounidense se hacía con dinero prestado. Ese balance subió notablemente en el 2020 cuando por causa de la pandemia de COVID-19 la economía de la primera potencia del mundo prácticamente se paralizó por casi tres meses junto al resto del planeta.
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La deuda pone a EEUU en compleja situación estratégica
Una rápida recuperación que comenzó a finales de julio de ese año impulsó casi todos los sectores con una reapertura parcial, gracias a decenas de medidas de emergencia aplicadas por la administración del expresidente Donald Trump.
Entre los 6 billones de dólares que el gobierno federal destinó a enfrentar la pandemia y sus efectos en el 2020, hubo cuatro grandes inyecciones directas de liquidez al sistema financiero norteamericano, se aplicaron restricciones a los bancos para proteger su capital y se estimularon con más de 3 billones de dólares las grandes empresas como las aerolíneas, los pequeños y medianos negocios. La Reserva Federal bajó las tasas de interés a 0 y 0.25% para mantener el atractivo de las inversiones foráneas y su confianza en la economía más sólida estructuralmente del mundo.
Todo lo anterior se convirtió en un vital salvavidas para la supervivencia de EEUU como nación y sostuvo la esperanza de un crecimiento, a pesar de la peor pandemia en la era moderna. Pero... a un alto costo y consecuencias para el futuro. No obstante, la estrategia fue salvadora y justificada.
El cambio no deseado
Con la llegada del presidente Joe Biden el 20 de enero a la Casa Blanca, el titular del Gobierno y la extrema izquierda del partido demócrata optaron por continuar con el caudal de dinero y los estímulos federales, a pesar de que el país se encontraba en una fuerte recuperación y la pandemia cedía terreno de forma considerable en comparación con sus primeros cuatro meses.
Diversos estados, la gran mayoría gobernados por demócratas, se declararon nuevamente en emergencia sanitaria y exigieron más fondos a su partido en el poder. Se aprobaron entonces dos paquetes, uno de 900.000 millones de dólares a finales de diciembre con el rechazo de la mayor parte de los republicanos y otro en marzo del 2021 de 1,9 billones de dólares. Ambos recibieron contundentes críticas de expertos y congresistas conservadores por considerarlos "innecesarios y parte de una agenda partidista irresponsable".
La deuda se ubicó en 29 billones de dólares, sin incluir la nueva Ley de Infraestructura de $1,2 billones y la propuesta de ley de gasto social por aprobarse en el Senado por $1,87 billones.
Estas son algunas de las razones de por qué en octubre se hizo un aumento de urgencia del límite de la deuda estadounidense y ahora viene en camino otro, sin el voto de los republicanos.
El Congreso aprobó un aumento de la deuda de 480.000 millones de dólares en octubre; suficiente para que el Tesoro financiara las operaciones del gobierno hasta el 15 de diciembre, según la secretaria del Tesoro, Janet Yellen.
Las reacciones
Los republicanos advirtieron que no votarán por ningún incremento futuro del techo de la deuda para garantizar que el gobierno federal pueda cumplir con sus obligaciones financieras, por lo cual la medida tendría que ser aprobada por la mayoría demócrata en ambas Cámaras del Congreso.
El presidente Joe Biden, quien abogó en su campaña electoral por la unidad y el bipartidismo, pidió a los republicanos que “se aparten del camino” si no van a ayudar a los demócratas a asumir la responsabilidad de la deuda. No es la primera vez que lo dice, lo ha manifestado varias veces. Los demócratas ya han pasado en el Congreso varias resoluciones importantes en ambas Cámaras, gracias a un recurso de emergencia en tiempo de crisis que les permite seguir adelante con una simple mayoría.
El incremento del límite de la deuda de EEUU, que deberá hacerse para evitar que Washington caiga en un impago y cierre inmediato con serias consecuencias, es casi un [chantaje] después de un derroche del dinero de los contribuyentes en estímulos económicos innecesarios por parte de la administración Biden, que parece actuar más por revancha política contra Trump que con sentido común y responsabilidad. "Si tú gastaste, pues ahora nos toca a nosotros" supone ser la tónica del actual gobierno, cuyo respaldo ha caído entre un 30% y 38%, según encuestas.
La pandemia, que parecía dejarnos un hoyo profundo pero reparable con una recuperación esperanzadora, se ha combinado con la ineficiencia de la Casa Blanca que ya no se divisa tan blanca, sino gris y desajustada; con alarmantes grietas que se abren y no se cierran. Y así, en el peor momento, los demócratas de manera unipartidista subirán el límite de la deuda, gracias a la condena financiera en el presente y futuro a los contribuyentes estadounidenses.
Algunos expertos conservadores y otros analistas independientes, que hasta ahora han acertado en sus predicciones económicas, vaticinan que el 2021 regalará una inflación por encima del 7%. La secretaria del Tesoro, Janet Yellen y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, pronosticaron un nada preocupante 2%. Quizás por eso, el banquero Powell fue reelecto para otro período de gestión propuesto por el presidente Biden.
La alerta inusual del FMI
La preocupación por la inflación de EEUU es tan visible que el Fondo Monetario Internacional (FMI) hizo una inusual advertencia a la Casa Blanca.
"La Reserva Federal estadounidense (Fed, Banco Central) debería reducir más rápido sus compras de activos para abrir la puerta al alza de tasas de interés más temprano en el 2022, en vista de los aumentos de precios que podrían ser duraderos en EEUU, consideró el FMI.
Este tipo de recomendaciones directas en política monetaria es poco habitual por parte del Fondo Monetario Internacional, un indicativo de la gravedad del asunto.
La deuda de EEUU se dirige hacia un laberinto cuando la Reserva Federal reduzca la venta de bonos del Tesoro, la vía más rápida de amortización, mientras persisten más de 10 millones de puestos de trabajo sin cubrir y el gobierno afirma que la tasa de desempleo bajó a 4,2%.
La crisis de las empresas de no encontrar empleados sigue en ascenso en vez de disminuir, debido también a los mandatos obligatorios de vacunación contra el COVID-19 y sus variantes, ordenados por Biden. Las alzas salariales formuladas por las compañías para atraer personal se han diseminado entre los altos precios de los productos de consumo y combustible. Lo que debería ser una noticia alentadora para los trabajadores se ha convertido en un boomerang y un elemento adicional a la alta inflación que de 6,2% pasó en noviembre a 6,8%.
Al mismo tiempo, ciudades como Nueva York, gobernadas por demócratas radicales, han impuesto un [régimen de vacunación obligatoria general] -impulsado por Biden- que ha causado miles de despidos en el sector público y se adelanta que en el privado ocurran decenas de miles, a pesar de una legislación bipartidista aprobada en el Senado de EEUU contra esa controversial imposición y que Biden ya dijo que no firmará.
Lo mismo sucede en varios estados dirigidos por esta corriente de extremismo de izquierda en busca de protagonismo, pero el dictamen de cinco cortes federales mantienen ahora un freno a la vacunción forzada. e
A los viajeros por avión que llegan desde el exterior se les exigen vacunas y pruebas anticovid, mientras que los visitantes que entran por carretera a través de las fronteras de México y Canadá, [no]. El razonamiento lógico y prudente en la actual administración se ha disipado mediante decenas de medidas contraproducentes, que a su vez han generado inconformidad e incertidumbre sobre el presente y el futuro inmediato de EEUU.
Regulaciones similares contra el petróleo bajo la bandera idílica de las energías limpias y otros sectores han desestabilizado el encomiable ritmo que llevaba la economía estadounidense.
El descalabro de las políticas de la Casa Blanca
La inminente subida de las tasas de interés para intentar paliar la inflación tampoco llegará en un momento oportuno en el 2022, cuando la economía se encuentra en un proceso de [desaceleración], el otro término que junto al de [recesión] tienen proscritos los medios liberales de prensa en EEUU para encubrir los desaciertos de la actual administración.
La abultada deuda se une a las crisis creadas por Washington en menos de un año de gobierno: dependencia energética exterior, gastos exorbitantes en la frontera sur; derroche de dinero en ayudas federales, cuyo resultado ha sido devastador; los altos precios e inflación, amenazas de fomentar una nueva guerra en Ucrania y Taiwan con movimientos costosos de tropas; el hervidero de terrorismo en Afganistán, disputas diplomáticas con aliados como Francia e Israel; cero acuerdo nuclear con Irán; etc.
El senador cubanoamericano por Florida, Marco Rubio, definió semanas atrás el trabajo de Biden como una imposición de la locura, alejada de la razón, de la cordura y de la realidad de EEUU. Otros representantes republicanos, al igual que Rubio, ya descifraron la plataforma socialista en la Casa Blanca.
En medio de un descalabro de respaldo a su gestión, los asesores del presidente Biden le recomendaron cambiar el slogan de la Ley de Infraestructura y ahora se llama "Construyendo un Mejor EEUU". Además, se quejan de que hasta los medios liberales están siendo duros con el presidente Biden. Lo cierto es que el gobierno en Washington se esfuerza en justificar cada una de sus políticas de complacencia con la extrema izquierda.
No solo la deuda y los altos precios preocupan a los estadounidenses. La estrecha alianza de esta administración con el ala radical de su partido ha puesto en una situación estratégica muy peligrosa a EEUU frente a sus adversarios políticos y económicos. El freno y un nuevo rumbo pueden surgir en noviembre del 2022, si los [nuevos demócratas] pierden el control de ambas Cámaras del Congreso.
lmorales@diariolasamericas.com
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