Las estafas y los precios desorbitantes por Internet al comienzo de la pandemia en Estados Unidos obligaron a las autoridades federales a emitir una alerta sobre investigaciones y medidas severas contra empresas y personas que se aprovecharan de la crisis sanitaria con una subida estrepitosa del valor de los productos de primera necesidad.
¿Subirán los precios tras el regreso a la "normalidad"?
Mariela Veitía, vecina de Miami, se sorprendió ante el precio de los huevos de gallina al comienzo de la pandemia, la subida en varios mercados fue de casi el doble.
Hubo denuncias de consumidores y respuestas, aceptables o no, de algunos mercados.
Estas denuncias y el anuncio de sanciones contra exageradas alzas en los precios pudo contener una tendencia considerada normal en tiempos de crisis para la economía local.
La fiscal estatal Katherine Fernández-Rundle afirmó que los supermercados de Miami-Dade podían elevar el costo de sus productos “sin llegar a niveles abusivos”, durante la emergencia sanitaria de coronavirus.
“Los supermercados pueden aumentar sus precios si el que ellos pagan sube, pero tiene que ser un incremento que no sea abusivo, comparado con el precio de productos durante los últimos 30 días”, indicó la fiscal.
En marzo, el índice de precios subió un 2%, catalogado como normal, pero a partir de finales de abril y mayo la cifra podría ser mayor.
Los clientes se quejan
Según la oficina de la fiscalía estatal, se han recibido más de 300 quejas de alzas de precios desde que fue habilitada una línea para denuncias. En su mayoría, el incremento se centra en los supermercados.
Publix afirmó a Telemundo 51 que "cuando los clientes ven un aumento en los precios, es porque el costo asociado con el artículo ha aumentado. Debido a la pandemia, hemos agregado algunos proveedores de servicios de alimentos", explicaron ejecutivos de la cadena de supermercados.
Por otra parte, Winn-Dixie dijo tener "controles rigurosos a nivel corporativo para garantizar que nuestros productos tengan un precio justo", mientras Sedano’s explicó que “ha tenido que pagar costos más altos por los productos… Nos tomamos muy en serio las acusaciones de manipulación de precios, y afirmamos que esta práctica no ocurre en nuestra empresa".
Mientras esté vigente la restricción sanitaria, el alza indiscriminada de precios será considerado "un delito criminal", han reiterado las autoridades a nivel local y estatal.
Hasta aquí, todo parece funcionar “a favor” de los consumidores, y se percibe cierta vigilancia sobre el abuso de precios bajo las restricciones de una emergencia nacional por el coronavirus.
Después del regreso a la "normalidad"
¿Qué pasará cuando el gobernador de la Florida, Ron DeSantis, decida regresar a la “normalidad”, cuando las empresas comiencen a tratar de recuperar las pérdidas?
Estados Unidos se encuentra casi paralizado desde hace más de tres semanas. Las grandes compañías estadounidenses que funcionan en estos momentos lo hacen a un 60%, debido a las medidas asumidas tras la propagación de la pandemia y su impacto en la economía.
Miles de pequeñas y medianas empresas fueron obligadas a cesar sus operaciones durante semanas por las autoridades estatales y federales, y aún la fecha de apertura es incierta. El fondo aprobado de más de 350.000 millones de dólares para beneficiar a este importante sector ya está agotado. Ahora el Congreso debate otro monto para el mismo propósito.
Como sucede casi siempre, la extensa cadena de reducción de ganancias y el costo que cada crisis supone para las compañías, termina finalmente en el consumidor. El que produce sube sus tarifas, el que distribuye aumenta sus importes, el que transporta sube sus precios y, como consecuencia, el comprador paga más por las mercancías; finalmente, el cliente lo salda todo. Así funciona la economía.
“¿La gente cree que los precios se van a mantener así? Después de esta debacle económica, las cosas empeorarán para quienes vivimos de un salario, ya de por sí bastante bajo”, opinó Julio César, un trabajador de almacenes en Doral.
Su compañero Osvaldo, respalda ese criterio y agrega. “Mira, hermano, aquí cada compañía va a recuperar su billete a costa de lo que sea, pero nosotros nos hundiremos aún más en el pozo que ya estábamos antes del coronavirus. Si antes el salario apenas alcanzaba para vivir al día, a partir de ahora la cosa se pondrá peor para la gente que trabaja”, comentó alarmado.
Julio César y Osvaldo resumen a modo popular el pensamiento de cientos de miles de empleados en la Florida, cuyo confinamiento les ha dado la oportunidad de no contagiarse ni contagiar a otros, pero la preocupación y la falta de fondos para cubrir sus necesidades básicas los tiene al borde del estrangulamiento emocional y financiero.
En el sistema capitalista de economía de libre mercado, la oferta, la demanda y la competencia funcionan como reguladores tácitos. La historia demuestra que después de las crisis económicas y las catástrofes los precios tienden al incremento, pero la amarga experiencia indica también que luego no bajan.
Los estragos de la pandemia
El presidente de la Reserva Federal (Fed), Jerome Powel, consideró hace días que la economía estadounidense tendría un repunte positivo mucho antes de lo que vaticinan economistas a nivel global. Su declaración se basa en las estadísticas económicas antes de la crisis sanitaria; los niveles saludables que tenía la economía apenas semanas atrás.
Si el pronóstico del señor Powell es acertado, la situación se tornaría menos cruel para todos en el país. Sin embargo, en las frías cifras de la Reserva Federal no aparece reflejado el daño psicológico y emocional del COVID-19, sí en una reciente encuesta citada por la agencia AFP que revela que la tensión creada por el coronavirus, supera a la del terrorismo. Ese factor obstaculizaría en buena medida una recuperación rápida, en especial en Florida, un estado que depende del turismo y donde más de 300.000 trabajadores vinculados solo al funcionamiento de los hoteles podrían estar ya desempleados, revela un estudio de la firma británica Oxford Economics.
De hecho, más de 22 millones de personas han solicitado beneficios por desempleo en EEUU debido al coronavirus, y la cifra se dispara cada semana. Muchas personas que se encuentran desempleadas no aplican para ayudas, por lo que la cifra es sólo un indicador general, no exacto del desempleo. Se espera que las estadísticas ronden el 20% de la población laboral al final de la crisis sanitaria.
A diferencia del 2008, la recesión ahora a nivel mundial solo se compara con la Gran Depresión en 1930, según estudiosos. El mundo está paralizado desde hace semanas y Europa, desde casi dos meses.
La economía no funciona como un auto que se enciende y comienza a rodar cuando se libera el freno. Cualquier economía como promedio tarda entre dos y tres años en salir de una crisis regular, y esta es una pandemia económica global.
Las ayudas serían insuficientes
La puesta en marcha de un paquete de estímulo económico sin precedentes en la historia de EEUU no garantiza por sí mismo una pronta y solvente salida de esta recesión. Por eso el Fondo Monetario Internacional pronostica una caída del 6% del Producto Interno Bruto en el país, un nivel de gran recesión. Lo que sí es una garantía es que las empresas tratarán de recuperar sus pérdidas lo antes posible, con estrategias no muy afables con empleados y consumidores.
Lo que vemos hoy en el precio de la gasolina es el resultado de un conflicto entre Rusia y Arabia Saudita que ha desestabilizado el mercado del petróleo, unido a los efectos de un confinamiento que ha pulverizado el consumo de combustible a cifras impensables, elementos que ayudan calificar ese supuesto alivio de los precios de la gasolina como un espejismo.
Tanto la producción agrícola como industrial sufren en la actualidad un deterioro considerable que se manifiesta en la economía de EEUU.
La Reserva Federal reportó que la manufactura se contrajo en 6.3% el mes pasado, principalmente por el cierre de las fábricas de vehículos. En total, la producción industrial –incluyendo fábricas, servicios y minas– cayó 5.4%, la peor contracción desde 1946, muy por encima de lo anticipado por economistas.
América Latina podría suplir esa escasez temporal, pero Brasil, Perú, Ecuador y Argentina sufren ahora el embate de la pandemia. Es decir, si usted es de los que practica el optimismo como forma de vida, permítame sugerirle que se prepare para un escenario muy difícil después de un regreso a la “normalidad”.
Quienes cuenten con una reserva financiera suficiente para soportar esta caída, serán afortunados; la mayoría de quienes residen en EEUU deberá enfrentar una segunda pandemia: pérdidas de empleo, nuevas reducciones salariales, alza de precios de la canasta básica y el incremento general del costo de la vida, ya de por sí muy alto, antes de la propagación del nuevo coronavirus chino.
lmorales@diariolasamericas.com
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